Artavazd Pelechian (1938)

El cine se apoya sobre tres factores: el espacio, el tiempo y el movimiento real. Estos tres elementos existen en la naturaleza, pero entre las artes, sólo se encuentran en el cine. Gracias a ellos es posible descubrir el movimiento secreto de la materia. Estoy convencido de que el cine es capaz de hablar el lenguaje de la filosofía, la ciencia y el arte. Puede que esta fuera la unidad que buscaron los antiguos. A. Pelechian en Le Monde 2/04/92

La XVIII edición de los Rencontres internationales celebrada en Madrid durante el pasado mes de abril ha brindado la ocasión perfecta para conocer y mostrar -parcialmente- la obra del cineasta armenio Artavazd Pelechian. Y no sólo, pues las proyecciones en los Rencontres contaron con el aliciente de realizarse en la Filmoteca y de disfrutar con la presencia del propio Pelechian que (según las microbiografías al uso) apenas si abandona Moscú.

 Vida (Kyang, 1993)

Cierto es que algunas de las piezas programadas ya se había proyectado en muestras conjuntas con otros creadores soviéticos, tanto en la Casa encendida, hace más de tres años en Ver sin Vertov, como en el CCCB, en Back in the CCCP; pero, a pesar de este pequeño acontecimiento, la jornada del 22 de abril apenas tuvo más repercusión que un artículo en el suplemento del número de abril que la revista Cahiers du cinéma le dedicó al certamen y una entrada, a posteriori, en el blog El viento sopla donde quiere.

A pesar de que Pelechian comenzó su andadura cinematográfica en 1964 y de que, según Godard, es uno de los cineastas vivos más importantes de nuestro tiempo (Losilla lo menciona junto a Tarkovski y Paradjanov dentro de un “canon elitista”), Pelechian es un cineasta absoluta y abrumadoramente desconocido y ello a pesar de que, paradójicamente, gran parte de su obra se encuentra inmediatamente accesible en Youtube a un simple golpe de ratón (la primera que encontramos es La tierra de los hombres, 1966).

Fin (Verj, 1994)

A esta invisibilidad ha contribuido el que su obra completa, desde sus primeros trabajos en el Instituto de cinematografía de Moscú (el mítico VGIK, donde también se formaron, entre otros, Tarkovski, Sokurov, Paradjanov y Konchalovsky), hasta el año 1994, en que se estrenó su última película, Fin (1994), consista en apenas una docena de trabajos; el que no sólo esté realizada en pequeño formato, cortos o mediometrajes, y que, sumados, en total no alcancen las tres horas de metraje, sino que, para colmo, se encuentran dentro de lo que, en un sentido amplio, podríamos denominar género documental.

Pelechian, además, es un teórico del cine. En su libro, Mi cine (Moyo kino, 1988), construye su tesis sobre el montaje de la distancia, no olvidemos que el montaje es la clave del arte cinematográfico, el instrumento que permite su organización espacio-temporal. Su teoría viene a ser la subversión del montaje continuo tradicional; aquel que, siguiendo un orden racional y lógico, deduce el sentido del encadenamiento sucesivo de unas escenas -unos planos- después de los otros. Pelechian rompe con este iter narrativo/visual y, mediante la distancia entre planos, mediante su separación a lo largo del metraje, consigue relacionarlos, o evocarlos, de forma que resuenen, provocando un efecto visual o más bien mental en el espectador, que dota a la obra en todas sus partes, y en conjunto, de un sentido y una expresividad, de un espíritu, que la sobrevuela, consiguiendo congelar el tiempo, condensarlo en un instante, abolirlo mientras dura la propia obra. Aunque afronte un evento histórico de la trascendencia de la Revolución de Octubre como hizo en Los orígenes (Skizbe, 1967), la pieza que compuso para celebrar su cincuenta aniversario (aunque en realidad se extienda a todas las revoluciones).

Los habitantes (Obibateli, 1970)

Un ejemplo de este tipo de montaje puede ser el plano que abre Las estaciones (1972) -quizás su mejor obra-: el pastor que nada infructuosamente siguiendo a una oveja descarriada mientras ambos son arrastrados por los rápidos de un río revuelto (plano omnipresente que late inolvidable a lo largo de todo el film -y después de él-, a la par que evidente metáfora de la vida humana, frágil y convulsa).

Las estaciones I (Tarva Yeghanaknere ou Vremena goda, 1972).

Las estaciones II y III pinchando aquí y aquí.

Tal vez por ser autor de un tipo de cine esencialmente puro, de montaje (Las estaciones (1972) es la primera ocasión en la que emplea únicamente imágenes originales), que prescinde de la voz, de la palabra y de los actores, en definitiva, de un cine desnudo, de meras imágenes en movimiento y música, aparentemente simple pero construido/artificial, es por lo que con frecuencia ha sido emparentado con los pioneros del cine soviético (S. Einsestein y sobre todo D. Vertov -creador del cine-verdad) y del cine mudo, incluso con autores del documental antropológico, como Flaherty o el Murnau de Tabú (Tabu, 1931). Sin embargo, la obra de Pelechian, y él mismo, rehúyen estas limitadas y estrechas categorías y, aun reconociendo la influencia de Guerasimov, Romm, Youtkevitch, KristiParadjanovBergman, Resnais, Kurosawa o Kubrick, su obra palpita ajena, fluye, reflejando el inexorable y perpetuo continuum de la vida, la síntesis del nacimiento y la muerte, del alfa y el omega, las estaciones, el hálito caótico, telúrico y siempre el mismo de la naturaleza y de su ambivalente simbiosis, cruel y armónica, con el ser humano.

En definitiva, un cine en el que la repetición -el flujo, el eterno retorno-, está subrayado por una estudiada estructura compositiva y un montaje que repite planos, los ralentiza y los reitera dando lugar a una autonomía de la imagen, a una exaltación de la estructura y, por ende, a una poética de la mirada. A ello le acompaña una fijación por la naturaleza y el rostro humano, por el empleo del primer plano y por el plano cerrado (asfixiante a veces), siempre marcado por una música con presencia propia, soberana. De esta manera, con semejante combinación, Pelechian desencadena un cine de emoción, de puro sentimiento y goce humano, ofreciendo una visión del mundo panteísta (en la que la tierra respira y marca inexorable el ritmo del universo y del ser humano que en él habita) y con vocación universalizante: las imágenes poseen la llamada de tiempos inmemoriales, rústicos, premodernos, comunes a casi todo tipo de civilizaciones de base rural (no hay palabras ni lenguas extrañas que confundan, sólo imágenes y música).

Pelechian - Las estaciones

Como dice Pelechian respecto a Nosotros (1969): He querido ofrecer un cardiograma del espíritu popular. Incluso Nuestro siglo (1982), su relato sobre la conquista del cielo (de los precursores del aire a los viajes espaciales), es en realidad un canto fúnebre a la falibilidad humana y a la endeblez y la presunción de la ciencia y la técnica. Una sinfonía recorrida por el signo fatal del fracaso, de la desgracia, de la pequeñez -pero también de la innata osadía- del hombre en su vano y obstinado intento de volar, siempre al borde mismo de la mera supervivencia, insignificante respecto al cosmos.

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Llegada de los héroesEspacioHongo

Incluso para el espectador posmoderno, resabiado y embotado por una avalancha de estímulos, colonizado por imágenes sin tino, le será complicado abstraerse a semejante despliegue de sensaciones conmovedoras, de construcción y montaje y de voluntad protonaturalista, y ello a pesar de la inevitable mirada escéptica, o a la invariable dosis de distancia descreída, inherente a los tiempos que nos ha tocado vivir. Pese a la, también inevitable, carga ideológica que palpita en el trabajo de Pelechian, es imposible contemplar estas obras sin sucumbir ante ellas y sin experimentar un sentimiento trágico, elegiaco, de ruptura, respecto a esa naturaleza primigenia, dramática, cruel pero desculpabilizada; al mismo tiempo que sin sufrir una fractura interior producto de la nostalgia por la inocencia perdida.

11 respuestas a Artavazd Pelechian (1938)

  1. Estupendo y completísimo artículo. Me ha acercado a un poeta de la imagen totalmente desconocido para mí. Muy buen trabajo, Misterioso.
    Gracias
    Victoria

  2. Beatriz dice:

    Acabo de ver Las estaciones y estoy impresionada. Sigo dando vueltas con la oveja y deslizándome por pendientes intentando sujetarla (a veces llego incluso a abrazarla). Qué imagen tan insólita y tan básica. “¿Metáfora de la vida, frágil y convulsa?” ¿Un trascendental “cada oveja con su pareja” contra todos los elementos, pese a ellos, en ellos? (¿Existirá esa expresión en armenio?) Hay que ir detrás de la oveja, no perderla, el camino a veces es recto, pero otras veces es arduo y peligroso. La oveja como (sin)sentido de la vida. Tú sólo ve tras la oveja. Qué maravilla de receta. ¡Ah, los elementos! Saludos y gracias.

  3. Déborah dice:

    Gracias por presentarnos a Pelechian, toda su obra es magnífica, sus imágenes uhm….., la naturaleza para Pelechian es un lazo que une a todos los seres, me han impresionado todos los videos y buen texto para acercarnos a su obra. Gracias.

  4. Ventura dice:

    Hola a todos.

    Si os interesa Pelechian, no os podeis perder la obra como cineasta de su director de fotografía, Mikhail Vartanov. En emule (o en vuestro gestor de descargas favorito) es fácil encontrar un magnífico documental sobre otro armenio ilustre: “Parajanov: The Last Spring”. Muy interesante y misterioso.

    Saludos.

  5. misteriosoobjetoalmediodía dice:

    Hola Ventura,

    Gracias por las sugerencias, nos interesan mucho, al menos a mi. Sin embargo, aún no he encontrado en mi gestor de descargas favorito The last spring, pero no cejo.

    Abrazo.

  6. […] Frank (1926) En la búsqueda en pos de Pelechian, entre los documentalistas soviéticos he topado por azar con el cineasta letón Herz Frank. A […]

  7. Iván Vargas dice:

    Pelechian, desde ya uno de mis favoritos.. ha sido para mí un gran y fabuloso descubrimiento.. Oportuno el artículo, me ha dado un necesario contexto para introducirme a la obra de este cineasta.

  8. iván dice:

    Excelente aporte, y gracias a este post me di a la tarea de buscar dónde descargar su filmografía, con lo que me encontré con esta página que ahora comparto con ustedes, donde encontrarán los links para descargar buena parte de ella con excelente calidad. Que les sea útil.

    http://www.foriegnmoviesddl.com/2008/07/artavazd-peleshian-collection-1964-1994.html

    • Misterioso objeto al mediodía dice:

      Hola Iván,

      Muchas gracias por tu comentario y por los ánimos y, sobre todo, muchas gracias por el link, puesto que la página tiene otros muchos enlaces de interés.

      Un saludo

  9. […] Las estaciones (1972) de Artavazd Pelechian se presenta de manera recurrente la hipnótica  caída, por rápidos saltos de agua, por tierra y […]

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