Together (Tillsammans) – Lukas Moodysson (2000)

Dos años después del estreno de Fucking Amal (1998), la historia de amor de dos adolescentes homosexuales que supuso el debut cinematográfico de L. Moodysson, y de haber obtenido con ella un inesperado éxito no sólo en Suecia sino también fuera de sus fronteras (convirtiéndose con ello en uno de los raros ejemplos de cine nórdico que, más allá de los puntuales ejemplos del movimiento Dogma, se estrenan entre nosotros), Moodysson emprende su segundo proyecto cinematográfico partiendo de las mismas, o varias, de las premisas anteriores: un reducido círculo de intérpretes, la preeminencia de los personajes infantiles o adolescentes, la homosexualidad y la confrontación entre las normas sociales establecidas y los comportamientos individuales.

Tillsammans poster

El film está ambientado en noviembre del año 1975, precisamente comienza con el anuncio radiofónico de la muerte del dictador español Francisco Franco. No olvidemos que en septiembre de ese mismo año el régimen franquista fusiló a tres miembros del FRAP y a dos de ETA. Este último acto de barbarie suscitó la condena internacional y provocó la indignación en toda Europa. La foto del primer ministro socialista sueco Olof Palme pidiendo por las calles en favor de las familias de los condenados se convirtió por entonces en un icono. Los habitantes de la comuna que da título a la película, Tillsammans, sí que celebran el fallecimiento con alegría y cánticos.

Olof Palme 1975

Together gira en torno a las tensiones que se generan en el seno de la comuna entre sus miembros y las ocasionadas como consecuencia de la integración en ella de unos seres completamente ajenos al espíritu de la misma como son la hermana, y sus dos hijos, del tranquilo y siempre diplomático cabecilla, Göran. En un primer momento son ellos los que se encuentran cohibidos y desplazados, mucho más si tenemos en cuenta que provienen de un ambiente obrero plenamente convencional y lo sorpresivo del cambio (Elisabeth y sus hijos se marchan de casa cuando es golpeada por Rolf, su marido). Así, el choque es tremendo en cuanto a la falta de espacio y de privacidad, el cambio radical en las costumbres, el tipo de relaciones y las compañías que allí encuentran. De hecho, se presentan en la casa en medio de un debate sobre fregar o no los platos y a quién le corresponde esta tarea, mientras que dos de sus habitantes asisten a la misma desnudos de cintura para abajo.

Los componentes de la casa constituyen un verdadero catálogo, exagerado y arquetípico, de lo que podríamos considerar los componentes de la izquierda social, o la contracultura, de mediados de unos años setenta terroristas y pre-punk; los restos del naufragio ideológico tras el fracaso de la utopía sesentayochista, la crisis del petróleo y el fin definitivo de la guerra de Vietnam: una mezcla de estudiantes radicalizados, vegetarianos, homosexuales, intelectuales y descarados sinvergüenzas.

together_lead

A pesar del poso dramático que recorre el film, al fin y al cabo el punto de partida es el abandono de Elisabeth de la casa familiar porque su marido es un alcohólico que la golpea, éste nunca se desprende de un tono cómico y desenfadado, lo que finalmente ofrece como resultado un cuadro excesivamente ligero y muy superficial. De hecho, los momentos más tragicómicos y conmovedores están siempre relacionados con la vida paralela que llevan los menores que en él salen retratados. Ellos son -a su pesar- los verdaderos sufridores de los caprichos, contradicciones y desvaríos de sus mayores. Para colmo, el sustrato ideológico de la película resulta de lo más cuestionable, se inclina por la tesis más obvia, predecible y conservadora pues, aun a pesar de los modelos alternativos de pareja y de relaciones que se muestran en la comuna (por cierto, casi todos reducidos al esquematismo más unidimensional y simplista, o puramente grotescos, como Klas, el homosexual), el modelo ideal y deseable que presenta el film es el tradicional y mayoritario: la pareja convencional, el matrimonio. Fuera de él no cabe esperanza alguna, sólo la soledad, la muerte en vida, como le transmite a Rolf su vecino, Birger.

Con esos mimbres, como era de esperar, en la mejor tradición de los finales felices, el marido maltratador, después de un fugaz proceso de reconversión físico y espiritual, se reforma y, mal que bien, la familia protagonista termina reconciliándose (quizás en el seno de la comuna). Bien es cierto que el otro matrimonio tradicional que aparece en el film, los vecinos de la comuna, son una exagerada familia burguesa (incluso por su mismo aspecto), casi un puro cómic, en la que, por debajo de unas apariencias de formalidad estricta, buñuelescamente, bullen reprimidas pulsiones sexuales: el control, la violencia, el onanismo y el voyeurismo.

Lukas Moodysson

En el descarado muestrario de tópicos que refleja Together y, en su línea de la moraleja amable y simplificadora de tolerancia, buenos sentimientos y deseo de compañía y convivencia humana, no es en absoluto inocente que, como consecuencia de los progresivos cambios que en ella se suceden (televisión, consumo de carne, apoliticidad), la comuna sea abandonada por sus integrantes más firmes e ideologizados. Por supuesto, como no podía ser de otra manera, todos ellos retratados con trazo grueso como verdaderos dogmáticos inflexibles. Primero, la pareja de vegetarianos integristas anti-televisión, luego el obrero-estudiante radical marxista y, finalmente, la única expulsión que tiene lugar en su seno (además con violencia): la pareja del presuntamente (no tan) apacible Göran. Significativamente se trata de una mujer sexualmente activa que al poner en práctica la que se suponía (no tan) aceptada doctrina del amor libre, cuestiona el alcance y los cimientos de estas suposiciones y revela las contradicciones y el frágil y epidérmico equilibrio, el izquierdismo de salón, que verdaderamente reina en Tillsammans. En realidad, se trata más bien de una casa poblada por voluntariosos estudiantes/desempleados idealistas aún insertos, o mejor, sobre todo insertos en una lógica más bien aburguesada, coherente con el desencanto, el fin de la utopía y de los compromisos que ya se vivían en aquellos años que desembocaron en los funestos gobiernos de M. Thatcher y R. Reagan en el Reino Unido y los EEUU respectivamente.

Tillsammans Stephan

Esto se refleja perfectamente en el alcance de los cambios que sufre Elisabeth como consecuencia de vivir allí y que le pone de manifiesto a su marido cuando se reencuentra con él. Comienza por los estéticos, no se va a depilar las axilas, luego los ideológicos, se reclama “socialista”, por oposición a él, que es “socialdemócrata” (en realidad puro fetichismo oral), y luego le transmite su nuevo ser que se concreta en el deseo de incorporarse al mercado laboral y no ser nunca más un ama de casa. Esto viene a ejemplificar de manera sencilla el hecho de que las luchas y las tensiones ideológicas y revolucionarias que se desencadenaron en occidente a lo largo del siglo XX, sobre todo en su segunda mitad, tuvieran un éxito esencialmente limitado (pero no por ello menos fundamental) al campo de lo social y de las costumbres: la liberación sexual, el control de la natalidad y los medios anticonceptivos, la incorporación de la mujer al trabajo, la normalización de la homosexualidad.

Como ocurriera en Fucking Amal, son los niños los personajes más lúcidos, cabales y sufrientes de entre todos; los que padecen desde sus diferentes estadios vitales (niñez y preadolescencia) en sus propias carnes la inadaptación social, la incomprensión y las veleidades de sus mayores; en ocasiones, verdaderamente avergonzados de sus comportamientos infantiles. Así, es comprensible que Eva y el hijo de los vecinos encuentren su espacio particular en el territorio de nadie que supone la furgoneta aparcada en la calle, el único lugar de escapatoria de sus respectivos infiernos adolescentes.

Together fútbol

En definitiva, el final reconciliatorio del grupo expandido (vecinos, amigos) refleja a la perfección la condición eminentemente social del ser humano, su necesidad de aceptación, integración y reconocimiento; aunque, irónica, pero ciertamente, esto se materialice, por un lado, al coste de las oportunas purgas que mencionamos más arriba y, por otro, se plasme jugando al fútbol, anticipando una de las grandes expresiones del pan y el circo y una de las anestesias sociales más poderosas que existen hoy en día.

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