El cant dels ocells – Albert Serra (2008)

Por Juan A. Miguel

 

Prefiguración de los Reyes Magos

 

Los límites del alma no los encontrarás andando cualquiera que sea el camino que recorras, tan profundo es su logos. Heráclito.

 

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Del paisaje se ha dicho que es un estado del alma. Ante el paisaje el ojo ve para que el alma sienta, la geometría se prolongue en emoción y la Naturaleza despierte sentimientos que sólo en apariencia se revisten de agua y tierra, de aire y fuego, de todos los elementos.

 

Las grandes deidades de la naturaleza a las que estaban consagrados los más bellos paisajes eran, también, las que mejor sirvieron en la religión antigua para representar el sentimiento y la emoción, incluso el frenesí y el delirio, sin que faltase en ellas un punto de extrañeza, de inexplicable geometría.

 

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Albert Serra sigue a tres pintorescos Reyes Magos en su camino hacia el portal de Belén, donde les esperan unos extremadamente inactivos María, José, el Niño y un cordero. Tras la visita, mientras suenan las notas de El cant dels ocells de Pau Casals, los tres Reyes emprenden el camino de regreso. En medio de este paréntesis transcurre la película en la que el fin no es lo que importa, sino la pura errancia como camino. En este caso, el viaje no es un itinerario físico, sino un viaje simbólico por los confines del conocimiento mítico (Ángel Quintana, Cahiers du cinéma España, mayo 2008). Serra convierte el cine en un experimento onírico, poético, cómico incluso, con un programa de investigación cultural y hermenéutico destinado a juguetear con los relatos centrales de la civilización occidental (por aquí pueden venir las influencias de Straub & Huillet).

 

 

En esta película, a diferencia de Honor de caballería (Honor de cavalleria, 2006) su anterior film, el equilibrio entre el amateurismo y lo sublime se rompe hacia lo segundo, pues sus imágenes parecen gestadas en otra dimensión, en la intersección en la que el extremo naturalismo se cruza con una extrema abstracción lírica que gravita en la composición de los planos (el plano final es elocuente en este sentido). Los paisajes telúricos que filma Serra con maestría son los que marcan el ritmo del relato, un ritmo conseguido en el montaje, un montaje que bien podría haberse alterado sin que la película se hubiera resentido lo más mínimo. Serra filma los paisajes y las cosas bellas y a la vez hace bellas las cosas que filma.

 

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El estilo pictórico de Serra, con un preciso trabajo del blanco y negro digital en estado puro, muy garreliano, sin ningún matiz, eclipsa a unos personajes sin ningún tipo de envoltura psicológica, vaciados de todo contenido, lo contrario que los personajes de Pasolini (otra clara referencia de la película) a los que filma de cerca, a ras de piel. Serra les da distancia, se aleja de ellos, a la vez que les prefigura les somete a una comunión con la naturaleza que les llevará a la abstracción. 

 

Si miras atentamente, verás muchas cosas… A veces la belleza asusta, afirma uno de los protagonistas.

 

Sabias palabras.

5 respuestas a El cant dels ocells – Albert Serra (2008)

  1. J. dice:

    A algunos Serra les puede parecer, en el mejor de los casos, un iluminado, a otros, un estafador, pero lo cierto es que El cant dels ocells es una de las mejores y más arriesgadas películas españolas del año pasado.

    La naturaleza, el paisaje tremendo y apabullante, la importancia del paseo, del simple devenir, la sonoridad del silencio (o más bien del sonido ambiente), el contraste con unos personajes “singulares” en permanente tránsito, con un discurso más bien trivial, los momentos bressonianos en Belén, conforman un todo subyugante e hipnótico. La escena final, la despedida en el crepúsculo desde la distancia, es increible.

    La película gana con un segundo visionado y con el documental de Peranson, Waiting for Sancho.

  2. jesus cortes dice:

    Pude ver esta película, por fin, la semana pasada en un viaje al extranjero y es muy curioso cómo es percibida por un público no español. Imagino que Serra o Guerín no rodarían de no ser por esa parte de audiencia foránea, que tienen el respeto y la curiosidad como educación.

    Es un gran trabajo de texturas y de montaje, sólo encontré menos satisfactorio el elemento que Serra curiosamente parece que prima, el trabajo con los actores; creo que se confía demasiado al “a ver qué pasa” y esto le traerá problemas a poco que se aleje de un contexto mítico y de sobra conocido.

  3. Tomás dice:

    Tengo unas ganas tremendas de verla, con esa imprenta visual de El séptimo sello, la irreverencia e insolencia de su autor, el texto de más arriba.

    Saludos

  4. María-José del Rio dice:

    Yo sólo sé que me he quedado colgada de esta peli sin saber nada de ella. Después de tanto cine y tanta imagen, de pronto algo te golpea y te clava en el sofá. Sabes que es lentísima, que se han hecho ya mil experimentos de este tipo: el blanco y negro, los escenarios vacíos, el sonido y la luz naturales, los personajes estáticos y lentos; pero esos pliegues de la ropa como en estampas de la infancia, perfectos, esos diálogos surrealistas y sin embargo posibles – ¿por qué no podían los reyes magos hablar de sus sueños durante el viaje?- son como ver cine por primera vez. Emocionante y divertido.

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