Festival de cine de Las Palmas: Yuri’s Day (2008)

Simbolismo y crítica ideológica

Por Amaury Santana

La película rusa Yuri’s Day se erige como una de las principales favoritas al premio dentro de la sección oficial. Varias son sus virtudes.

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La historia cuenta la visita de una famosa cantante de ópera y su hijo a su ciudad natal: una remota región rural rusa. Tras visitar un museo el hijo desaparece misteriosamente. La mujer se verá obligada a permanecer en la zona esperando lograr encontrar al muchacho.

Yuri’s Day, sin embargo, es mucho más que una trama detectivesca. En un otro plano simbólico se siente un grito desgarrado ante la situación social y política del país. Sin caer en la abstracción, la metáfora queda entremezclada de manera armoniosa con la narración aportando continuamente nuevas lecturas de los sucesos.

Una visión crítica que habla de la fractura entre dos mundos, la ciudad vanidosa y la periferia olvidada; pero también de dos épocas, el nuevo capitalismo deshumanizado y el pasado dictatorial de la supervivencia. El hijo llega al pueblo con un zapato diferente en cada pie, la madre se echa a reir. Estar con un pie en cada mundo ¿cuál de los dos caminos es el que hay que tomar? El antagonismo se hace insalvable, “mejor dejar enterradas las bombas”, le dice una mujer del pueblo a la protagonista.

Este retrato de la realidad rusa se plantea complejo y rico. Un conjunto de temas irán apareciendo bajo ideas precisas que, en general, muestran la decadencia moral de su sociedad.

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Su director, Kirill Serebrennikov, proveniente del teatro -como se puede constatar en la magistral dirección de actores-, parece estar bastante preocupado en encontrar una solución para reconciliar presente y pasado. Casi desde un punto profético y con profunda decepción hacia el estado actual de las cosas, la madre esperará la llegada de ese hijo perdido que representa el futuro.

Sin caer en la propaganda política, también se vislumbra cierta nostalgia hacia los valores de la colectividad socialista. Inquietante último plano en donde la cantante evita su papel de vocalista solista para que el conjunto del coro de la ciudad sea la voz principal.

Un compromiso a través del arte que puede plantear cuestiones parecidas a las del movimiento de cine soviético a principios del siglo pasado. En aquel entonces trabajos como Octubre (1927) y El Acorazado Potemkin (1925) de Eisenstein, buscaban en las capas populares un público objetivo sobre el que crear conciencia social y mantener la ideología soviética. Luego resultaba que ese cine no se entendía a causa de su excesivo simbolismo visual y la gente se levantaba antes de que la película acabase.

Salvando las distancias, pues la propaganda política en la propuesta de Serebrennikov no resulta una prioridad, sí que permite pensar sobre si su simbolismo en la narrativa, además de buscar lo estético, será suficientemente accesible como para que su mensaje crítico llegue.

Una respuesta a Festival de cine de Las Palmas: Yuri’s Day (2008)

  1. […] en la última sesión Yuri’s day (22:15), según parece, una de las obras más interesantes a concurso en la sección oficial, De […]

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