La novia de Frankenstein (The bride of Frankenstein) – James Whale (1935)

Por Peeping Tom

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Los años 30 arrancaron con pésimo pie para Universal. Había sido el gran estudio más afectado por la depresión económica y también el que más tardó en recuperarse, registrando pérdidas anuales a lo largo de toda la década. El fracaso en 1930 de El rey del jazz (The King of Jazz, J. Murray Anderson, 1930) y Sin novedad en el frente (All quiet on the western front, L. Milestone, 1930), más económico que artístico (se dice que con la primera perdió un millón de dólares), empujó al nuevo jefe del estudio, Carl Laemmle Jr., a centrarse en productos de bajo presupuesto y duración, que se amortizaban en las ciudades pequeñas y entre las clases populares. El filón del cine de terror, abierto en 1931 por Tod Browning con Drácula (íd, 1931) y James Whale con El Dr. Frankenstein (Frankenstein, 1931), había supuesto una válvula de escape para las constantes exigencias financieras a las que se veía sometido Baby Laemmle durante su gestión. El público nunca parecía tener bastantes títulos de horror, y los sucesivos estrenos de El doble asesinato de la calle Morgue (Murders in the Rue Morgue, R. Florey, 1932), El caserón de las sombras (The old dark house, J. Whale, 1932), La momia (The mummy, K. Freund, 1932) y El hombre invisible (The invisible man, J. Whale, 1933) contribuyeron a mantener a flote a la compañía durante esos años sombríos. Era, pues, inevitable que desde 1931 se rumorease sobre el rodaje de una posible continuación a las peripecias del doctor Frankenstein y su criatura. Su protagonista, alzado ya a la categoría de estrella, había sido el actor londinense William Henry Pratt, más conocido por el nombre artístico de Boris Karloff.

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Karloff venía de rodar algunos de los grandes éxitos de la productora (su película Satanás (The black cat, 1934), junto a Bela Lugosi bajo la dirección de Edgar G. Ulmer, había sido la película Universal más taquillera del año anterior) y la compañía pretendía seguir capitalizando su nombre en una nueva entrega de las aventuras de la criatura de Mary W. Shelley, pero Whale no estaba convencido de la dirección que tomaban muchas de las adaptaciones que llegaban a sus manos y las venía rechazando de forma invariable. Laemmle tenía en altísima estima el talento del director, y de hecho lo consideraba uno de sus pocos asalariados con el suficiente talento para trabajar para una major, lo que lo convertía, de facto, en un privilegiado dentro del estudio. Pero la renuencia de Whale a hacerse cargo del proyecto llevó al productor a plantearse la posibilidad de que fuese otro director quien dirigiese la continuación (durante un tiempo, su título provisional fue “The Return of Frankenstein” y se entablaron negociaciones con Kurt Neumann, muy posteriormente director de La mosca (The fly, 1958) y Bela Lugosi como coprotagonista). Entre los nombres que se barajaron para encarnar a la nueva criatura, sorprende encontrar a Brigitte Helm (recordada sobre todo por su robótica María en Metrópolis (F. Lang, 1926) y Phyllis Brooks (una modelo neoyorquina), aunque finalmente la elección recayera en Elsa Lanchester, a la sazón esposa-tapadera del gran Charles Laughton, junto al que acababa de alcanzar un enorme éxito comercial y crítico con La vida privada de Enrique VIII (1933) de Alexander Korda.

 

Finalmente el guión de William Hurlbut pareció contentar a Whale, quien intentaba alejarse por todos los medios del encasillamiento como director de películas de terror y abordar otros géneros, aunque sin alcanzar casi nunca idéntico éxito de público. Una de sus principales demandas era un control artístico absoluto, algo realmente insólito en el Hollywood de los grandes estudios, que finalmente sería posible al hacer coincidir el rodaje con unas vacaciones europeas del magnate. Una demostración clara de la confianza que tenían los Laemmle y Universal en el éxito económico fue que el rodaje se prolongara 46 días, entre enero y marzo de 1935, con un coste final aproximado de 400.000 dólares, cien mil más que la anterior aventura del monstruo, que había llegado a recaudar 12 millones de dólares sólo en los EE.UU.

Además de retomar algunos aspectos del libro que habían quedado relegados en el film anterior (el encuentro con el ermitaño ciego, los homúnculos), la nueva adaptación se alza en un paseo por el amor y la muerte que potencia la imagen de la criatura como un ser solitario y despreciado por la sociedad, una crítica a la intolerancia (que es interpretada por muchos analistas como un canto a la tolerancia por parte de Whale, cuya homosexualidad nunca fue un secreto) y una relativa humanización de la imagen del Dr. Frankenstein, además de incorporar nuevos personajes que aportan novedad y equilibrio a la trama. Uno de los principales temores del director, y uno de los problemas habituales de las secuelas, era convertirla en una simple reedición amplificada, algo que afortunadamente consigue soslayar con talento. Como siempre en el cine de Whale, uno de los aspectos más destacables es la absoluta brillantez en todos los aspectos meramente formales, desde la planificación a la fotografía, pasando por la inquietante partitura de Franz Waxman. También reaparecen aquí los característicos toques de humor negro, rayanos en la farsa, que sirven de contrapunto a los momentos más angustiosos de la trama. Tras los habituales pases de prueba, el film fue recortado 15 minutos, desapareciendo secuencias enteras y subtramas -despojando de buena parte de su peso dramático a personajes como Karl- y añadiendo otras; algo, por otra parte, frecuente en el cine norteamericano.

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Se trataba de la primera continuación directa de un título anterior y su éxito propiciaría que pronto los restantes monstruos de la Universal (Drácula, la Momia, el Hombre Invisible) retomaran la gran pantalla, aunque, en la mayoría de los casos con presupuestos cada vez más exiguos, para acabar sumidos en las ciénagas de la serie B o de meros comparsas en vehículos humorísticos, antes de recuperar su grandeza perdida de la mano de la productora inglesa Hammer Films. Sin embargo, tal éxito no evitó que los Laemmle perdieran el control familiar sobre el estudio (Magnolia (1936), también de Whale, sería su última producción al año siguiente), con ello y tras las continuas interferencias de los siguientes gestores en la labor de Whale le llevarían también a abandonar primero Universal y, finalmente, la dirección cinematográfica.

8 respuestas a La novia de Frankenstein (The bride of Frankenstein) – James Whale (1935)

  1. Tomás dice:

    Encomiable y enciclopédico trabajo crítico el que lleváis desarrollando desde hace ya 15 meses. Un ejercicio muy sano y fértil. Mi enhorabuena.

    Tomás

  2. misteriosoobjetoalmediodía dice:

    Muchas gracias!

  3. Peeping Tom dice:

    Gracias por la modestísima parte que me toca.

  4. FF dice:

    Who the hell is Pepping Tom?

  5. Peeping Tom dice:

    Peeping…

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