Redacted – Brian De Palma (2007) – II

30 Diciembre 2007

Precedida de un trailer que explota la polvareda levantada por el film entre los medios de comunicación conservadores de los EEUU, y estrenada en el último festival de Venecia, donde obtuvo el León de plata para su director, Redacted llega inmersa en la avalancha actual de títulos sobre la guerra de Irak. A estas alturas, cuando ya ha abandonado las pantallas de cine, son de sobra conocidos sus méritos y peculiaridades (se basa en un hecho real, (la violación de una menor y su posterior asesinato y el de su familia por tropas estadounidenses en Mahmudiyah, Irak, en 2006) y emplea en su narración una forma pseudocumental y variados formatos).

Por su similitud temática con Corazones de guerra (Casualties of war, 1989), donde De Palma ya abordó la violación de una civil en tiempo de guerra por un grupo de soldados, (aquella vez en Vietnam y también basado en un hecho real), y los problemas que esto ocasionaba a uno de los miembros del pelotón que no participaba en el latrocinio, la realización de Redacted, casi veinte años después, permite interrogarnos sobre la  oportunidad y pertinencia de un nuevo acercamiento al tema; así como considerarla una variación sobre el particular y por tanto su actualización y puesta al día.

Redacted

En la guerra de Irak y “contra el terrorismo” se han cometido y se cometen demasiadas tropelías -Abu Ghraib, Guantánamo, secuestros, torturas, matanzas indiscriminadas, abusos- por parte de supuestos países civilizados como para no ser objeto de reflexión, o al menos de denuncia, a través del cine. En tanto que la guerra desata en el hombre, hoy supuestamente más evolucionado, los peores instintos, de forma que una y otra vez reproduce las mismas conductas bárbaras, la propia gravedad e injusticia del tema tratado nos lleva a coincidir con De Palma en la pertinencia de cuantas reiteraciones y recordatorios sean menester. El propio De Palma ha manifestado al respecto: “creo que las tropas deberían salir de allí cuanto antes” -La Vanguardia 16/11/07-. Para confirmar lo certero del film en este aspecto y que los tiros no andaban muy desencaminados (al menos para el umbral de tolerancia estadounidense) baste considerar la recepción crítica que tuvo en los medios conservadores de los EEUU, (críticas que, irónicamente, se han reciclado como recurso de marketing para publicitarla en Europa), y la polémica sobre su montaje final (De Palma perdió este derecho a manos de la productora y las fotos finales fueron censuradas -El País 20/10/07-).

Como actualización de Corazones de guerra, antes debemos recordar que De Palma siempre ha sido un esteta cinematográfico, un director más preocupado por la forma, el estilo, que por el fondo; y esta película es un claro ejemplo de ello desde los impactantes títulos de crédito iniciales, donde se nos informa de que se basa en un hecho real, a los finales, antes de los cuales se suceden terroríficas fotografías censuradas de víctimas iraquíes reales (recurso este de las fotografías que ha sido empleado últimamente en Dogville (2003), Manderlay (2005) y Banderas de nuestros padres (2006)). Por ello, y en perfecta consonancia con los tiempos esencialmente visuales que vivimos, no nos puede extrañar que la relectura de Corazones de guerra (y en contraposición con su “narración clásica”) se caracterice por la preponderancia de lo visual. Veinte años después constatamos como “la imagen” se ha convertido en protagonista, reina indiscutible de la narración. Tal es así que, como señalamos arriba, una de las señas de identidad de la película es que está rodada empleando un collage de diferentes formatos de imagen con diversos orígenes, (la grabación por parte de un soldado, cámaras de seguridad, un presunto documental francés, noticieros, vídeos de youtube, videoblogs, etc). Más aún, el empleo de estos formatos, con sus correspondientes códigos, supone un reconocimiento explícito de la fragmentaridad actual del discurso audiovisual y de la multiplicidad de “pantallas” y canales que lo conforman; poniendo de relieve la (aparente) convivencia de discursos, a la par que la fragilidad del discurso dominante (a pesar del periodismo “incrustado” y la omnipresencia de los medios de comunicación masiva) y la potencialidad y emergencia de los discursos individuales.

Reparto

 

Lo cierto es que la verosimilitud de la obra se ve socavada porque De Palma no sabe, o no está dispuesto a llevar la coherencia de sus planteamientos hasta el final. Así, a pesar del supuesto origen dispar de los materiales visuales que componen la película resulta que, contra toda lógica, en ningún momento se abandona la linealidad narrativa tradicional. La historia se desarrolla ante nuestros ojos de principio a fin gracias a oportunas cámaras y grabaciones que, oh casualidad!, permiten obtener y mostrar imágenes sucesivas de todos y cada uno de los hitos convencionalmente dramáticos que jalonan el argumento. Esta condición de inverosimilitud es la que posee el material grabado por el soldado Salazar y sus chirriantes efectos de edición. Hasta tal punto es contradictorio, que la perfecta ordenación argumental, visual y dramática de la película no puede sino generar desconfianza y extrañamiento; incitándonos continuamente a pensar en la existencia de un demiurgo imposible o más bien en la certera, pero caprichosa, mano del director. El resultado es que la pluralidad de pantallas finalmente deviene simple forma vacua, mero capricho sin sentido real. Ítem más, a parte de alguna frase suelta, la película elude cualquier reflexión crítica sobre las consecuencias (intoxicación, confusión y escepticismo) que la profusión actual de imágenes y contraimágenes contribuye a crear en el espectador, cada vez más indefenso e inerme ante semejante avalancha de información en bruto.

Finalmente, con respecto a la película en sí, dentro de la pirotecnia visual desplegada por De Palma, cabe resaltar, por un lado, el pretendido documental francés “Barrage” que, de manera estetizante, muestra, con profusión de primeros planos, bellas imágenes y la Sarabada de Haendel -que empleara Kubrick en Barry Lyndon- de fondo, el cansino y monótono transcurrir cotidiano de los soldados desplegados en Irak. Por otro, el empleo de un elenco de actores desconocidos, que aporta mayor grado de credibilidad y verismo al trasfondo documental que late en la película y en sus interpretaciones; si bien es imposible no adivinar en ellas el peso dramático conocido por películas semejantes (Apocalipsis now, Platoon, La chaqueta metálica). Por contra, al cargar las tintas sobre la maldad innata (por su racismo y amoralidad) de los dos soldados autores directos de la violación y asesinato, desactiva -por evidente y específico- el alegato sobre la inmoralidad intrínseca de la violencia. En cambio, posee mayor ambigüedad el reparto de culpas entre los restantes miembros del pelotón que habrían tolerado el crimen; prueba de ello sería el plano final sobre el soldado McCoy. En el mismo sentido, no deja de ser un exceso de dramatismo y un golpe de teatralidad necrófilo incongruente con la presunta “documentalidad” incorporar, como si fuera realidad, la supuesta foto del cadáver carbonizado de la niña víctima de las sevicias.

En definitiva, una interesante película en sus planteamientos formales y de fondo, pero con una materialización imperfecta y voluntariamente dramatizada; prometiendo más de lo que finalmente ofrece.


Redacted – Brian De Palma (2007) – I

29 Diciembre 2007

Brian De Palma pertenece al grupo de directores que, a finales de los años sesenta y principios de los setenta, tomaron Hollywood al asalto, alterando el, por aquel entonces, anémico y decadente establishment hollywoodiense, formando parte de lo que se conoció como nuevo Hollywood.

Brian De Palma

Le acompañaban Coppola, Scorsese, Spielberg, Lucas, Schrader y otros. Todos ellos provistos de una amplia cultura cinematográfica, influidos por los grandes maestros del cine clásico (Renoir, Rossellini, Lang, Hitchcock), de la nouvelle vague (Truffaut y Godard) y su política de los autores, y por el underground neoyorkino (Mekas y Cassavettes), pretendieron hacer un cine real, crítico y maduro, que reflejara el signo de aquellos turbulentos tiempos. Irónicamente, el paso del tiempo ha demostrado que fue Hollywood quien acabó por devorarles. Como dijo Orson Welles a propósito de la caza de brujas: “se han traicionado para salvar sus piscinas“. Tomemos como ejemplo “Infiltrados“, la última película del otrora enfant terrible M. Scorsese. La industria del cine le ha reconocido finalmente con su primer y único oscar por una de sus películas más flojas, nada menos que un remake infantilizado y reduccionista, y, en todo caso, inferior al recomendable original hongkonés Infernal Affairs; oscar recibido, además, de manos de sus coetáneos: Coppola, Spielberg y Lucas. Para más inri, los dos últimos son los mayores responsables/culpables/representantes del nefasto cine-espectáculo que reina en el panorama cinematográfico actual.

De aquel grupo de jóvenes turcos, De Palma ha sido de los que se las ha arreglado para mantener una carrera continuada dentro de la industria cinematográfica estadounidense (aunque más bien gris y con muchos altibajos), al contrario que otros con peor suerte, o más ambiciosos, que se fueron quedando por el camino: Bogdanovich, Mazursky, Ashby o Cimino.

De Palma comenzó dirigiendo, como casi todos, imbuido de contracultura, vanguardia y política anti-guerra, las nunca bien ponderadas, pero muy interesantes en lo formal y material Greetings (1968) y Hi mom! (1970), así como Muder à la mod (1968), que prefiguraría otra de las constantes en su cine: el suspense. Su carrera posterior, plagada de homenajes meta-cinematográficos, sobre todo al director británico A. Hitchcock, está salpicada de grandes proyectos y sonoros fracasos. Sus obras más interesantes serían el ya clásico del terror basado en la novela de S. King, Carrie (1976); su aportación, inspirada por Blow up (M. Antonioni, 1966) y La conversación (F.F. Coppola, 1974), al cine político-paranóico de los años 70, Blow out (1981); el barroco e hiperviolento remake del clásico Scarface en versión latina y ambientada en Miami, El precio del poder (Scarface, 1983), y su negra y elegíaca continuación, Atrapado por su pasado (Carlito’s way, 1993), por cierto, película que fue votada por los críticos del Cahiers du cinema como la mejor de los años noventa .


Leones por corderos (Lions for lambs) – Robert Redford (2007)

4 Diciembre 2007

Una serie de exitosas películas de esas que a todos gustan (Descalzos por el parque, 1967, Tal como éramos, 1973), incluida a la familia (Dos hombres y un destino, 1969, El golpe, 1973) o de esas que se convierten en referencia indispensable y multicitada (El gran Gatsby, 1974, Todos los hombres del presidente, 1976) convirtieron (sin olvidarnos de su atractivo físico) a Robert Redford en una de esas presencias planetarias indiscutibles e icónicas que sólo la todopoderosa industria cinematográfica hollywoodiense es capaz de alumbrar y colocar en el imaginario colectivo occidental.

Sin embargo, a estas alturas de su carrera, su relevancia no reside tanto en su faceta actoral, lógicamente en decadencia (p.e. La sombra de un secuestro, 2004, Una vida por delante, 2005), y cada vez menos significativa en un mundo, el del cine, cada vez más orientado hacia un público juvenil; cuanto en su influyente papel como factótum hollywoodiense debido a su labor como productor, a su condición de mecenas del cine independiente, al ser fundador del Sundance Institute (que organiza el festival del mismo nombre) y notable patriarca del Hollywood liberal. A todo lo anterior hay que sumarle una más bien discreta carrera como director, que comenzó en 1980 con la oscarizada Gente corriente (Ordinary people, 1980) a la que ha sumado, antes de llegar a la que nos ocupa, cinco películas más, ninguna de ellas especialmente interesante salvo, tal vez, El dilema (The Quiz Show, 1994).

Lions for lambs - R.Redford

Han hecho falta seis años, (pero sobre todo el choque con la dura realidad, compleja e irresoluble a corto plazo, del problema irresponsablemente creado en Irak), una precampaña electoral reñida con posible cambio político en el horizonte, y una presidencia que agota los últimos estertores de su mandato con una opinión pública crecientemente desencantada, para que la industria cinematográfica estadounidense se encuentre en posición y disposición de convertir la denominada “Guerra contra el terrorismo” en material cinematográfico; e incluso “cuestionarla” (si esto fuera posible). Digo desde la industria puesto que desde los márgenes se ha ido ofreciendo, con una difusión restringida, una visión constante del conflicto si bien fragmentaria, documental y a ras de suelo: Gunner palace, Irak in fragments, Occupation: dreamland, The ground truth, The war tapes

Así, para este año las majors tienen reservadas las pantallas de todo el mundo para una oleada de películas que tienen como eje central la “guerra” en sus diversos escenarios: Regreso al infierno, I.Winkler; Redacted, De Palma; La sombra del reino (The kingdom), P. Berg; Battle for Haditha, N. Broomfield, In the valley of Ellah, P. Haggis; Rendition, G. Hood. Hasta ahora, las aproximaciones sobre el particular se centraban únicamente en el propio 11-S y con un tono más bien patriótico, (World Trade Center, O. Stone, 2006); supuestamente documental, (Vuelo 93, (United 93), P. Greengrass, 2006; o Fahrenheit 9/11, M. Moore, 2004), o bien como telón de fondo sobre el que se desarrolla una trama más o menos dramática (La hora 25, (25th hour), S.Lee, 2002; Reign over me, M.Binder 2007; Tierra de abundancia, (Land of plenty), W.Wenders, 2004). En este panorama, Redford se pone tras la cámara, y con Afganistán como excusa, produce Leones por corderos.

La película, basada en un guión de Mattheew Michael Carnahan, (autor del guión de otra de las recientes películas sobre la “guerra contra el terrorismo”, La sombra del reino) originalmente escrito como obra de teatro, se estructura en tres historias, en tres escenarios distintos, que se intercalan y transcurren de forma más o menos simultánea, prácticamente en tiempo real: En Washington, un senador republicano (Tom Cruise) concede una entrevista a una experimentada periodista (Meryl Streep) para anunciarle una nueva estrategia militar para vencer en Afganistán; en una universidad de California un profesor de ciencias políticas (R. Redford) intenta convencer a un brillante -a la par que diletante- alumno de la necesidad del compromiso político; mientras en Afganistán dos soldados, ex alumnos del profesor, se enfrentan a una muerte anunciada como consecuencia de la estrategia patrocinada por el senador.

Con una puesta en escena y una dirección clásica tirando a rutinaria, (Redford nunca se ha caracterizado por los riesgos en este aspecto) el filme se la juega en el guión, en la supuesta trascendencia de los temas propuestos y en la credibilidad actoral para llevarla a cabo; de ahí que al frente de esta película se sitúen tres pesos pesados: Meryl Streep, Tom Cruise y el propio Redford, los dos últimos además productores del film. No obstante, es precisamente en la pretendida trascendencia de la tesis planteada (cuyos contornos tampoco quedan claramente definidos) donde la película naufraga.

Lions for lambs - Estrellas

Al contrario de lo que a algunos les pudiera parecer, una película puede ser calificada como buena o mala independientemente de la bondad o perversidad intrínseca de sus planteamientos políticos; y aquí tenemos un buen ejemplo de ello. Y es así porque no sólo cinematográficamente Leones.. es pura convención, sino porque plantea una realidad cerrada e indiscutible, monolítica, sin lugar a debate ni matiz alguno y sin atisbo de autocrítica: los malos son los políticos sin escrúpulos, los medios de comunicación son cómplices y la juventud, en cuyas manos está el futuro de la nación, es indolente. Al mismo tiempo posee cierta ambiguedad pues, si bien supone una crítica contra los políticos y militares que han llevado al país a la guerra y a mantenerse en ella indiferentes respecto a las vidas que allí se ponen en juego diariamente, también es cierto que parece defender un modelo de ciudadano comprometido con el destino de su país no sólo en lo político, sino incluso en lo militar; y, en cualquier caso, todo ello desde una perspectiva estrictamente estadounidense, autista. Las vidas que se pierden y que importan son únicamente las estadounidenses, en ningún momento hay una reflexión sobre las causas, motivos, antecedentes, presente y futuro de los países afectados, y menos sobre sus ciudadanos y las famosas víctimas civiles, o daños “colaterales”; quizás no sea ese el objeto de la película, pero es que ni tan siquiera hay una imagen para algo que no sea norteamericano (de hecho los únicos no estadounidenses que aparecen en el film son unos talibanes que no se ven, voces extrañas sin rostro, manchas oscuras en una pantalla de televisión por satélite).

Lions for lambs - Streep & Cruise De los tres episodios mencionados el único que reúne cierto interés es el enfrentamiento dialéctico entre Cruise, el emergente y elocuente (futuro candidato a la presidencia) senador republicano pro-guerra, y Streep, la experta periodista consciente de haberse traicionado a sí misma. Esto se debe a que este episodio cuenta con mayores matices, y porque supone el desvelamiento de la retórica sofista y manipuladora que, apelando a los bajos instintos, envuelve el discurso político público hoy en día (el descaro en la mentira, la maestría en el doble leguaje orwelliano, la propaganda goebbeliana). No obstante, encontramos dos reflexiones no por conocidas menos sugestivas: la certeza de que en la sociedad post-tecnológica la guerra se ha convertido en otro producto más que es necesario vender/envolver y actualizar cada cierto tiempo (con nuevos planes, estrategias y desliegues o repliegues) para evitar el hastío de la sociedad/consumidores/votantes; y una crítica directa a los medios de comunicación de masas, hoy convertidos en meros altavoces serviles y acríticos con el poder, grandes corporaciones sin alma, fieles únicamente a la audiencia, al entretenimiento y a la cuenta de resultados.

Las otras dos escenas son perfectamente anodinas, convencionales. Si entre Cruise y Streep había diálogo ágil, intercambio y contraposición de puntos de vista, la fascinación del abismo provocada por el encantador de serpientes; el papel reservado para Redford es un monólogo bienintencionado, cansino, evidente. En su caso frente a un supuesto estudiante universitario brillante y blanco, paradigma de la juventud actual, abúlica, escapista, adormecida por la televisión; con un discurso dirigido a despertarle (y de paso a nosostros) la conciencia política y ciudadana; tal es así que presa de ese desmedido afán didáctico, en ocasiones incluso parece estar interpelando directamente al espectador (“cuando se jodió el Perú, Zabalita?“). Resulta llamativo el discurso plano y simplista, premoderno, argumentado en función de los valores fundacionales del país, nostálgico pues, como su propio despacho (los libros, las fotos de Vietnam), propio de un tiempo y lugar pasados, ya inexistente, en el que los buenos y los malos estaban definidos. Por contraposición al del prometedor senador, con un discurso posmoderno, al hilo de los tiempos, apelando a los instintos, al blanco y negro, a la adhesión irracional, en el que la separación entre buenos y malos es incierta, cambiante, pero en el que los negocios son lo primero. La prédica de Redford convence a un hispano y un negro, metáfora de aquellos que aún creen (y sufren) en un sistema, en un país, al que sus clases dirigentes conducen ya como una sociedad anónima. Para colmo, son estos dos crédulos, que con el fin de ser políticamente coherentes y socialmente comprometidos se enrolan en el ejército, los que en la secuencia de la acción militar, la que da título al film, como leones mandados por corderos, finalmente caen bajo las balas talibanas mientras desde la distancia y la seguridad del cuartel general son contemplados por televisión por sus ineficaces mandos; mientras el político que ha tenido la idea que los ha llevado a la muerte ha conseguido vender la moto, venderse, con éxito, a los medios, a la sociedad.

En definitiva, una película que sólo puede pretender ser crítica si la entendemos en términos de consumo interno, un canto (del cisne), políticamente correcto, a esa otra “américa” hoy agazapada, supuestamente comprometida con sus valores tradicionales (la democracia, la libertad, Roosevelt y la segunda guerra mundial, el new deal roosveltiano, la nueva frontera de los Kennedy), pero que no supone sino otra faceta, amable, de la misma esencia, que en modo alguno enfrenta o  reformula críticamente, ni lo pretende, sus fundamentos, valores, imagen o formas de actuar; tan sólo pretende que en las próximas elecciones presidenciales los espectadores no se queden en casa viendo la tele. Dos elecciones robadas (Gore-2000, Kerry-2004) han debido ser suficientes incluso para las domesticadas huestes demócratas.