V Edición IBERTIGO 2007 (y IV)

 Continuando con las obras más interesantes vistas en la muestra, las dos últimas se insertan a conciencia fuera de los estándares narrativos hoy mayoritarios, aunque, a pesar de su carácter minoritario, irónicamente es el canon preponderante en el circuito festivalero.

Obreras saliendo de la fábrica (José Luis Torres Leiva, Chile, 2005, corto). Como comentamos en el post anterior, el surgimiento simultáneo (sobre todo durante los tres últimos años) de proyectos cinematográficos de diversa índole en el cine chileno ha conducido a unos al triunfalismo, al hablar de renacimiento o de “nuevo cine chileno”, y a otros a incidir en la precariedad, o aun, en la inexistencia de tal fenómeno por la falta de homogeneidad de las propuestas, de proyecto temático y formal común y, en definitiva, porque no todas poseen el mismo interés. Cualquiera que sea el caso, lo cierto es que ha logrado concitar la atención de la crítica, y por ello (o quizás previamente, en un proceso de retroalimentación) ha ido encontrando acomodo en el circuito de los festivales de cine; lo cual es motivo de regocijo pues, por un lado, se amplia la posibilidad de que estas obras se distribuyan, de forma que podamos acceder a contemplar otros cines; y por otro, porque esta apertura permitirá que, con el tiempo, puedan llegar a fructificar obras y carreras de interés que de mantenerse en el ámbito local/nacional podrían verse frustradas. 

El argumento de Obreras.. es lo de menos, mínimo: un grupo de mujeres de diferentes edades teminan de trabajar, salen de la fábrica donde trabajan y pasan un día juntas en la playa; pero lo importante de esta obra no es el qué, sino el cómo. El propio título del corto supone un explícito homenaje al origen del cinematógrafo, a la obra fundacional de los hermanos Lumiére del mismo título, si bien con el género invertido como guiño protagonista y anticipo de la reformulación posmoderna del clásico silente. El corto es imposiblemente sencillo, eminentemente visual, o mejor, sensorial (por la luz, el color, la fotografía empleada, los gestos, el sonido), incluso hipnótico; no hay diálogos, pero en absoluto es una película muda pues posee una singular y envolvente banda de sonido que va del industrial dentro de la fábrica, a la sonoridad rugente del mar en la playa. Con planos largos, mantenidos y un tono pasusado parece querer indagar sobre la importancia de la imagen, con el silencio induce a la reflexión sobre lo contemplativo, la ausencia y la memoria. La obra de Torres Leiva podemos insertarla claramente dentro de esa corriente que gusta del cine-tiempo, de la narración minimalista y conceptual, del sosiego y el mutismo que implican los planos secuencia y la importancia del sonido ambiente. Este cine contemplativo, en el ámbito geográfico sudamericano, coincidiría con las exploraciones de directores como Lisandro Ortega, Lucrecia Martel, Pablo Trapero o Carlos Reygadas... En la obra de Torres Leiva, que está pendiente de estrenar su primer largo (“El cielo, la tierra y la lluvia”), se puede apreciar la larga mano de Bresson o Tarkovsky, y él mismo se reclama influido por Kiarostami, Ozu, Straub y Huillet y fascinado por la obra de Pedro Costa o Apichatpong Weerasethakul; en definitiva, viene a ser un hijo del cine contemporáneo y, auque todavía es pronto para enjuiciar su valía, Obreras… ha  sido suficiente para, al menos, animarnos a seguir con atención sus futuros trabajos.

Hamaca paraguaya (Paz Encina, Paraguay, 2006). Sólo por ser el primer largometraje paraguayo de ficción (en realidad una coproducción de seis países) que se rueda en 35mm. en casi treinta años, Hamaca paraguaya sería de por sí todo un acontecimiento. El último largometraje fue “Cerro Corá” (Guillermo Vera Díaz, 1978), sobre la Guerra de la Triple Alianza, en realidad una especie de homenaje al dictador A.Stroessner, (que rigió los destinos del país durante más de treinta años 1954-1989), al que se le dedicaba la película y cuyos hijos actuaban en ella; desde esa fecha únicamente se realizaron obras en video y en pequeños formatos (16 y 8mm). Pero la sorpresa no queda ahí, pues en la misma línea que la obra que comentamos en al apartado anterior, ésta se sale de los márgenes habituales del cine mainstream, pero en este caso la apuesta es aún más arriesgada y radical en sus planteamientos formales, pero también de fondo, lo que no ocurría tan claramente con Obreras…

Hamaca

De entrada, el film está rodado empleando planos fijos en los que la cámara, inmóvil, se mantiene alejada de los protagonistas al tomarlos desde una gran distancia, o bien de espaldas o de perfil. En cualquier caso, siempre de forma que mantienen al espectador distanciado de la “acción”, eludiendo cualquier identificación de y con los personajes. En lo formal, no contiene más de veinte planos, y narrativamente se divide en siete escenas o secuencias, estructuradas de forma simétrica alrededor del plano largo y prolongado de la hamaca que inicia, centra y cierra la película. Entre estos planos estáticos, largos y significativos se intercalan cada vez dos secuencias más cortas, en duración y espacio focal, que alternan sucesivamente acciones (o inacciones) de uno y otro miembro de la pareja protagonista. Para aumentar la sensación de “extrañeza”, al menos por lo que respecta al espectador europeo, la película está hablada íntegramente en lengua guaraní, pero es que además “el diálogo” transcurre de forma desfasada respecto a lo que está sucediendo en la pantalla. Y lo que está sucediendo es, ni más ni menos, que el tiempo, la vida, los anhelos y los miedos de dos ancianos campesinos que esperan infructuosamente la vuelta de un hijo que marchó a combatir en una guerra que no conocen y de la que no tienen noticias; como por otra parte ocurre con el espectador, que desconoce el contexto histórico-geográfico (supuestamente se trata de la guerra del Chaco).

La narración del diálogo, por inconexo, fragmentario, desfasado y repetitivo nos desorienta, (al igual que lo están los propios protagonistas) pero, sumado a su particular narración visual, nos catapulta a una realidad incomprensible, supersticiosa, arcana y telúrica que se compone de reiteraciones cíclicas, preocupaciones constantes y eternos retornos, como los que sufren los protagonistas del film. Oprimidos por la naturaleza, metafóricamente porque los envuelve (los planos en la hamaca los reflejan como figuras minúsculas, casi indiscernibles), y físicamente porque los determina, maltrata y exaspera (la lluvia que no viene, el calor que les agobia y, finalmente, la noche que los traga) pero también oprimidos por un Estado remoto y cruel que les arrebató a su hijo y con él a su vínculo con la realidad, con el presente y el futuro; en definitiva, con la memoria. Las vidas de estos ancianos campesinos están condenadas a la preocupación del angustiante y desordenado día a día, al desamparo y luego al olvido; como ocurre con todas las víctimas anónimas abocadas al sufrimiento, a la amnesia, abandonadas por la historia, para la que no existen ni tan siquiera como “víctimas colaterales”. Al final, como no podía ser de otra manera, inexorable, llega el ocaso y es el fin del día, del film, pero también de sus protagonistas.

Hamaca paraguaya logra plantear, con la máxima sencillez formal, con una estructura concreta y una mínima cantidad de planos, personajes y situaciones de la vida cotidiana, temas de alcance universal (la guerra, la vejez, la relación entre padres e hijos, las relaciones conyugales, la espera eterna de una felicidad que se sabe utópica, la soledad y el aislamiento). Paz Encina consigue, con una perspectiva y un sentido histórico y reflexivo de indudable calado y pertinencia, que su obra trascienda lo particular, o lo geográficamente cercano, y el simple ejercicio visual para hacer fluir, o detener, el tiempo y proporcionarnos, a 24 fotogramas por segundo, una perspectiva de él, de la existencia humana y de la memoria; articulando, en definitiva, una obra de resonancias universales. Por todo ello no podemos evitar emparejarla en la estela de los autores que ya mencionábamos, (Martel, Sorín, Ortega) y bajo la enorme y fructífera influencia de maestros como Tarkovsky, Sokurov y Tarr o Kiarostami, Angelopoulos y Oliveira. 

Al hilo de las obras de estos dos autores (Torres Leiva y Encina), convendría detenerse a reflexionar sobre cómo y porqué un estilo, una manera de entender el cine, de enfocar la narración, el argumento, el sonido, la duración de los planos, de plasmar el espacio y el tiempo, se ha extendido por las cuatro esquinas del mundo, de tal forma que ha devenido en verdadero canon, marginal, pero canon universal al fin y al cabo.

3 respuestas a V Edición IBERTIGO 2007 (y IV)

  1. Mónica dice:

    Tienes razón en todo lo que comentas sobre “Hamaca paraguaya” pero, a mí, aunque me pareció una buena idea, la película me resultó soporífera. Claro que igual puede que yo aún no esté preparada para disfrutar semejantes obras…

  2. misteriosoobjetoalmediodia dice:

    El quid está en afrontar estas películas abierto de mente, con espíritu desprejuiciado y dejándose llevar; aunque, si a uno le coge por sorpresa es comprensible que, si es muy tarde, o la noche anterior no se ha dormido lo suficiente, pasen esos imprevistozzzzzz. Por suerte la película es cortita.

  3. […] Obreras saliendo de la fábrica (José Luis Torres Leiva, Chile, 2005, corto) […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: