Festival de cine de Las Palmas 2009 – Balance

Transcurrida más de una semana desde la conclusión del Festival, tras reposar y ordenar la sobredosis de cine, imágenes y estímulos recibidos, es el momento de recapitular y escribir unas líneas a modo de epílogo (esperemos que no se conviertan en epitafio).

emblema-festival

Este año, nos guste o no, el devenir de la presente edición ha venido marcado, lógicamente, por las noticias sobre su supervivencia y su continuidad futura. No olvidemos que unos días antes de su inauguración, cuando el Festival debía celebrar sus diez años de vida y, a pesar de contar con la programación a punto y cerrada (aunque, como es habitual, no publicada), estuvo al borde de su cancelación por falta de liquidez; eso sin contar los impagos que aún subsisten correspondientes a ediciones anteriores. Así, hemos asistido al Festival más austero, turbulento y decisivo de su corta historia, todo ello pese a las eufóricas declaraciones realizadas tras concluir el pasado certamen y a otros varios desatinos (como la concesión oportunista del Lady Harimaguada a Javier Bardem, anunciada a bombo y platillo tras ganar el oscar). La causa de este caos: desde la inmediata, achacable a la existencia de unos presupuestos municipales prorrogados, a la pura y simple improvisación (la falta de previsión, de una estructura propia y estable, así como de una verdadera planificación político-estratégica constituyen el mal endémico del festival), pasando, quizás, por el cálculo del coste político-mediático que suponía la celebración del festival en estos tiempos de “crisis” (no nos engañemos, la imagen del festival en la percepción popular se reduce a diletantismo inane, mero snobismo, a unas galas de inauguración y clausura de pura exhibición del supuesto quién es quien local y a invitados de saldillo; en definitiva, a un dispendio obsceno y superfluo) en conjunción con una cierta alergia -o desinterés- por parte de la actual junta de gobierno municipal (o parte de ella) respecto de un evento engendrado por la corporación anterior. Lo triste es que alguna de estas razones no deja de ser cierta y, como se ha reconocido, el caso -doblemente triste- es que sin invitados no hay repercusión.

 

 

Como señalamos desde aquí al comienzo del Festival, nos congratulamos con la (obligada) política de austeridad y el nuevo formato más reducido y menos vistoso, siempre que ello contribuya a centrarnos en aquello que resulta esencial en un festival de cine, el propio cine; esto es, el contenido, la calidad y coherencia de la programación, aunque por el camino se pierdan también cosas buenas (libros editados, ciclos –Guimaraes, Klotz– o suplementos en Cahiers). Y en este sentido, (a pesar del -esperemos- puntual desastre económico y de la habitual dosis de improvisación) el Festival ha ofrecido nuevamente un catálogo serio y exigente de filmes que continúa por la senda trazada hasta el momento con acierto; si bien este año más centrado en Sudamérica (Argentina y Brasil), en detrimento del cine asiático, con guiños al cine clásico (En tránsito) y -como siempre- preocupado en mostrar las diferentes facetas del cine documental y su connivencia en tierra de nadie con la ficción. Precisamente, este último es, a mi juicio, el leit motiv que secreta y silenciosamente recorre casi todas las secciones y retrospectivas del Festival, desde las más evidentes (Craig Baldwin, D-Generaciones II, El cine piensa en arte), a otras más insospechadas, como la Informativa (24 city, Z32, Waiting for Sancho) o En tránsito (Relámpago sobre el agua, Berlín 10/90) e incluso salpicando a la siempre más amorfa y desequilibrada Sección Oficial (Aquele querido mes de agosto, Ich bin Enric Marco).

 

 

Este año, además de las películas esperadas, que han resultado expectativas satisfechas (24city, 35 rhums, Un conte de Nöel, La frontière de l’aube), la sorpresa ha venido del cine argentino, no tanto por los conocidos Lisandro Alonso y Lucrecia Martel, sino de parte de Mariano Llinás y su inconmensurable Historias extraordinarias (incluso Balnearios y su episodio de Nuevo cine mudo argentino), así como de Gustavo Fontán con La orilla que se abisma. Fuera de esto, y no habiendo podido asistir (imperdonablemente) a ninguna de las proyecciones auspiciadas bajo la denominación El cine piensa en arte, lo más interesante han resultado perlas sueltas como El cant dels ocells, Waiting for Sancho, De bruit et de fureur o Manji (incluso Der Verlorene) y por supuesto la retrospectiva dedicada a Craig Baldwin.

 

En definitiva, el Festival ha sabido mantener el tipo en un año complicado, que le ha cogido con el paso cambiado, cuando lo que se esperaba era su eclosión; en cualquier caso, la pasada edición, con los “puntos calientes” y ciclos como “Direct cinema“, “Cineastas frente al espejo”, “Naomi Kawase” y “Reescrituras” era muy difícil de superar. Por esta razón y porque los rastrillazos siguen siendo esencialmente los mismos año tras año, viniéndoles además incluso de la prensa local, generalmente contemporizadora y complaciente, me remito a los que ya expresé aquí el año pasado.

Una respuesta a Festival de cine de Las Palmas 2009 – Balance

  1. […] puso su maquinaria en marcha con la vista puesta en el año próximo. Como adelantamos al final de la pasada edición y aunque a algunos, confundiendo el tocino con la velocidad, les haya parecido nefasto (sobre todo […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: