Fuego fatuo (Le feu follet) – Louis Malle (1963)

 Me suicido porque no me quisisteis, porque no os quise, me suicido porque nuestras relaciones fueron cobardes, para estrecharlas, dejaré sobre vosotros una mancha indelebleDrieu La Rochelle – Le Feu Follet.

 

Tras rodar su primer guión original, Vie privée (1961), para su siguiente película, la quinta, Malle opta de nuevo por adaptar un texto ajeno, Le feu Follet, una novela corta escrita por Pierre Drieu La Rochelle en 1931. Tanto la novela como el film plasman las últimas jornadas en la vida de un suicida, Alain Leroy, personaje inspirado en la figura del poeta surrealista Jacques Rigaut, (uno de los suicidas -junto a Arthur Cravan, Julien Torma y Jacques Vaché- del movimiento Dada); el mismo Drieu La Rochelle se suicidaría en 1945. Curiosamente, la presencia del suicidio y la muerte se extiende incluso a la génesis de la propia película, Roger Nimier -guionista de Ascensor para el cadalso-, que iba a adaptar la novela junto a Malle, falleció en un accidente de tráfico poco antes de comenzar su trabajo.

 

Periodista, escritor y ensayista polémico y brillante, Drieu La Rochelle es el paradigma, junto a Céline, del escritor francés política e institucionalmente maldito, silenciado y postergado por sus ideas antisemitas y su vinculación con el régimen colaboracionista de Vichy. Drieu, tras participar y resultar herido en la I Guerra Mundial, rondó el movimiento surrealista llegando a declararse comunista. Hacia 1934, ahondando en su concepción irracionalista de la acción y de la exaltación del heroísmo y la nueva Europa se acerca a las tesis de Barrès, Maurras y Georges Sorel, lo que durante la ocupación le conducirá a colaborar con el régimen del mariscal Pétain, bajo el que dirige La Nouvelle Revue française. Tras la liberación, y a pesar de ser protegido por amigos como Malraux, se suicida cuando se entera de que se ha dictado una orden de arresto contra él.

 

 

Fuego fatuo comienza con unas miradas (como en Ascensor para el cadalso), una voz en off y una pareja en una habitación de hotel, sus conversaciones y sus silencios nos ofrecen un retrato del protagonista masculino, un ser sin esperanza, abatido, triste. Poco a poco ese retrato se perfila, comienza a desembarazarse con indiferencia de sus posesiones; vuelve a su guarida, el único lugar donde se encuentra a salvo, la clínica de Versalles donde desde hace cuatro meses se cura de su alcoholismo, en realidad vegeta, se extingue. Allí contemplamos la vacuidad y el hastío de su vida cotidiana, esa noche, antes de acostarse, Alain decide suicidarse al día siguiente. No obstante, antes de cumplir su palabra, con el fin de despedirse de sus amistades, hace una última escapada a París. En su nihilista y particular odisea al fin de la noche, primero visita a un amigo de su época gloriosa, al que encuentra casado, con hijos y viviendo una vida pequeño burguesa, Leroy le reprocha su comodidad y ausencia de riesgos, tachándole de mediocre.

 

 

Luego encuentra a una amiga, una artista, que vive rodeada de otros artistas en una torre de marfil, diletantes y adormecidos, ensimismados en paraísos artificiales, Leroy los abandona tildándolos de “vacíos”. La siguiente etapa le conduce al encuentro de dos hermanos, compañeros del ejército, que se han entregado en cuerpo y alma a la acción directa permanente, probablemente en la OAS, en esta ocasión son ellos los que le dejan. Por último, ya muy debilitado tras romper su abstinencia, recala en el palacete de unos acomodados amigos que ofrecen una cena a un selecto y mundano grupo de conocidos entre los que se encuentra un intelectual con el que también se enfrenta. Tras sufrir una crisis en la que confiesa su imposibilidad de sentir (in vino veritas), abandona la cena intempestivamente junto con un joven, trasunto de aquel que fue, con el que continúa su personal exorcismo. A la mañana siguiente, ya en la clínica, pone fin a su angustia permanente disparándose en el corazón.

 

 

Como ocurría en Ascensor.., la música de Erik SatieGymnopédies (1888) y Gnossiennes (1893)- es omnipresente, impregna toda la película y determina -en perfecta armonía con el tono del film– el estado de ánimo melancólico y triste del protagonista, proyectándolo en el sentir del espectador. Lo cierto es que, a pesar de la frialdad y la buscada falta de empatía o explicación clara y psicológica (lo que impide la identificación fácil con su protagonista), la película interpela directamente al espectador y lo confronta de forma lúcida con el sinsentido de la vida, de tal forma que resulta devastadora y su conclusión, el suicidio, resulta inapelable e indiscutiblemente justificado.

Película negra y pesimista donde las haya, en el sentido existencial del término, Fuego fatuo es la obra más desconocida y probablemente la más interesante y personal de su director, así como el mejor trabajo de su intérprete, Maurice Ronet que, en cierto modo, retoma alguna de las características del personaje de Ascensor.. (esta vez imbuido de la náusea sartriana). Es la crónica de una muerte anunciada, Leroy es un hombre que, después de haber exprimido la vida hasta las heces durante su juventud, es consciente de que la inmortalidad es una quimera, “la realidad” una mentira y la comunicación humana imposible (las similitudes temáticas con Antonioni son evidentes). No tolera adaptarse a una sociedad llena frivolidades, engaños y renuncias y, ante su manifiesta incapacidad para integrarse, mimetizarse o pactar consigo mismo y su nula voluntad de transigir, por su lejanía vital de todo (el dinero, los objetos) y todos (el amor, los amigos) no le queda otra salida más coherente que la autoinmolación.

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Francia, 1963, 103 min. Título original: Le feu follet; Director: Louis Malle; Guión: L. Malle (sobre la novela de Pierre Drieu La Rochelle); Productora: Nouvelles Éditions de Films; Fotografía: Ghislain Cloquet; Montaje: Suzanne Baron y Monique Nana; Música: Eric Satie.

Intérpretes: Maurice Ronet, Jeanne Moreau, Lena Skerla, Ursula Kluber, Yvonne Clech, Hubert Deschamps, Jean-Paul Moulinot.

5 respuestas a Fuego fatuo (Le feu follet) – Louis Malle (1963)

  1. J. dice:

    La peli se proyectará en el CICCA de LPGC el próximo lunes 16 de junio, a las 19:30..

  2. Fromm dice:

    Drieu de la Rochelle, con cuyas palabras comienza este texto, no se suicidó, ni mucho menos: se hizo nazi-fascista, quizá por no tener las agallas de matarse. Luego, lo fusilaron. Dicen que lloró ante el pelotón, como un cobarde.

    • Louco es fides dice:

      Después de la Segunda Guerra Mundial fue perseguido y vivió en la clandestinidad. Se suicida el 15 de marzo de 1945 con 52 años de edad, después de haber finalizado su “Récit secret”, donde dice: “Hice todo con plena conciencia, durante mi vida, de acuerdo con la idea que tengo de los deberes de un intelectual”.

  3. Fromm dice:

    (ficcionalmente, pues en realidad se suicidó)

  4. misteriosoobjetoalmediodía dice:

    La Rochelle junto con Brasillach (que sí que fue condenado y ejecutado) y Céline componen la nómina clásica de escritores filonazis franceses, lo cual no quita para que, al menos Céline, (el único de los tres que sobrevivió a la II G.M y a la depuración) sea el autor de una de las obras fundamentales de la literatura contemporánea: Viaje al fin de la noche.

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