Once – John Carney (2006)

La película (grabada en formato digital y posteriormente hinchada a 35mm. para su estreno en cine) fue rodada, en la mejor tradición cassavetiana, por las calles de Dublín y en casas de amigos durante 17 días, con un presupuesto de 130.000 euros, un equipo, iluminación y sonido mínimo, y con actores (Glenn Hansard, cantante de The Frames, y Markéta Irglová) carentes de experiencia previa. No obstante, esto último no es totalmente cierto pues Hansard fue uno de los integrantes de The Commitments (A.Parker, 1991). A pesar de lo anterior, y de las apariencias amateuristas, Once no es en absoluto la opera prima de un novato, su director, John Carney (a su vez ex bajista de los Frames y con una exitosa carrera en la televisión irlandesa) es autor de cuatro largometrajes previos, incluso dos de ellos con la estrella irlandesa Cillian Murphy en el reparto.

Dos personajes sin nombre protagonizan esta película, un joven (G. Hansard) que toca su guitarra en la calle cuando no trabaja en la tienda de reparación de aspiradoras de su padre y una muchacha (M. Irglová), inmigrante, que vende flores por la calle. Un día, ella se detiene a escucharle tocar y se percata de su talento, conectan a través de la música y cuaja entre ellos una relación musical, de amistad y de amor inconcluso.

Glen Hansard & Markéta Irglová

 

El argumento, nada original, narra una historia bien sencilla para una película musical que ha tenido una (exitosa) carrera comercial gracias a su proyección en el Festival de Sundance, donde obtuvo el premio del público. A partir de ahí fue adquirida por una distribuidora y revendida a Foxsearchligt, (la división para el cine “independiente” de la major 20th Century Fox) para su distribución en los EEUU, donde reventó las taquillas, expandiendo posteriormente su efecto por todo el mundo, convirtiéndose en el “fenómeno” cinematográfico de la temporada, como ocurrió el año pasado con Little Miss Sunshine (J.Dayton y V.Faris, 2006), casualmente producida por Foxsearchlight.

Alejado de la tópica visión sobre el cine indie, que lo circunscribe a tortuosos dramas y oscuras tragedias, el film se mueve en el ámbito de ese otro polo de lo indie, que es la levedad “profunda”; si bien en este caso con las formas naturalistas del free cinema, entre el documental musical y el drama romántico, dando lugar a un verdadero musical lo-fi (como lo ha definido Gerard Casau) con alguna concesión a lo inverosímil (el oportuno crédito para alquilar el estudio de grabación concedido por un improbable director rockero y el regalo final pagado con los ahorros del padre del protagonista). 

Carney traza, con un magnífico equilibrio entre forma y fondo, y en perfecta coherencia con su falta de mayores pretensiones, una historia urbana, romántica, casta y conmovedora sobre la génesis del amor entre dos personas muy distintas, pero ambas solitarias, desubicadas y mutiladas en lo sentimental, que por azar se encuentran en las calles de Dublín y a los que la música une. Entre ambos flota la atracción, la admiración y sobrevuela el germen de un amor imposible, finalmente truncado, en la onda liviana, pero evocadora, marcada por Antes del amanecer (Before sunrise, R.Linklater, 1995), si bien en este caso con bien de música diegética. Resulta llamativo el papel reservado a Irglová pues, a pesar de sumar a su condición de mujer trabajadora, la de inmigrante, madre y abandonada por su marido, es la verdadera encarnación de las fuerzas terrenales, luchadora, optimista e incombustible motor de la acción, que saca de su inmovilidad (vital y musical) al personaje masculino; un diletante treintañero hundido (y refugiado en los cuarteles de invierno “paternales”) por un fracaso amoroso. Irónicamente, es ella la que, en un final agridulce, recupera su matrimonio, pero en realidad queda enclaustrada en su casa-prisión, con limitadas perspectivas vitales (como ocurría en Los puentes de Madison (The bridges of Madison County, C.Eastwood, 1995)), mientras él marcha a Londres para (con un disco bajo del brazo y cargadas las pilas) retomar su historia amorosa e intentar la aventura musical. También es cierto que a ella se le reserva la escena más hermosa de la película, aquella en la que, en plena noche, sale en zapatillas a comprar pilas para su discman, mientras compone la letra de una canción y la cámara la sigue durante el trayecto a su casa (trayendo a la memoria una escena semejante de Wonderland (M.Winterbottom, 1999) protagonizada por Gina McKee).

Mención aparte merece la música, que es el verdadero núcleo en torno al cual gira la película y la que marca su tono pausado, sentimental y melancólico. Al ser un film eminentemente musical ocurrirá como en botica, para los que disfruten del pop melódico con guitarra acústica, o bien acompañada por el piano, con incursiones más arregladas (correspondientes al momento de grabación en estudio) al estilo de Damien Rice, o incluso ecos de Colplay, la película hará sus delicias; para los que no comulguen, les dejará indiferente. Lo cierto es que resulta tan llevadera y accesible que ha tenido un enorme éxito, de tal forma que en la habitual (y oportuna) espiral sinérgica, el conjunto formado por ambos (Hansard e Irglová) ha lanzado un disco, The swell season, que están promocionando (también con éxito) mediante conciertos a lo largo y ancho del mundo. Además, para colmo, la vida otorga oportunidades que la ficción niega, y otro hecho contribuye a ensalzar el aura del “fenómeno”: la relación non nata entre los protagonistas ha devenido en la realidad afortunado noviazgo, proyectando fuera de la pantalla el final feliz negado en el film, desbordando, extendiendo y confundiendo sus márgenes.

 

6 respuestas a Once – John Carney (2006)

  1. Piluca dice:

    Efectivamente, la película no dice nada nuevo aunque ese final, esperado pero desgarrador, te sobrecoge, y consigue hacer que termines de ver la película con una sensación algo menos de vacío.

    La música, también, la arregla pero coincido contigo en que, una vez más, los festivales y los críticos nos embaucan para que nos traguemos películas que, de otro modo, pasaríamos por alto, aunque debo reconocer que a mí sólo me movía el interés por ver un Dublín moderno y reconocible en la pantalla…

  2. ALG dice:

    Lo que no me queda claro es si eres de los que comulga o no… ;-)

    Pos eso

  3. ALG dice:

    Por cierto para que veas que soy bueno, te he añadido a los links del Diario compulsivo

    ;-)

  4. 4ases dice:

    Vamos!!!… Es una historia de amor diferente, absolutamente inmaterial. Siempre tendemos a querer quedarnos con algo… bueno acá no… o sí.. depende el observador.

  5. salvador otsu dice:

    Creo que el Sr. Carney aún con 50,000 euros lo habría hecho igualmente genial. Aquí en Perú tenemos la suer-
    te de ver por ISat alguna que otra película del cine independiente tan buena como ONCE. Ah! Irlanda!. A mis 70 años todavía gozo con esas películas sorpren-dentes.

  6. angelique dice:

    Las historias como todo, se repetirán una y otra vez. El asunto está en cómo la cuentas. Y esta está sencillamente, muy bien contada. Tanto que te deja con ganas de enamorarte sin importar el final

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