Ascensor para el cadalso (Ascenseur pour l’échafaud) – Louis Malle (1957)

Después de haber aprendido el oficio de cineasta junto a Cousteau en el mítico Calypso, y de ganar la Palma de oro en Cannes con el producto de aquellos viajes: El mundo silencioso (documental que sirvió de inspiración para la aventura de Zissou en Life aquatic -W. Anderson, 2004-), Malle participa como asistente del director junto a Bresson en Un condenado a muerte se ha escapado (1956). Con semejantes credenciales se convierte en uno de los “directores del momento”, sin embargo transcurren meses intentando poner en marcha un proyecto autobiográfico sobre “la historia de un estudiante que vive una pasión desgraciada” con poco éxito.

                               

Ante lo infructuoso de la tentativa, Malle, que recordemos proviene de una familia acomodada, (de tal forma que, preguntado en 1952 por L’Express: “¿Qué película haría usted si tuviera 100 millones de francos?, respondió: “Yo los tengo”), da el salto a la ficción y coescribe, dirige y financia (creando para ello su propia productora) la adaptación de una novela policíaca escrita por Noël Calef. La única condición que le imponen sus socios es que la película esté interpretada por Jeanne Moreau, esta imposición terminará redundando en beneficio de Malle, pues Moreau se convertiría en la actriz fetiche de su primera época (Los amantes, Fuego fatuo, Viva María); también repetirá cinco años más tarde protagonista masculino,  M. Ronet, en Fuego fatuo.

 

La película se inserta dentro de los cánones del policíaco, al más puro estilo de la novela y el cine negro norteamericano, a saber: un amor arrebatado, clandestino e imposible, unos amantes que se conjuran para acabar con la precariedad de su situación de manera expeditiva -p.e. Perdición (B. Wilder, 1944), o El cartero siempre llama dos veces (T. Garnett, 1946)-, la ambición, un plan perfecto que no tiene en cuenta el azar, el destino que se desenvuelve inexorable, la fatalidad que todo lo recubre (Atraco perfecto, S. Kubrick, 1956), un contexto social opresivo, corrupto y turbulento, los bares y locales nocturnos, la ciudad como telón de fondo, lugar de perdición, frío e inhumano (Rififí, J.Dassin,1955). Incluso en ella es posible rastrear ecos del cine más nihilista del F.Lang del final de su etapa americana: el falso culpable, lo absurdo de la violencia, la deshumanización de la sociedad, el automatismo de los resortes estatales. Tanto el comienzo de la película, seco y contundente, como la magnífica secuencia del asesinato, por un lado marcan la desolada pauta del film, y por otro, absorven de inmediato al espectador, dejándole a merced de los hechos consumados a la espera de su camusiano desenlace, tan fatal como inevitable.

 

La elección de una película de este género no resulta sorprendente si tenemos en cuenta que es en Francia donde se rehabilita la novela negra -considerada un género menor y objeto de seriales en revistas pulp-, dónde gana el atributo de noir -gracias a la magnífica colección “Série noire” dirigida desde 1945 por M. Duhamel en la editorial Gallimard-; y dónde se escriben (gracias entre otros a Japrisot, Giovanni, Le Breton, Jonquet, Malet y, sobre todo, Jean-Patrick Manchette) y realizan algunos de los más interesantes policíacos de la historia del cine en la segunda mitad del siglo veinte, dando lugar incluso a una variante propia, el polar. Entre ellos podríamos citar Touchez pas au grisbi (1954) o Le trou (1960), ambas de J. Becker, la filmografía de J.P. Melville -con El samurai (1967) como obra más destacada e influyente- o la de C. Chabrol, las incursiones de Truffaut (p.e. Disparen sobre el pianista, 1961), Godard (Al final de la escapada, 1959 o Alphaville, 1965), Claude Miller o B. Tavernier con la adaptación del maestro del hardboiled, J. Thompson (Coup de Torchon, 1981).

 

Buena parte de la atmósfera y el tono frío, distante y ascético del film viene logrado, a parte de por la magnífica fotografía de Decaë, por un elemento con entidad propia: la banda sonora compuesta por el legendario trompetista Miles Davis. Ascensor inaugura la fértil relación entre el Jazz y el cine, en su vertiente de cine negro, (el maridaje con el cine viene de antiguo, The jazz singer (1927) fue la primera película sonora), después vendrían D. Ellington en Anatomía de un asesinato (O. Preminger, 1959), Ch. Mingus y S. Hadi en Shadows (Cassavettes, 1959),  John Lewis de The modern jazz quartet en Odds against tomorrow (R. Wise, 1959), Martial Solal en Al final de la escapada (1959) o H. Hancock en Blow up (M.A. Antonioni, 1966).

 

 

Aunque la música siempre ha constituido un elemento esencial en el cine de Malle, al parecer la participación de Miles Davis fue fruto del azar. Davis, que estaba pasando una temporada en París en medio de una gira frustrada por Europa, contactó con Malle gracias a Juliette Greco. Con la formación constituida ad hoc para aquella mini gira (el pianista René Urtrager, el saxo Barney Wilen, Pierre Michelot al contrabajo, y el expatriado Kenny Clarke a la batería) crean la música de la película improvisando en dos sesiones mientras se proyecta simultáneamente el film. La banda sonora, una de las partituras más densas y sugerentes de la historia del cine, carece de un leit-motiv concreto; lo cual supuso un concepto innovador para la época. De las veinticuatro tomas que se realizaron en aquellas sesiones, finalmente diez pasaron a formar parte de la película. El grupo en sí tuvo una existencia efímera, vivió para realizar la grabación y apenas un par de conciertos en París y Ámsterdam, pero dejó como impronta indeleble uno de los discos más evocadores, míticos e importantes de la historia del Jazz.

——–

Francia, 1957, 92 min. Título original: Ascenseur pour l’échafaud; Director: Louis Malle; Guión: L. Malle y Roger Nimier (sobre la novela de Noël Calef); Productora: Nouvelles Editions de Films; Fotografía: Henri Decaë; Montaje: Leonide Azar; Música: Miles Davis.

Intérpretes: Maurice Ronet, Jeanne Moreau, Georges Poujouly, Lino Ventura, Felix Marten, Jean Wall, Yori Bertin, Elga Andersen, Ivan Petrovich.

6 respuestas a Ascensor para el cadalso (Ascenseur pour l’échafaud) – Louis Malle (1957)

  1. Un fan dice:

    Welcome back!!!!!

  2. J. dice:

    Muchas Gracias! He estado un poco ocupado.
    Por cierto, la película se proyecta el lunes 2 de junio en el CICCA a las 19:30 en LPGC.

  3. […] y la muerte se extiende incluso a la génesis de la propia película, Roger Nimier -guionista de Ascensor para el cadalso-, que iba a adaptar la novela junto a Malle, falleció en un accidente de tráfico poco antes de […]

  4. […] a Mario Silveri por mostrarme esto. Buscando jazz para un film noir me preguntó si había visto “Ascensor para el cadalzo”, una película de 1957 dirigida por Louis Malle. Sabido es que el término Noire se le puso al […]

  5. mourinhista dice:

    Magnífico Lino Ventura, padre de Clelia Ventura….

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: