Festival de Cine Las Palmas G.C. – Epílogo

 Trascurrida una semana desde la finalización del Festival, es el momento de recapitular, hacer balance y sacar conclusiones.

El paso de los años, como era de esperar, le está sentando bien al Festival. Como dije en el post inaugural de la edición 2008, ha ido madurando y ha encontrado su lugar en el panorama festivalero nacional; así, se destaca como uno de los más arriesgados, junto al de Gijón, de los más atentos a los vientos asiáticos, proclive a las nuevas sensibilidades y tendencias fílmicas, y siempre abierto (desde el 2004, con el ciclo “Fronteras del documental”) a los poliédricos meandros del cine documental. 

Fotograma de My Winnipeg

Por esta fidelidad a sus planteamientos debemos reconocer que la edición del 2008 no sólo ha estado a la altura, sino que ha superado el listón con un saldo muy positivo. A este respecto, basta considerar la sección informativa (donde hemos visto algunas de las películas más interesantes: My Winnipeg o La question humaine) y los denominados “puntos calientes”, dedicados a dos filmografías en alza (p.e. en Rotterdam), la malaya y la filipina, -que incluía la obra completa del chico de oro de la crítica internacional, Raya Martin-, más la oportunidad de ver todas las películas del llamado “nuevo cine rumano” (que ha copado el palmarés de Cannes los últimos años), nos han permitido -de un plumazo- estar al tanto de lo que en este momento se está cociendo en el panorama cinematográfico internacional. Lo mismo ocurre con las imprescindibles retrospectivas de este año: “Direct cinema“, “Cineastas frente al espejo” y “Naomi Kawase”, que han servido -junto a la sección organizada por Cahiers du cinema (España), “Reescrituras”-, para comprender y poder configurar con cierta fidelidad el mapa actualizado de las tortuosas lindes del relato cinematográfico, del cine ensayo, el documental y el cine autobiográfico. Además, han servido de inmejorable excusa para la elaboración de otros tantos libros que, a la espera de ser leidos atentamente, vienen a cubrir un indudable vacío bibliográfico en español. Por comparación, como contrapartida, se hace evidente la desigual calidad que ofrece la más discutible y desdibujada sección oficial.Raya Martin

Al parecer, para el futuro, la premisa de trabajo es insistir en la actual línea editorial seria, coherente y rigurosa, decisión desde luego celebrada por los sanedrines de la crítica cinematográfica (y que personalmente comparto por resultar estimulante y satisfactoria); aunque no siempre sea del gusto de todos, y así se ha podido escuchar entre el público asistente al Festival -incluso entre los medios ya se han hecho notar algunas voces críticas (La Provincia, El séptimo vicio..). Esperemos que la exigencia actual no se vuelva -como un boomerang- en su contra, ocasionando una desbandada entre el público que lo prive de apoyo. Sorprendentemente, y si bien es cierto que las cifras de asistencia no son indicativo de calidad, este año -según dicen- se ha saldado con un incremento de público del 25%. Sea o no cierto, en esta edición me ha sorprendido positivamente la afluencia de espectadores a determinadas películas a priori difíciles, incluso en sesiones atípicas como la de las 16h. En este sentido, también habrá que estar ojo avizor, a la vista de las declaraciones del concejal de Turismo, (del que -sorprendentemente- depende el Festival), y estar atentos a cómo se concilia la exigencia y el rigor con las posibles consecuencias de la ¿ocurrencia? de “venderlo” como un atractivo turístico en los mercados proveedores de turistas de los que bebe Gran Canaria.

Finalmente, quería congratularme por la apertura de nuevos espacios al Festival, como el del CAAM, a pesar de su desapacibilidad y de no ser lo que se dice cómodo (aunque sea gratis), y señalar la tremenda avalancha de títulos que se proyectan, de tal forma que se hace prácticamente inabarcable, imposible de seguir -ni al más dedicado y dispuesto de los cinéfilos- con un mínimo de rigor; atreviéndome a sugerir que se reduzcan -o se repitan- los pases de las películas. Tampoco quería dejar pasar la oportunidad para subrayar la sonora desaparición del Festival de la vida cinematográfica de la ciudad durante el resto del año y la ausencia -teniendo en cuenta precisamente su rigor programador- de una política didáctica o de apoyo a otras actividades que con este sentido sí mantienen una actividad sostenida a lo largo del año, como las proyecciones de la Asociación de cine Vértigo, del Aula de cine de la Universidad o la Muestra de cine iberoamericano Ibértigo…

Zanjados los comentarios sobre los contenidos, termino con los rastrillazos y errores de organización que, para próximas ediciones, creo que deberían intentar enmendarse:

La primera es tan antigua y reiterada como el propio Festival, la necesidad de presentar el programa y, aún más, la plantilla de pases, con una antelación superior a la que se viene empleando desde sus comienzos hasta ahora (apenas una semana); a pesar de las dificultades que ocasione, un esfuerzo en este sentido favorecería la asistencia de público al fomentar el conocimiento y digestión previa de la oferta, permitiendo ordenar la agenda con perspectiva. Incidiendo en errores de planificación previa, y aunque puede resultar una quimera, con el fin de que no se cancelen proyecciones (en ocasiones incluso sin la más mínima explicación, como ocurrió con la película de Garrel, Les Baisers de secours) es imperioso trabajar con plazos más amplios para contar físicamente con las películas con antelación suficiente. Otro error estratégico ha sido la decisión (¿populista?) de distribuir las entradas disponibles para el público no invitado para las galas de inauguración y clausura del Festival a través de sorteos en los medios de comunicación locales. De ninguna manera debe dejarse en manos del azar -en sí mismo injusto- la posibilidad de acudir a estos eventos, mucho más cuando hay personas verdaderamente interesadas, y otras que desde la misma creación del Festival han venido adquiriendo puntualmente sus entradas y que en esta edición han visto traicionada su fidelidad. Por último, recordar a quien corresponda que este año ha expirado la vigencia de los últimos, y parece que olvidados, “carnets de amigo del Festival”. Curiosamente, si no recuerdo mal, el último año en el que se emitieron fue el primero en realizarse en el Monopol, precisamente cuando, con el cambio de ubicación, se aumentó exponencialmente la asistencia de público (en ese momento dejaron de ser útiles). Alguien debería pensar en reactivar esta opción, u otra semejante (¿bonos?), pues, además de que no es de recibo que se elimine sin más, fideliza al público, premia a los asiduos y verdaderos festivaleros, y favorece en el público el riesgo y la experimentación.

6 respuestas a Festival de Cine Las Palmas G.C. – Epílogo

  1. Marianela dice:

    ¡Enhorabuena por este acertadísimo comentario!

    Reconozco que he sido de las que se ha quedado este año con un pésimo sabor de boca pero, tras leer tu artículo, me he dado cuenta de que, probablemente, solo tuve mala suerte al elegir.

    Como bien dices, la poca antelación al publicar el programa, la escasa información sobre las películas y los insuficientes dos pases (en el mejor de los casos), hace muy difícil que los “festivaleros” asistamos a todas las películas que nos gustaría.

    He sido una de las pocas afortunadas en disfrutar de los descuentos del carnet que se caduca este año, con lo que reitero tu petición en este sentido: bonos o carnet de descuento para fomentar el apoyo del público, más cuando asistir al festival es todo un “deporte de aventura” pues uno jamás sabe qué se va a encontrar, lo que, también sea dicho, es parte de su atractivo.

    Para no extenderme más, solo decirte que suscribo todo lo que comentas y las mejoras que propones. Espero que llegue a los oídos necesarios.

    Un abrazo y gracias por tus consejos.

  2. Sang Sattawat dice:

    Veo que es bueno retomar algunas cosas; en este caso para mí, al igual que para Marianela, el pensar en ellas y ordenarlas las “hace mejores”. Sí, sé que para algunos fue demasiado, “para alumnos avanzados de Cahiers du Cinema” como escuché decir a J. Tolentino hablando de la sección oficial (¿?), al igual que le escuché otros comentarios iguales a los hechos un mes antes por un conocido sobre el festival en general… ¿se les pegarán las ideas…?. Me mantendré alejada por si acaso.
    Hay cosas como la publicación del programa, la información sobre las películas -¿por qué no aprovechan y ponen a alguien que sepa orientar sobre lo que a cada uno le puede gustar o al menos que sepa explicar de qué van los ciclos?-, la cantidad de películas… pues son cosas que se repiten año tras año. Y otras aparecidas en los medios que sería fácil recogerlas para evaluarlas: bonita palabra, “evaluación”, de moda, pero tan poco utilizada. Adiós.

  3. Peeping Tom dice:

    Coincidiendo contigo casi al 100%, me permito añadir un par de elementos para la reflexión:

    Si se pretende que el festival no sea un coto cerrado para los más ávidos seguidores (o seguidistas) de tendencias, entre los que podríamos (o no) incluirnos, la información es un factor determinante a la hora de determinar corrientes de adhesión y rechazo. El espectador más “ilustrado” (y me incomoda utilizar una expresión tan altisonante, pero que considero refleja bien el estado de las cosas) parte con una serie de directrices previas (información de otros festivales, lecturas de prensa especializada, intuición desarrollada por años de consumo, etc.) que facilitan la selección de títulos a seguir, objetivo básico en una programación claramente sobredimensionada como la del FCLPGC. Sin embargo, el público de “a pie” suele sentirse confundido en el marasmo de datos y oferta, arriesgándose a una sensación de rechazo motivada por una selección no adecuada a sus expectativas. No se trata, pues, de que las películas posean un mayor o menos valor intrínseco (que también), sino que se ajusten claramente a sus criterios y experiencia previa como espectador. De ahí la necesidad imperiosa de que el festival, entre otras cosas ya apuntadas con anterioridad, no deje la información en manos de azafat@s quienes, sin entrar a valorar su competencia y/o dedicación, apenas pueden servir de orientación. Antes de aprender a andar debemos gatear y, luego, con la ayuda de los instrumentos adecuados, incorporarnos y valernos por nosotros mismos.

    La programación del Festival, sea o no compartida (que, en mi caso, lo es totalmente), ha sido el fruto, no tanto, de una línea deliberada de evolución, sino (y a la programación de las primeras ediciones me remito) el resultado de una política de “tentativa y error”, la consecuencia de una serie de incorporaciones en el organigrama organizativo y, sobre todo, a la exigencia de despejarse un territorio en el competido mapa festivalero nacional. Por consiguiente (y peajes a las multinacionales norteamericanas aparte), obedece a una serie de circunstancias que han conducido al certamen a su actual idiosincrasia. Pero, una vez llegados a este punto, parece imperativo que, desde la propia organización, se explique al público-consumidor los porqués de su apuesta. Quizá así sería más sencillo que el espectador medio, que se arriesga con propuestas muy alejadas de sus hábitos habituales de consumo, no se sintiera decepcionado y/o estafado ante títulos de rabiosa radicalidad.

    Por último, apuntar que la edición de este año ha carecido de puntos de fuga para esos espectadores de “a pie” a los que hacía mención anteriormente. En ediciones anteriores, las retrospectivas habían vuelto la mirada hacia cineastas “clásicos” , en el sentido más académico del término, géneros claramente codificados, o incluso nuevas tendencias en el cine indie estadounidense. Se trataba de enajenamientos necesarios en una programación marcada por una guía férreamente marcada. La no inclusión este año de tales puntos de fuga ha dificultado, en gran medida, la digestión del Festival. Porque, digámoslo así, hemos podido degustar un buen número de manjares exóticos, pero lo cierto es que a veces, después de 3 platos, lo único que te apetece es una fruta o un simple yogur. Y el certamen grancanario ha carecido, este año, de postres.

    Me voy al cine. ¡Un abrazo!

  4. Ayer descubrí este blog, me parece que tiene un buen nivel. He asistido a todas las ediciones del Festival de cine de Las Palmas, y estoy de acuerdo tanto en el artículo como en los comentarios aquí vertidos. Yo soy de los que agarran el programa y se empeñan en estudiar el contenido, ya sea a través de internet (muchas películas llegan “rebotadas” desde otros festivales) o bien por el boca a boca y buscando información de primera mano dentro del mismo festival. Es cierto lo que apunta Peeping Tom sobre la falta de esos “puntos de fuga” en esta última edición, tan cierto como que el día pertenece al Sol. El Festival debería tomar buena nota de los asiduos y constantes repetidores que asistimos año tras año, e incentivar que nuevos espectadores se vayan sumando, y es que deben saber que la vida continúa, unos vamos perdiendo cierto fuelle y otros lo van cogiendo, o si se quiere decir de otra forma: algunos nos hacemos muy selectivos y no lloramos cuando no hemos visto casi nada de lo que al final “había que ver”, y otros sin embargo se enfrascan en maratonianas sesiones de esas de ojos enrojecidos, lumbalgia pertinaz y finalmente creciente sensación de asco (con la consiguiente pregunta ¿qué hago aquí perdiendo tanto tiempo?). Por eso es cierto que debe existir más y mejor información, que debe llegar antes al posible espectador y a los medios, y también a incentivar el sano sentido crítico de la gente, y no creer que esto es una cosa para “algunos elegidos” y organizada por “otros elegidos”. El cine es de todos y para todos, pertenece al ámbito de la cultura, y es reflejo de nuestras incertidumbres vitales.

  5. J. dice:

    Comparto todos los comentarios. El problema que tiene el Festival es que aparece como una flor de un día primaveral en el panorama cinematográfico canario y desaparece sin dejar rastro hasta el año que siguiente, entre otras cosas, sin preocuparse de crear cantera.

  6. […] En definitiva, el Festival ha sabido mantener el tipo en un año complicado, que le ha cogido con el paso cambiado, cuando lo que se esperaba era su eclosión; en cualquier caso, la edición del año pasado con los “puntos calientes” y ciclos como “Direct cinema“, “Cineastas frente al espejo”, “Naomi Kawase” y “Reescrituras” era muy difícil de superar. Por esta razón y porque los rastrillazos siguen siendo esencialmente los mismos, viniéndoles además incluso de la prensa local, generalmente contemporizadora, me remito a los del año pasado. […]

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