La tumba india (Das indische grabmal) – Fritz Lang (1959)

Dos meses después del crítico final de El tigre de Esnapur -al más puro estilo Duelo al sol, (K. Vidor, 1946)- se estrenó en los cines (no olvidemos que se rodaron simultáneamente) la segunda parte del díptico que -en la mejor tradición folletinesca-, con sus primeras imágenes, pone rápidamente en antecedentes al espectador, y sitúa la acción en el mismo lugar donde finalizó la anterior.

 Vista hoy, La tumba puede parecer una película demodé, (alemanes embetunados, decorados de cartón piedra, lujo arrebatador, pedrería y mucho exotismo kitsch), aún más si consideramos que para entonces el cine neorrealista ya había dado lo mejor de sí y que, en 1959, se estrenaron películas tan determinantes para la historia del cine como Al final de la escapada (J.L. Godard) o Shadows (J.Cassavettes); a pesar de ello, no podemos pasar por alto el hecho de que, por aquel entonces, películas como Ben-Hur (W.Wyler, 1959), Espartaco (S.Kubrick, 1960), Cleopatra (J.L. Mackiewitz, 1963) o Jason y los Argonautas (D.Chaffey, 1963) y otras semejantes -no digamos el Peplum-, hacían las delicias del público.

Una explicación para este fenómeno podemos encontrarlo en la enorme fascinación que tradicionalmente ha ejercido “La India” sobre el imaginario colectivo occidental, (y por ende sobre el arte), de tal forma que, junto a “lo árabe” y “el lejano oriente”, vendrían a evocar la quintaesencia de “lo exótico”; a lo que el cine, como es lógico, no ha permanecido ajeno: desde Tres Lanceros Bengalíes (H.Hathaway, 1935) y Las Cuatro Plumas (Z.Korda, 1939) o Gunga Din (G.Stevens, 1939) a las obras sobre la India de Renoir, Rossellini y L. Malle, o del cine británico (J. Ivory, D. Lean, R. Attenborough); incluso aún hoy en día, p.e. Viaje a Darjeeling (W. Anderson, 2007). Sin embargo, Occidente casi siempre ha ofrecido una representación falseada, una visión estilizada de “Oriente”, como mantiene E. Said: “Oriente es el lugar en el que Europa ha creado sus colonias más grandes, ricas y antiguas, es la fuente de sus civilizaciones y sus lenguas, su contrincante cultural y una de sus imágenes más profundas y repetidas de Lo Otro. Además, Oriente ha servido para que Europa se defina en contraposición a su imagen, su idea, su personalidad y su experiencia“, así, “Oriente sería casi una invención europea y, desde la antigüedad, habría sido escenario de romances, seres exóticos, recuerdos y pasajes cautivadores, y experiencias extraordinarias” (Orientalismo, Ed. Debate, 2002).

Para el que desconozca el cine de Lang, o se limite únicamente a considerar su etapa americana, es posible que esta película resulte -al menos- chocante, cuando no una simple obra menor. Quizás sólo Los contrabandistas de Moonfleet -si bien mucho más oscura y tenebrosa, a la par que lírica y romántica- sea la única de su periodo anterior con la que (por su temática “aventurera” y el certero uso del color) podría encontrársele afinidad. En el momento de su estreno sólo los cahieristas defendieron el film como uno de los más importantes de su filmografía. Aún hoy (como también ocurre con las obras postreras de otros directores) su mérito e interés resultan objeto de polémica. La crítica tiende a dividirse en dos bandos en torno a ella; tal es así que en los últimos estudios dedicados a Lang publicados en España (Dirigido, Miradas), son escasos -pero relevantes– los autores que la consideran una de sus películas más representativas.

Valorar la importancia de La tumba no exige conocer el conjunto de su obra, aunque sea recomendable, pues así será posible descubrir sus sorprendentes vínculos de carácter circular (supuso la oportunidad de abordar un proyecto truncado cuarenta años atrás, en 1921, con la película del mismo nombre de Joe May), circunstancia que cobra aún mayor significado puesto que, inmediatamente después cierra su filmografía dando una nueva (la tercera) vuelta de tuerca a otro personaje que había abandonado al huir de Alemania, el imprescindible Dr. Mabuse. Tampoco, como se ha dicho, por suponer un compendio, o catálogo final, del “todo” Lang; que también, pues en La tumba laten los temas que recorren toda su filmografía: el poder, la ambición, la intriga, la traición, la pulsión sexual.. Ni porque reúna constantes estilísticas y formales comunes al resto de su obra: los encuadres perfectos, la composición del plano, la serialización, la teatralidad, el pictorialismo, el colosalismo de su obra alemana; aun a pesar de que a Lang se le atribuya el estar en posesión de un estilo depurado al máximo, otros -como Losilla-, hablan incluso de un “no estilo”.

El sensual baile de la cobra de Debra Paget

La tumba india, más allá de sus metáforas fáciles (el pájaro enjaulado, el tigre, el submundo), de ser el antecedente de películas como Indiana Jones, de su trama ingenua, y de su halo de belleza, lujo, blancura y colorido, es un film complejo, con un discurso notable y varias lecturas, con claroscuros. Bajo el manto de la sencillez refleja la dualidad y las contradicciones que ésta genera, la perenne tensión entre el amor y el odio, el poder y la servidumbre, el choque entre ciencia y superstición, modernidad y tradición y, en definitiva, y más importante, la confrontación entre oriente y occidente; en este caso, la decadencia de un mundo de oropel y fantasía que se tambalea (¿de ahí las fisuras en los cimientos del palacio?), inviable al no poder continuar aislado, inmóvil, al margen de la porosidad de las fronteras y del devenir humano.

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Alemania/Francia/Italia, 1959, 97 min. Título original: “Das indische grabmal”; Director: Fritz Lang; Guión: Werner Jörg Lüddecke sobre la novela de Thea von Harbou; Fotografía: Richard Angst; Montaje: Walter Wischniewsky; Música: Michel Michelet. Intérpretes: Debra Paget, Paul Hubschmid, Walter Reyer, Claus Holm, Luciana Paluzzi, Valéry Inkijinoff, Sabine Bethmann.

Esta entrada fue publicada originalmente a las 11:18 am del 26 de marzo de 2008.

6 respuestas a La tumba india (Das indische grabmal) – Fritz Lang (1959)

  1. misteriosoobjetoalmediodía dice:

    He vuelto a publicar esta entrada porque la original sufrió un pequeño descalabro y no hubo manera de rescatarla.

  2. misteriosoobjetoalmediodía dice:

    Aquí van los comentarios que tenía el post:

    1. Peeping Tom Marzo 26, 2008 en 12:13 pm
    La fascinación exotizante de la que hace gala Lang en su díptico indio ya había permeado en su obra no sólo durante la época alemana de entreguerras, sino que conviene recordar su mirada de extranjero hacia un género tan cinematográfico y estadounidense como el western, donde dejó perlas de enorme fulgor insólito como “Encubridora” (1952), o rara avis bélicas como “Guerrilleros en Filipinas” (1950). En todo caso, apúntame a la tendencia que considera las obras en cuestión como compendio y abstracción minimalizante de su obra anterior y, por consiguiente, fundamentales para entender la obra del gran Fritz Lang en toda su complejidad.

    2. misteriosoobjetoalmediodía Marzo 26, 2008 en 2:47 pm
    Cierto!
    Reconozco que es difícil apreciar el díptico en una primera visión, sobre todo porque a primera vista resulta artificial y aparentemente simplista. Como, por otra parte, puede pasar con Encubridora. Reconozco que no he visto aún Guerrilleros en Filipinas.
    Me pregunto que hubiera sido de Lang si en vez de recalar en la serie B le hubieran encargado proyectos A y hubiera dispuesto de presupuestos holgados.. ¿Habría sido el maestro del noir?

    3. Sakda Kaewbuadee Marzo 26, 2008 en 7:54 pm
    Un macao. 5 duros. Una tarde de domingo. Una pantalla enorme, con un vestibulo enorme. Un desquiciado programa doble abre las puertas de la percepción. El Zorro comparte piso con Wong Fei Hung. Maciste sale (por fin) del armario del tiempo. Una bailarina incendia la platea. Viene bien un ciclo así. No todo en el cine es intelectualidad.

    4. Sang Sattawat Abril 1, 2008 en 2:37 pm
    Le van a tener que decir a Apichatpong que ruede con rapidez porque va a acabar siendo condición, para escribir aquí, poner el título de una de sus películas, sí, hay excepciones al igual que vacas sagradas o ballenas jorobadas en todo sitio… Lo bueno, es que se puede poner cada título en tres idiomas diferentes, ¡Socorro!.

    5. misteriosoobjetoalmediodía Abril 1, 2008 en 7:20 pm
    Está en ello!
    En cualquier caso, ya le he enviado un correo con un link a este blog para que conozca de primera mano las pasiones que levanta por estos lares…
    ¿Qué te han parecido las colaboraciones? ¿Te animas?
    Por cierto, compruebo que Lang, El tigre y La tumba no te han interesado mucho, no?

    6. Sang Sattawat Abril 2, 2008 en 1:56 pm
    No…, sólo a la primera pregunta, y a la segunda tengo que contestar que en una se me prometió Nocilla, yo estuve allí -en la puerta y tengo testigos- pero ésta no llegó, o se derritió antes de que empezara. Y a la segunda no fui porque hay otras cosas que hacer… desde luego no es porque no me guste “ese tipo de cine”, además hay muy pocas oportunidades de verlo con gente, en una sala -no sé si añadir el calificativo “de cine” u obviarlo- como si todavía, y después de tanto tiempo, y de tantas cosas vistas, fuera cine de verdad (el que lo lea que subraye las últimas tres palabras, que yo no puedo).

    7. Sakda Kaewbuadee Abril 2, 2008 en 3:46 pm
    Me duele el alma. El glorioso nombre de mis antepasados, confundido con el vil título de una efímera obra cinematográfica……

    8. Sang Sattawat Abril 2, 2008 en 5:51 pm
    Perdone usted, desde luego no está en mi ánimo, ni lo ha estado comparar a sus antepasados con una película.
    ¿Efímero, fugaz, perdurable, eterno? Piensen en algo efímero, a mí se me ocurren muchas cosas a las que le aplicaría ese calificativo y sin las que me resultaría muy difícil vivir.

    9. Insertos – Orientalismo « Misterioso objeto al mediodía Abril 3, 2008 en 3:13 am
    […] del cine, al hilo de las entradas sobre la penúltima obra de F. Lang, El tigre de Esnapur/La tumba india, y de sus dos versiones precedentes (en 1921 y 1938), “Come on, baby, be my tiger“, un […]

  3. Xavier Sans Ezquerra dice:

    Me recuerda a la estética de las películas de Michael Powell y Emmerich Pressburger, un poco más malintencionada quizás.

  4. Muy interesantes los artículos sobre Jean Renoir. Tengo Boudú, salvado de las aguas pendiente de análisis. He comentado sobre Michael Powell en mi blog, proximamente comentaré sobre Fritz Lang, que me gusta muchísimo. ¿Me enlazarías? Yo haré lo mismo.

  5. peliculas dice:

    La película la vi en dvixonline y tambien se puede descargar alli

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