Por Óliver Auyanet Suárez

La Sección Oficial de los certámenes cinematográficos se caracteriza, en general, por la irregularidad cualitativa de muchos de sus títulos. Con frecuencia, este bloque de películas se estructura por selecciones previas en las que conviven largometrajes fallidos, e incluso desafortunados, con otros de notable dignidad estética. En la décima edición del Festival de Cine de Las Palmas de G.C., dicha sección contó con muchas de estas obras plausibles y, entre ellas, es justo destacar la película Gururi no koto, del japonés Ryosuke Hashiguchi. Una obra de gran calidad, muy bien ejecutada, con un tratamiento temporal cuidado y, sobre todo, ambiciosa temáticamente, que expone en su argumento las vivencias de una joven pareja nipona a lo largo de los años finiseculares del convulso siglo XX. Entre los acercamientos analíticos a esta producción, uno de los medios que permite explicar parte de su contenido y el alcance de su altura cinematográfica de forma sucinta es su acertado título inglés: All around us, “Todo en torno a nosotros” en español.

Inicialmente, la expresión “en torno a nosotros” supone la necesaria acotación argumental de cualquier obra de ficción; los conflictos personales e interpersonales que permiten desarrollar una historia y, con ella, desenmarañar y depurar el plano del contenido. En este caso, el mundo de los personajes mencionados: la evolución en el trabajo del joven y la progresiva independencia económica de la pareja; el embarazo, aborto y depresión posterior de la chica, así como la conexión con los familiares y compañeros de ambos. De esta forma, el sintagma representa el argumento, lo cotidiano e intrascendental de la obra. En síntesis, la pluralidad de la pareja, la plasmación de la relación entre los adultos y su desenvolvimiento en el contexto circundante. El término “Todo” del título comprendería el perfil temático y, por extensión, el mensaje último del proceso comunicativo del arte. Aquello que, de forma subrepticia, soporta el peso de los escasos y recurrentes residuos argumentales del hombre. “Todo”, por último, simboliza igualmente la aspiración máxima de la película y, sin duda, su acierto y victoria estética final.

Obviamente, sería engañosa para un autor la idea de recrear cada hecho o circunstancia que se produce en torno a unos individuos. Nunca se expondría todo en la pantalla, ni siquiera equiparando el metraje de la cinta al cronotopo real de la pareja, de la persona o de cualquier elemento viviente. Ni la focalización del objetivo ni la textura en el tratamiento de la imagen lo permiten. Siempre existen diferentes puntos de vista, impresiones subjetivas, filtros, encuadres o decenas de recursos que muestran que queda algo por desvelar. Sin embargo, el director es plenamente consciente de ello y resulta casi una ironía ufana que se incorpore el significado ‘todo’ en el rótulo inglés de la película, pues, aun conociendo esta limitación de cualquier autor, Ryosuke Hashiguchi consigue crear la ilusión de expresarlo todo. Así, la virtud capital del realizador en este trabajo radica en la profunda distancia que se toma con el símil tradicional que compara el arte con un espejo. Una tabla de cristal y acero que refleja cada elemento que se interpone en su camino, con la misma nitidez del ojo humano, pero cuya realidad definida siempre resultará parcial y acotada. La integridad de lo expuesto en esta placa reflectante será fiel a la verdad, pero en un formato de muestra que jamás explicitará cada una de las partes y los puntos de vista de dicha realidad. Muy al contrario, el director japonés se decanta por la exposición de ambas facetas del espejo: la proyectada en la pantalla y la que está por proyectar en la mente del receptor, es decir, la tierna evocación vital que genera en el espectador cada uno de los fotogramas de su largometraje. Nada se excluye en el desarrollo de la narración: Hashiguchi aprehende las dos caras del espejismo de la cinematografía al lograr acotar y reflejar con exactitud los conflictos, fracasos y triunfos de los personajes y, al mismo tiempo, evocar todo el complejo universo que los rodea con una tersura y un tempo exquisitos. No se limita a lo proyectado, como ocurriría en una cinta maniquea de pura mímesis, sino que aspira al humanismo más universal, el que, de nuevo en el cine, eleva la película muy alto, como si quisiera con ella simular un círculo de torbellinos que ascienda al espectador hacia un cielo mecido por algo que se denomine Belleza o, incluso, Poesía.

24 Septiembre 2009 a las 9:58 am |
Como siempre muy interesantes tus artículos. Fíjate si se me escapó también esta peli que ni siquiera recuerdo habérmela perdido, sería por saturación. A veces la memoria tiene ese recurso que nos permite seguir viviendo: el olvido. No obstante, intentaré rescatar este título para la intimidad.
Salud