La “generación de la televisión”

Por Miguel Ángel Pérez Quintero

 

Nouvelle Vague, Free Cinema… estas y otras etiquetas sirven para agrupar bajo un mismo paraguas a directores unidos por concordancias estilísticas, formales o, a veces, únicamente temporales. Es obvio que nadie se pone de acuerdo con cuatro amigos de la facultad para hacer el mismo tipo de películas y, encima, ponerle a su invento un nombre ad hoc. Bueno, Lars Von Trier sí, pero esa es otra historia. Sucesivas revisiones críticas o, en algunos casos, la oportunista reflexión del intelectual de turno van fijando la idea colectiva de que, efectivamente, ahí donde nadie se había percatado hay un movimiento diferente, una escuela a reivindicar. Y claro, hay que ponerle un nombre.

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Cuando los grandes estudios americanos vieron las orejas al lobo televisivo en los años 50, pusieron su pesada maquinaria a trabajar. Si la gente tiene una caja tonta en casa que les permite pan y circo sin moverse del salón ¿para qué demonios ir al cine? Ese fue el motor de los grandes formatos, las pantallas gigantescas y el rebrote del cine como puro y descomunal espectáculo de masas. Pero incluso en las madrigueras del gran mercado hay quien sabe conjugar en una misma frase los términos “dinero” y “arte”. Haciendo buen uso de aquello de “si no puedes con tu enemigo, únete a él”, se pensó que, fichando a los responsables creativos de esas emergentes producciones televisivas, se podría competir de igual a igual. Los ojeadores se lanzaron a por cualquier joven director que hubiese tenido cierta repercusión con sus trabajos televisivos y las aceras de Sunset Boulevard empezaron a llenarse de jovenzuelos con pinta de intelectual que cambiaron Hollywood a golpe de talento y a los que alguien con escasa imaginación llamó “TV Generation”.

 

¿Dónde comienza todo? No parece desencaminado decir que fue Delbert Mann con Marty (1955) el primero de aquellos directores que consiguió el éxito. De hecho, y hasta que Sam Mendes lo repitió con American Beauty (1999), Mann había sido el único director que con su debut ganaba el óscar. Adaptación de su propia versión televisiva de 1953, fue una película obscenamente barata (sus costes de publicidad superaron a los de rodaje) que se llevó también el óscar a mejor película, guión y actor, Ernest Borgnine.

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Este reconocimiento facilitó el aterrizaje de otros colegas de plató, forjados como Mann en los 40 y 50 a golpe de “Studio One”, “Producer´s Showcase”, “Playhouse 90” y similares productos televisivos. 1957 fue un año clave: John Frankenheimer se estrena con The Young Stranger (1957), Sidney Lumet deslumbra con la magistral Doce hombres sin piedad (12 angry men, 1957) y Martin Ritt consigue dos nominaciones a los BAFTA con Edge of a city (1957). Fue el preludio de una avalancha. Antes de que terminaran los años cincuenta llegaron los exitosos debuts de Arthur Penn con El Zurdo (1958) o Robert Mulligan con Matar a un ruiseñor (1960). Quizás el último de los grandes directores incorporados fue Franklin J. Schaffner quien a pesar de ser de los primeros en debutar en televisión (1948), alargó su estancia en el medio hasta 1963, cuando dirige a Joanne Woodward en The Stripper (1963). Tampoco deberíamos cometer la injusticia de no mencionar a George R. Hill o Stuart Rosenberg, a veces ninguneados frente a la magnitud de esos otros directores pero que también dejaron a lo largo de su carrera algunos golpes de talento.

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Vistos en perspectiva, y obviando la coincidencia de su origen, todos ellos, al menos en sus primeros pasos en el cine, aportaron aire fresco, miradas  nuevas y atrevimientos estilísticos ensayados en la televisión. Pero no estaríamos muy desencaminados si decimos que en el fondo cada uno de ellos era de una pasta diferente. Contrasta el clasicismo renovado de Mulligan frente a la visión libre y romántica que Mann tiene del neorrealismo. Y al mismo tiempo que Penn acomete su tarea con desmitificador romanticismo, Frankenheimer se convierte en un certero francotirador y Lumet en el azote de la conciencia americana. Quizás demasiadas diferencias, pero indudablemente, mucho talento, que, en algún caso (y me estoy fijando en Lumet), incluso ha llegado hasta nuestros días.

8 respuestas a La “generación de la televisión”

  1. Peeping Tom dice:

    Por ser completistas, aporto otro par de nombres que, desafortunadamente, han caído en el olvido, pero que deberían incluirse por derecho propio en la nómina de grandes nombres que contribuyeron decisivamente a la renovación estilística, temática e, incluso, estética del cine norteamericano desde finales de los 50. Por un lado, Ralph Nelson, quien debutara en 1962 con la adaptación para la pantalla grande de “Réquiem por un campeón” de Rod Serling (que ya había filmado en 1956 dentro de la antología televisiva “Playhouse 90”) y quien tras dirigir algunos grandes éxitos populares y críticos, como “Los lirios del valle” (Óscar a Sidney Poitier incluido), “Operación Whisky” o “Soldado azul”, vería como su carrera languidecía y moría en los años 70. Por otro lado, Fielder Cook, quien tras debutar muy tempranamente con la excelente “Patterns” en 1956, casualmente (o no) también basada en un excelente texto previo de Rod Serling (creador de “The Twilight Zone”, nada menos) para Kraft Television Theatre, apenas incursionaría en la gran pantalla, aunque cabe recordar aquí su divertida “El destino también juega”.

  2. misteriosoobjetoalmediodía dice:

    Eres enciclopédico!
    De Nelson sí que he visto alguna peli, pero Cook es un completo desconocido para mi, sin embargo Patterns tiene buena pinta.

  3. Peeping Tom dice:

    Para algunas cosas (bueno, en realidad para muchas) soy extremadamente quisquilloso. Tuve la suerte de ver “Patterns” en uno de esos añorados Cine-club de madrugada y me sorprendió muy agradablemente, además de contar con dos secundarios excelsos, Ed Begley padre y Everett Sloane. Un poco en la línea de “La torre de los ambiciosos” (Executive Suite, Robert Wise, 1954), un huis clos muy adecuado para el escaso presupuesto, la limitación de personajes y lo escasamente ramificado de la trama. Cook apenas dirigió media docena de largometrajes cinematográficos. El último de ellos la inédita en cine (pero editada tiempo ha en vídeo) “Seize the Day” (1986) con Robin Williams, pero fue todo un destajista de la televisión durante cuatro décadas. Sin embargo, conviene recordar que fue de los primeros en dar el salto (un año después que Mann, pero antes que el resto del grupo), si bien su huella ha sido efímera.

  4. Fit-0 dice:

    ¿Péro quién diablos es Peeping Tom?

  5. Peeping Tom dice:

    Aparte de una obra maestra de Michael Powell, es la película más sórdida y desasosegante jamás filmada, y la mayor influencia cinematográfica de Scorsese. También esconde (no demasiado bien, todo hay que decirlo) la pluma (¿se puede decir pluma cuando lo que se hace es teclear?) de un cinéfilo impenitente.

  6. misteriosoobjetoalmediodía dice:

    Aparte de ser un asiduo colaborador y comentador del blog; como reconoce él mismo, también es una estupenda peli de Michael Powell.

  7. alejandro bedon dice:

    Qué mamera todos nerds hay .l.

  8. […] Penn formaba parte de la denominada Generación de la Televisión, junto a Delbert Mann, John Frankenheimer, Sydney Lumet, Martin Ritt, Robert Mulligan, Franklin J. […]

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