Milou en mayo (Milou en mai) – Louis Malle (1989)

Por Las fieras de mis niñas

 

Mi mayor preocupación es que el espectador se olvide de que está en el cine. Por eso he prescindido de todos los efectos y me gusta que la cámara sea como un ojo sabio, bien guiado, que ve más que el ojo humano porque ella nunca se distrae ni parpadea. Louis Malle

                   

 

Si en algo coinciden críticos y estudiosos del cine es en clasificar a Louis Malle como un cineasta ecléctico, con una aparente ausencia de constantes de escritura, en la que coexisten todo tipo de obras. Quim Casas describe al realizador francés con precisión: “un excelente funambulista que sabe moverse por un alambre poco transitado […] hasta conseguir un todo compacto”. Esa y no otra era su voluntad, y así lo expresó en numerosas ocasiones, concibiendo cada película como una nueva aventura que debía satisfacer una curiosidad efímera, como si de un enamoramiento se tratara.

 

En esa trayectoria dominada por la voluntad de cambiar constantemente de estilo, se sitúa Milou en mayo, una refrescante sátira, poco acomodada y con pinceladas “buñuelianas”, que el director realiza entre dos densas películas: Adiós, muchachos (1987) y Herida (1992), ambas de amplia repercusión internacional. Esa búsqueda de nuevos retos en cada obra, no implica, bien al contrario, que Malle abandone las constantes de su obra, que siguen presentes en este retrato irónico de una familia burguesa reunida en su casa de campo con las revueltas de mayo del 68 como telón de fondo: la referencia a la infancia, la presencia de acontecimientos históricos, casi nunca explícitos, así como la revisión de tabúes y afectos familiares.

 

 

Milou en mayo se ambienta en la casa familiar de los Vieuzac, magníficamente recreada por Willy Holt, que Milou mantiene, a duras penas, porque ella simboliza la infancia, las raíces a las que no está dispuesto a renunciar. Este personaje, magníficamente interpretado por un Michel Piccoli, encarna, de hecho, una forma de vida que intentará defender frente a la ambición y la frivolidad de una parte de su familia. Pero este duelo no se produce de forma dramática, sino que el tono utilizado por el director nos lleva a transitar por secuencias cargadas de absurdo, humor negro e, incluso, derivas fantásticas. No cabe duda de que la participación de Jean-Claude Carrière en este guión contribuye a cargar las tintas en esa atmósfera que, en ocasiones, roza el surrealismo, no en vano fue guionista, con Luis Buñuel, de Belle de jour (1967), La Vía Láctea (1969) o El discreto encanto de la burguesía (1972). Baste mencionar la insólita secuencia inicial en la que Milou se dirige a las abejas en latín (¡con textos de Virgilio!) o las escenas que se desarrollan junto al lecho mortuorio.

 

Louis Malle se mantuvo en su día alejado de los convulsos acontecimientos ligados al mayo del 68. Esperó más de 20 años para ofrecer una peculiar mirada hacia este momento histórico, haciéndolo sin caer en la melancolía que sí caracterizó las visiones ofrecidas por otros cineastas de su generación. Se ha señalado que el director consigue convertir el hecho revolucionario en un trueno lejano, en algo que estallaba al margen del pequeño mundo de Milou, pero, de hecho, sí logra alterar de alguna forma su vida, y está presente constantemente a través de la voz en off de la radio, o por los mensajes de los personajes que se van involucrando en la historia (su sobrino Pierre-Alain o el matrimonio Boutelleau).  Esa revolución no tiene lugar sólo en las calles de París o del pueblo cercano, también se desarrolla en la mansión donde Milou debe afrontar la defensa de una forma de entender el mundo frente a la que quiere imponer su familia, encarnada en Camille, esa hija materialista, fría y sin escrúpulos. Milou sólo tendrá como aliadas a su nieta, su cuñada y su criada.

 

 

El tono desenfadado de la película permite a Louis Malle coquetear en la frontera de la moral burguesa, planteando gozosos intercambios sexuales entre distintos personajes. En algunas secuencias no duda en celebrar la sensualidad y la desinhibición, crear un círculo de felicidad, desprovisto de imposiciones y reglas. Destaca entre todas ellas el almuerzo en la hierba, que nos recuerda a Jean Renoir.

 

 

En lo que se refiere a la banda sonora de la película, como bien indica Pablo Bullejos en su página web, el jazz y las películas de Louis Malle tienen ese aire de ser algo conocido, pero a la vez marginal. En efecto, Malle era un apasionado del jazz y solía utilizarlo en sus películas, no sólo como banda sonora, sino como parte integrante de la narrativa, siendo los casos más destacados, Ascensor al cadalso (1957, con música de Miles Davis), y Lacombe Lucien (1974, de Django Reinhardt). Sin embargo en Milou en mayo, la música compuesta por Stéphane Grappelli, sólo acompaña al relato, especialmente en las secuencias más ligeras, a ritmo de ragtime. Este hecho hace que algunos estudiosos, de la obra de Malle, no incluyan este trabajo en esa estrecha relación entre el director y el jazz. El virtuoso Stèphane Grappelli, que consiguió incorporar el violín al mundo del jazz, fue compositor e intérprete de otra banda sonora original en su dilatada vida: Les Valseuses (1974), de Bertrand Blier.

 

“Yo tengo que borrarme, ponerme al servicio de la historia, encontrarle al objetivo el ángulo y la distancia adecuada para hacer más creíbles y vivos los personajes”, afirma este director, que se declaraba partidario de una cámara invisible.

 

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Francia/Italia, 1989, 108 min. Título original: Milou en mai. Dirección: Louis Malle. Guión: Louis Malle y Jean-Claude Carrière. Productor: Louis Malle. Producción: Nouvelles Éditions de Films (París) / TF1 Films (París) / D. M. V. Distribuzione (Roma) / Dania Film (Roma) / Ellepi Film (Roma). Coproductora: RAI 2. Fotografía: Renato Berta.  Montaje: Emmanuelle Castro. Música: Stéphane Grapelli. Dirección artística: Willy Holt. Intérpretes: Michel Piccoli (Milou), Miou-Miou (Camille), Michel Duchaussoy (Georges), Dominique Blanc (Claire), Harriet Walter (Lily), Paulette Dubost (Mme. Vieuzac), Bruno Carette (Grimaldi), Martine Gautier (Adèle).

Una respuesta a Milou en mayo (Milou en mai) – Louis Malle (1989)

  1. misteriosoobjetoalmediodía dice:

    Al que le interese, se proyecta el lunes día 30 de junio en el CICCA, a las 19:30!

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