Lock and Stock (Lock, stock and two smoking barrels) – Guy Ritchie (1998)

A pesar de realizar magníficas aportaciones a la historia del cine (p.e. El tercer hombre), de ser la cuna del free cinema, maestros en la producción de comedias (Ealing Studios, Monthy Python), películas de terror (Hammer Films), los amos de las superproducciones históricas (R.Attenborough, D. Lean, Merchant-Ivory) o del cine shakespeariano (K.Branagh, L.Olivier), paladines del cine “social” (K.Loach, M.Leigh, S.Frears) y documental (P.Watkins), de contar con reconocidos autores en el “arte cinematográfico” (D. Jarman, P.Greenaway) y de ser el lugar escogido como “exilio” por geniales directores norteamericanos como Peckinpah, Losey o Kubrick; a finales de los años ochenta el cine británico conoció sus momentos más bajos en términos de producción y éxito de público. Esta “crisis” se produjo como consecuencia, entre otros factores, del cierre de productoras y distribuidoras, y por la remoción de los mecanismos de protección al cine y a la producción británica que, fruto de su proyecto de liberalización a ultranza, llevó a cabo el thatcherismo, y tuvo lugar aun a pesar de obras de directores como R. Scott, R.Joffe, A. Parker, S. Frears y N.Jordan.

El puntual éxito internacional (la rentabilidad) de “Cuatro bodas y un funeral”, (1994), “El paciente inglés”, (1996) y “Full monty”, (1997) (sus patrones continúan siendo explotados sin sonrojo, una y otra vez) favoreció la entrada de capital norteamericano en el cine británico; así como que la National Lottery estuviera obligada a destinar parte de sus beneficios a la producción cinematográfica propició un cambio de escenario, y que una nueva hornada de directores pudiera rodar sus primeras obras (D.Cannon, D.Boyle, A. Bird, M.Winterbottom, G.Ritchie, Damien O’Donnell, G.Chadha, e incluso P.Greengrass); unos (Winterbottom y Greengrass) con mayor interés que otros.

En este contexto G. Ritchie consigue realizar un corto, “The hard case”, contando con la realización de anuncios y videoclips como única experiencia previa. Con el corto como carta de presentación consigue productor para un guión, “Lock & Stock”, que finalmente, supondrá su debut en el largometraje. No obstante, a pesar de disponer de un presupuesto inferior a las 800.000 libras, el rodaje se vio demorado cerca de dos años por problemas de financiación; además, fue rodado en 16mm, empleando un elenco repleto de profesionales que, salvo Sting, resultaba poco reconocible para el gran público. A pesar de estos inconvenientes, el film consiguió un enorme éxito de taquilla, que es como se acostumbra hoy a medir la calidad.

Ritchie, como otros jóvenes cineastas británicos, escogió para su debut una obra de género negro; si bien en su caso, astutamente, y al hilo de los tiempos, optó por la variante de comedia negra, juvenil e irreverente. Aunque Ritchie dijo haber sido influido por una magnífica película negra británica “El largo viernes santo”, (J.Mackenzie, 1980), es posible rastrear el toque Scorsese, e imposible pasar por alto la evidente filiación/infección tarantinesca de su film (son legión los deudores de “Reservoir dogs”, (1992), “Pulp Fiction”, (1994), y “True Romance”, (T.Scott, 1993), sin olvidar otro referente más cercano e inmediato: “Trainspotting”, (D.Boyle, 1996), éste sí, en su momento, original e innovador.

Lock & Stock

Lock & Stock posee un guión que, dentro de lo inverosímil de sus premisas, resulta hábilmente trenzado, con profusión de retruécanos y vueltas de tuerca hasta el mismo final del film, una trama llena de acción sin descanso, una caterva de personajes, todos ellos juveniles (no olvidemos que los jóvenes son el destinario natural y mayoritario del cine que se “produce” hoy en día), a cual más peculiar, humor, diálogos ocurrentes, y por último, todo ello trufado por una incontestable banda sonora compuesta de hits reconocibles. Formalmente el film, como no podía ser de otra forma, es un ejercicio de pirotecnia visual, desde la característica fotografía oscura en tonos ambarinos, al completo catálogo de subrayados visuales efectistas (ralentís, cámara rápida, encuadres barrocos..).

Hoy en día, cuando la imagen ocupa ya un lugar preeminente en los museos, (también es cierto que como resultado de la interesada confusión entre arte y espectáculo), se hace necesario contextualizar el verdadero valor, o la trascendencia de toda “obra”. Por esta razón, y por lo que hemos comentado más arriba, así como por la ausencia de hondura alguna en los personajes, que más bien parecen sacados de un cómic (a ello contribuye el hecho de que, salvo al final, la violencia quede fuera de plano) y fundamentalmente, a que la película muestra una ausencia absoluta de planteamientos, o ambición, de clase o alcance alguno, más allá del epatar y el puro entretenimiento desprejuiciado, es por lo que el film no pasa de ser un entretenido y eficaz ejercicio de estilo sin mayores pretensiones. O, en otras palabras, un simple pasatiempo, nada profundo, auque sí chispeante.

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G.B., 1998, 106 min. Título original: Lock, stock and two smoking barrels; Director: Guy Ritchie. Guión: Guy Ritchie. Productor: Matthew Vaughn. Fotografía: Tim Maurice-Jones. Montaje: Niven Howie. Música: David A. Hughes, John Murphy. Intérpretes: Nick Moran, Jason Flemyng, Jason Statham, Dexter Fletcher, Steven MacKintosh, Frank Harper, Lenny McLean, Vinnie Jones, Sting, P.H. Moriarty, Steve Sweeney, Frank Harper, Stephen Marcus, Peter McNicholl.

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