Festival de cine de Las Palmas – Entrevista a Luis Miranda y Antonio Weinrichter

A propósito del cine

Por Amaury Santana

Esta es la entrevista que realicé para ACN Press con el responsable de la organización del Festival de Cine de Las Palmas de G.C., Luis Miranda, y con el coordinador general, Antonio Weinrichter. El objetivo era hablar de cine y no sobre el Festival. Al principio no resultó fácil. Era como si los propios entrevistados tuvieran ya un discurso preparado frente a las críticas que repetidamente hemos leído en la prensa local sobre esta edición. Por esta razón la entrevista comienza sin pregunta.

 Afortunadamente y para satisfacción de los tres, pudimos ir dejando a un lado todas estas cuestiones tan circunstanciales y empezar a debatir sobre la evolución del séptimo arte.

“¿Para qué medio dices que eres?”, preguntaban ellos ante el giro de la conversación. Por razones obvias, la entrevista se publicó en una versión muy reducida. Ésta es la versión completa de la conversación.

Como reflexión de fondo está el lugar del cine en nuestra era. Un agudo análisis de alguien cercano aviva el debate: en la era postmoderna la reflexión política se ha refugiado en el campo de la estética. Podríamos hablar de una crisis de ideas. Aplicado al campo del cine, aparece una tendencia a experimentar con la forma, con lo estético, revolucionar los códigos cinematográficos y a reflexionar el cine a partir de ahí. El Festival de Cine de Las Palmas no oculta su compromiso con este estilo.

Entre tanto placer de lo plástico ¿no nos habremos olvidado de que el cine es también lo que nos cuentan? ¿Será cierto eso de la crisis de ideas en relación a las historias?

Sólo me queda agradecer a los entrevistados por este encuentro.

Luis Miranda. (Sobre la edición de este año) Es cierto que no tenemos la estructura organizativa de otros años. También eso ha provocado aciertos que se mantendrán en futuras ediciones. Me refiero, por ejemplo, a la proximidad de restaurantes a los cines o al número de invitados por película. En general, se ha creado un ambiente más de gente dedicada al cine.

Por otra parte, en relación a los contenidos, no ha habido problemas en la programación a causa de las reducciones presupuestarias.

Antonio Weinrichter. Los propios participantes de los ciclos que son gente que han estado otros años, han coincidido en que no ha mermado la calidad de los contenidos.

¿No se conseguiría más ambiente de cine si continuásemos reduciendo el número de estrellas?

AW. Las estrellas permiten la repercusión mediática del festival. Si no, se convertiría sólo en un evento cultural y posiblemente se le destinaría menos presupuesto.

Durante una semana, el Festival de cine proyecta una cantidad abismal de cine no comercial, cuando acaba, volvemos al desierto. La Filmoteca Canaria sólo proyecta una película a la semana y apenas contamos con el Monopol para ver filmes más arriesgados. Antes esta falta de continuidad ¿creen suficiente la semana del Festival para que se cree una cultura cinematográfica en Canarias?

LM. El carácter de evento trae problemas propios como es el de su corta duración. También es cierto que si la programación se mantuviese durante el año luego la sala en el festival no se llenaría. El concepto de evento es fundamental.

Por otro lado, hay que tener claro una diferencia entre festival y sala de exhibición. Los festivales se han convertido en los circuitos para lo que antes se llamaba cine de arte y ensayo. Se proyecta un tipo de cine que no sale de los festivales. La película de festival ya no salta luego a la sala de cine. Tan sólo podamos contar con la excepción de Cannes.

Los Festivales son, no ya una plataforma de lanzamiento, sino el circuito donde esas películas viven. Sin esos festivales esas películas no se verían.

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Pero sin esa continuidad durante el año ¿se conseguirá relacionar a la gente con este tipo de cine cuando llega el Festival?

AW. Yo creo que sí por causa de este factor evento. Si esos mismos títulos se proyectaran fuera de esa semana, no tendrían tanto público. La experiencia demuestra que se consume este cine por el hecho de estar reunido dentro de un evento concreto.

Lo mismo pasa con el Womad. Vienen grupos casi desconocidos y el público acude. Esos mismo grupos tocando durante el año no tendrían tantos espectadores.

LM. Además, hay que ser honestos con el cine que se está haciendo ahora.

AW. Este cine es la continuación de los cambios formales que se empezaron a producir en los 60. Para hacer que la gente viniera más ¿deberíamos empezar entonces a proyectar a Godard como labor preparatoria?

LM. Proyectamos una diversidad y no una hipotética vanguardia que ni siquiera creo que exista. Esta programación no es tan dura como la de otros festivales de prestigio como Rotterdam o Locarno.

AW. Cuando proyectamos películas como Andarilho no sabemos si será un clásico de la modernidad o algo que caerá en el olvido. Eso no se puede saber. Pero su presencia en otros tantos festivales nos impulsa a proyectarla aquí.

LM. Desde luego el cine de festivales es esto. Con la misma voluntad de experimentación y de búsqueda. El cine argentino de festivales es el que se ha programado en el ciclo Historias Extraordinarias y no el de Campanella o Sorín que es el que llega a las pantallas comerciales. La clave para un festival es pensar en que no hay públicos sino espectadores.

Se observa una evolución cinematográfica en la sección oficial del año pasado con este. De un cine mucho más plástico y preocupado por lo formal se vuelve a recuperar el peso de lo narrativo.

AW. Es cierto, que cuando fuimos a Locarno este año nos dimos cuenta de que volvía la narración. El cambio se debe a este síntoma más general del panorama internacional. En Cannes, por ejemplo, la tendencia era la de películas que mezclaban documental y ficción. Nuestra sección oficial recoge estas dos tendencias. No es una voluntad de corrección de ediciones pasadas sino un síntoma de lo que hay.

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¿A qué atribuís esta evolución?

LM. Es todavía muy pronto para saberlo. No olvidemos que esa tendencia plástica es la que lleva dominando varios años el panorama. El cine asiático fue uno de los cauces más productivos para ese estilo. Hace casi 10 años o más en el que este tipo de cine contemplativo comenzó a inundar los festivales. Nosotros empezamos reflejar esa tendencia hace cuatro años.

Sin embargo, da la sensación de que este año no han surgido obras tan relevantes de ese tipo. Por el contrario, tenemos películas como Um amor de perdiçao o Yuri’s Day donde lo textual y la palabra cobran mayor peso, son obras más novelescas.

¿Ese regreso de la narrativa puede venir bajo la crítica a la postmodernidad? Casos como la película rumana de la sección informativa Pescuit Sportiv, o la propia Yuri’s day, son buenos ejemplos.

LM: No creo que exista una contradicción entre una forma contemplativa y la crítica. Un cineasta como Jia Zhangke está absolutamente preocupado por la historia de la China reciente. Su cine, en cambio, sobre todo en sus anteriores películas, son muy observacionales.

La cuestión es si bajo tanta expetiencia formal, la crítica y la reflexión se hace profunda en el cine actual.

LM: Tomemos como ejemplo Andarilho, lo que vemos ahí es un tiempo diferente, el del desahuciado, que no es el tiempo reglamentado de la sociedad productiva, ni de la ficción. Buena parte de las experiencias críticas de los sesenta consistieron en desmontar la capacidad productiva del tiempo.

 AW: Un tipo clásico de película moderna de los sesenta es sacar un tipo que no haga nada. En una película clásica John Wayne debe llevar unas reses a Montana y pese a todo lo consigue. En un caso de cine moderno, John Wayne probablemente no llegue a Montana, probablemente nunca salga ni existan las reses. Es decir, se trata de la inacción como contestación al pulso de la acción del cine clásico. David Bordwell habla de que la principal diferencia entre cine clásico y moderno no es formal sino narrativa. En el cine moderno se pierde un impulso que cuente una historia. El cine moderno cuestiona que la narrativa conduzca todo.

En cualquier caso, la tendencia hacia lo estético hace que el discurso cinematográfico sea más leve en lo narrativo.

LM. De lo que se trata es recuperar el cuerpo para la imagen, no utilizar el cuerpo como pretexto para exponer una tesis. Esto es lo que trata de evitar la contemporaneidad; también en un sentido político. Se evita una narrativa clásica de unos personajes con los que te identifiques dentro de un drama con una solución tranquilizadora.

Por ejemplo, la última película de Gus Van Sant, Harvey Milk. Es una película política de izquierdas en el sentido liberal americano. Y formalmente reaccionaria. Tiene un héroe, Milk, que será gay, pero es John Wayne. El cine homosexual americano de esa época era mucho más radical. Sant, puede hacer ahora una película liberal progresista bienpensante cuando antes hacía un cine contemplativo formalmente radical.

¿Y te resulta más efectivo ese cine radical formal como vehícula para la crítica política?

LM. Como normalización de un discurso bienpensante de izquierda resulta más efectivo una película como Milk. Como forma de cuestionamiento radical, sin duda, Gerry o Last Days.

AW. A lo mejor la efectividad no es algo propio del cine. Como vehículo de ideas tal vez resultaba más funcional poner el busto de un especialista hablando de un tema. Lo específico del cine es otra cosa.

LM. El cine es más. Es un arte vivo que busca formas. 

A lo largo de este viaje por el cine moderno, ¿a dónde hemos llegado? ¿Hemos mejorado la eficacia de un mensaje cinematográfico?

LM. Es peligroso pensar que el cine sirve para enviar mensajes. Entonces el cine es sólo un medio de transmisión. El cine se ha podido denominar arte porque ha podido producir formas de imaginar. Si no sería como un objeto ya terminado que utilizamos para enviar mensajes como se utiliza un fax. Si se ve el cine que ponemos en el festival sólo como un vehículo de mandar mensajes, la gente se va a despistar mucho. El diálogo que mantiene las películas que ponemos es sobre todo un diálogo con la propia historia del cine. Se trata de explorar el propio medio.

AW. Todavía es pronto para valorar los hallazgos del cine actual. En la época de Brian de Palma y Robert Altman despuntaba también gente que rompía el cine clásico y sin embargo han desaparecido. Por eso, como no lo sabemos, programamos lo que creemos que aporta algo y el tiempo ya dirá.

8 respuestas a Festival de cine de Las Palmas – Entrevista a Luis Miranda y Antonio Weinrichter

  1. John Wayne Gacy Jr. dice:

    De lo que se trata es recuperar el cuerpo para la imagen, no utilizar el cuerpo como pretexto para exponer una tesis. Esto es lo que trata de evitar la contemporaneidad; también en un sentido político. Se evita una narrativa clásica de unos personajes con los que te identifiques dentro de un drama con una solución tranquilizadora.

    Por ejemplo, la última película de Gus Van Sant, Harvey Milk. Es una película política de izquierdas en el sentido liberal americano. Y formalmente reaccionaria. Tiene un héroe, Milk, que será gay, pero es John Wayne. El cine homosexual americano de esa época era mucho más radical. Sant, puede hacer ahora una película liberal progresista bienpensante cuando antes hacía un cine contemplativo formalmente radical“.

    Pasaba por aquí y después de leer la entrevista estoy dándole vueltas a la cuestión de la forma y el fondo. No sé si termino de entenderlo. ¿Es necesario separar una cosa de la otra? ¿Tienen que divorciarse?

    Creo que el objeto de una película es contarnos una historia -con moraleja o sin ella, eso queda al criterio del autor-. Más allá de criterios estéticos o formales, se trata de que lo que se nos cuenta nos enganche; ya sea por que nos conmueva, nos inquiete, nos enamore o nos incomode. Me da exactamente igual qué medios se empleen; lo importante siempre será el fin. Independientemente de que me cuentes una historia a la manera de John Ford o a la de David Lynch, lo que cuenta es que funcione y, para que lo haga, es importante tener el talento suficiente para desarrollarla.

    Por cierto, no he visto “Harvey Milk”, aunque la idea de un John Wayne gay tiene algo de inquietante (pienso en la reputación del difunto actor). A pesar de que no me entusiasman las historias “con mensaje” o con “soluciones tranquilizadoras”, hay grandes películas que responden a este patrón; lo único que las diferencia de panfletos infumables es el talento. Creo que lo mismo reza para el cine “experimental” (¿o debería decir “formalmente progresista”?).

  2. error flynn dice:

    No sé dónde pone que el objeto de una película es contar una historia. Creo que eso tiene más que ver con la narrativa literaria, la novela, etc.. El cine, afortunadamente, es mucho más que éso; es imagen en movimiento, normalmente sobre una pantalla. Reducir el cine a “contar una historia” es empobrecer un arte cuya naturaleza aun está por descubrir.

  3. misteriosoobjetoalmediodía dice:

    Efectivamente, la particularidad del cine es ser imagen en movimiento (también imagen-tiempo), verdad -o mentira- a 24 fotogramas por segundo (aunque esta última fórmula, con el digital, esté quedando obsoleta).

    En el cine, como en el arte o en la literatura, hubo un momento en que se abandonó el sentido, la narratividad.. O mejor, casi desde los comienzos del cine se experimentó con lo que le es propio: la simple imagen (p.e. Richter, Duchamp o Man Ray). Lo ideal es que haya un equilibrio entre fondo y forma cinematográfica, entre lo que se cuenta, si se cuenta algo, y cómo se cuenta.

    Muchas gracias por los comentarios.

  4. Lo bueno del cine es que en él cabe todo, como se está demostrando, y lo malo siempre viene del exterior, es decir, de los prejuicios de las formas únicas y de los dogmas (de los hacedores y de los visionadores). En mi caso necesito un poco de todo y en dosis bien administradas; admiro a los que narran de forma más clásica con pulso maestro, y admiro a los que abren nuevas narrativas con cariño, respeto y rigor (y sin dogmas enfermizos).

  5. John Wayne Gacy Jr. dice:

    Por matizar un poco el comentario que hice el otro dia, cuando hablaba de “contar” no me refería sólo a la manera clásica de contar una historia con argumento, nudo y desenlace. Hay muchas maneras de narrar y, desde luego, no quería decir que el cine se reduzca a ser un vehículo para poner imagen a un relato. Evidentemente las maneras de narrar son distintas en el cine y en la literatura, si no las películas basadas en libros no se “adaptarían”. Quizá no es necesaria una “historia”, pero las imágenes proyectadas en la pantalla siempre nos cuentan algo con independencia del sentido o de la narratividad. A mi modo de ver, la imagen no tiene nada de inocente ni de neutro y, por incomprensible o falta de sentido que parezca, una película del estilo de “Inland Empire” (por poner un ejemplo) me está contando algo. Incluso las filmaciones de Andy Warhol -si se les puede llamar cine, que no lo sé- cuentan algo -a pesar de la falta de guión o algo que se le parezca- aunque sólo fuera acerca del ego o del esnobismo del autor. O quizá era un genio, no lo sé.

  6. misteriosoobjetoalmediodía dice:

    Coincido contigo en que la imagen no tiene nada de inocente ni de neutro (tampoco el montaje) y con David al desterrar los prejuicios y las ideas preconcebidas a la hora de afrontar -o enfrentarnos- a una obra audiovisual (o de cualquier tipo).

  7. […] la corporación anterior. Lo triste es que alguna de estas razones no deja de ser cierta y, como se ha reconocido (doblemente triste), sin invitados no hay […]

  8. Major Tom dice:

    But the film is a saddening bore for she’s lived it ten times or more. She could spit in the eyes of fools as they ask her to focus on.

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