Por Error Flynn.

Homenaje, guiño, plagio, ejercicio intertextual; las películas del periodo sonoro del Hollywood clásico (años treinta, cuarenta y cincuenta) están plagadas de referencias, máxime en la comedia, donde siempre ha habido un amplio margen para la libertad creativa. Viendo Con faldas y a lo loco (Some Like It Hot, 1959) de Billy Wilder, en algunos de sus giros argumentales, escenarios, personajes y temas, resuenan algo más que ecos de Un Marido Rico (The Palm Beach Story, 1942), de Preston Sturges. Aunque ni la crítica más avezada ha caído en la cuenta, veremos la cantidad de concomitancias existentes entre ambos filmes que, por su abundancia, no creemos casuales.

Antes que nada, entre las coincidencias biográficas de Wilder y Sturges, aparte de haber realizado sus respectivos films de los años 40 para la Paramount, un director notable y hoy un tanto olvidado, Mitchell Leisen, dirigió guiones de ambos. Asimismo, cuando Wilder escogió a Fred McMurray y Barbara Stanwyck para interpretar los dos personajes principales de Perdición (Double Indemnity, 1944), seguro que ya los había visto juntos en Remember The Night (1941), comedia escrita y dirigida por Preston Sturges, uno de los primeros “autores” que lograron abrirse paso en el Hollywood clásico. En cuanto al estilo, tanto Sturges como Wilder trataban sarcásticamente -hasta el punto de la transgresión- temas como el amor, el sexo, el matrimonio o el dinero. Lo que Un marido rico (The Palm Beach Story, 1942) hace evidente es que Wilder no aprendió sólo de Lubitsch como se suele repetir hasta la saciedad. Sturges, que había conseguido ser guionista de todas sus películas en la Paramount, sirvió como ejemplo y modelo en la época en que Wilder, tras haber escrito más de veinte guiones para multitud de directores y productoras, ansiaba pasarse a la dirección de sus propios scripts. Y si Billy Wilder no entró de lleno en el ámbito de la comedia hasta finales de los años cincuenta -aunque siempre latía en sus obras una amarga ironía-, las osadías de Preston Sturges en ese género tuvieron lugar veinte años antes.
La sophisticated comedy, por ejemplo, debe en gran parte su esplendor a películas de Sturges como Las tres noches de Eva (The Lady Eve, 1941). El personaje del millonario, que solía protagonizar este subgénero, constituía uno de los tipos que más ha dado de sí, además, en la screwball comedy, otro género con el que las dos cintas de referencia también tienen puntos de contacto. Además, tanto en Un marido rico como en Con faldas y a lo loco, aparece la suplantación de identidades; ese juego entre apariencia y realidad que se encuentra en la base de toda comedia. Como decía Hegel “la risa es una manifestación de la sabiduría satisfecha, de cómo comprendemos el contraste… Todo contraste entre el fondo y la forma, el fin y los medios, puede ser risible. Es una contradicción mediante la cual la acción se destruye a sí misma y el fin se aniquila realizándose”.

Los puntos de partida argumentales de las películas que justifican este texto difieren a priori, pero, como se verá enseguida, en el desarrollo de sus tramas surgen parecidos y paralelismos. En Un Marido Rico, Gerry (Claudette Colbert) abandona a su esposo, Tom (Joel McCrea), y huye a Palm Beach (Florida), localidad costera llena de millonarios, caracterizada por ser, junto a Reno, el reino del divorcio rápido. En el tren a Florida, Gerry conoce a un tipo muy rico -John Hackenshak III (Rudy Vallee)-, que se enamora de ella. Una vez ambos llegan a Palm Beach, Tom, que la venía siguiendo, reaparece, aunque Gerry, a la vista del cortejo incesante de Hackenshack, hace pasar a Tom por su hermano. Además, Hackenshack tiene una hermana (Mary Astor) que busca marido, e intenta, por ende, seducir a Tom, finalizando la trama con varias bodas pero de forma imprevisible. Por su parte, en Con faldas y a lo loco, dos músicos, Joe y Jerry (Tony Curtis y Jack Lemmon), perseguidos por la mafia por haber sido testigos de la célebre “matanza del día de San Valentín” en Chicago, se disfrazan de mujeres para ser contratados por una big band femenina que viajará en tren a un hotel de Florida, lugar en el que piensan que estarán a salvo y en donde, igualmente, abundan viejos solterones millonarios. La inesperada llegada de los mafiosos al hotel coincidirá con el enredo que provocan los líos amorosos del personaje que interpreta Tony Curtis. Éste, fiel a su tendencia a interpretar papeles de arribista y mujeriego, a ratos también se hace pasar por millonario para encandilar a la cantante de la banda, Sugar Kane (Marilyn Monroe), a la vez que Jerry/Daphne (Lemmon) ha de aguantar a Osgood Fielding III (Joe E. Brown), un abominable millonario, éste sí real, para desenlazar el argumento de forma memorable.

Hay que recordar que Con faldas y a lo loco en realidad es una adaptación de una obra de teatro, que ya había sido llevada al cine en dos ocasiones. Pero ciñéndonos a la relación específica que mantiene con Un marido rico, puede notarse cómo, en ésta, durante el viaje en tren, precisamente a Florida, la Colbert deja su camarote particular para adentrarse en un vagón de camas-litera idéntico al que aparece en una de las más disparatadas escenas de Con faldas y a lo loco: aquélla en la que Daphne/Jerry improvisa una fiesta en su litera -más que probable referencia, a su vez, al conocido “camarote de los Hermanos Marx”-. En la secuencia del vagón de camas de Un marido rico, mucho más breve que en la película de Wilder, Sturges aprovecha la encantadora torpeza de Claudette Colbert al intentar subir a su litera, para hacer coincidir ese cómico instante con el encuentro con quien será su partenaire durante el resto de la película: el millonario elegante y algo estúpido que interpreta Rudy Vallee, cantante en la vida real -crooner en la onda Bing Crosby-, que facilita a Wilder varios detalles que desarrollaría en Con faldas y a lo loco.

Así, Daphne/Jerry (Jack Lemmon) se ve totalmente atosigada/o por un millonario (Joe E. Brown), trasunto del Hackenshack de Sturges, que en la piel de Brown, un actor feísimo, trasluce un aspecto palurdo, a buen seguro una broma wilderiana entorno a la progresiva decadencia “estética” de los poseedores del vil metal. Además, tanto Hackenshack como Fielding, de la forma más cursi, se ponen una gorra de capitán de navío cuando están a bordo de su yate, propiedad que, por otro lado, parece que daba carta de naturaleza a los magnates de los años veinte y treinta. Además, ambos derrochan el dinero sin pudor y buscan a toda costa una esposa. Pero, como adelantamos, la alusión que “delata” definitivamente a Wilder está relacionada con Rudy Vallee. Cuando Osgood Fielding III invita a Daphne/Jerry a cenar en su yate, le intenta convencer sugiriéndole que se encontrarían solos en el barco, salvando la presencia de la voz de Rudy Vallee (!), del que Fielding III presume tener todos sus discos. Una especie de cierre de círculo que podría haber sido sólo un guiño o un pequeño homenaje, de no verse rodeado de tal cúmulo de analogías.

En ambos casos, la premisa humorística podemos hallarla en la estupidez de los millonarios que, cegados por la necesidad de casarse, no se cercioran del falaz engaño al que son sometidos por intereses meramente pecuniarios. Mientras en Un marido rico Hackenshack no quiere darse cuenta de que Gerry sólo sigue dándole cancha por su dinero, en Con faldas y a lo loco, Fielding no vislumbra la falsedad de la burda apariencia femenina de Jerry porque la consecución del matrimonio parece ser el único fin de su existencia -afirma haberse casado siete veces-, lo cual comprobamos en la escena final de la película, en la que Jerry, agotado de hacerle ver que no quiere, ni puede casarse con él, se quita la peluca y le dice que es un hombre, ante lo cual Fielding contesta impertérrito: “Nadie es perfecto”. Aparte de las situaciones concretas a que dan lugar ambos argumentos, puede leerse una crítica furibunda a esa generalizada necesidad del matrimonio que ha pasado por ser elemento cultural básico de la identidad social occidental. Téngase en cuenta que The Palm Beach Story -nótese la expresa alusión a la “ciudad del divorcio”-, iba a titularse Is Neccesary Marriage?, y que al final de la película, antes del The End, unos títulos añaden el “…Y fueron felices para siempre…” seguidos de “¿O no?”.
Escrito por Misterioso objeto al mediodía 


Escrito por Misterioso objeto al mediodía 

Escrito por Misterioso objeto al mediodía 













