Repulsión (Repulsion) – Roman Polanski (1965)

Después del éxito de su primera película y tras rodar en Amsterdam un episodio, El collar de diamantes (La rivière de diamants, 1964), del film colectivo Las más famosas estafas del mundo (Les plus belles escroqueries du monde), Polanski abandona Polonia (a dónde no regresará profesionalmente hasta El pianista, The pianist, 2002) para realizar Repulsión, su primer largometraje en el Oeste, en Gran Bretaña. Aunque en el film se cometan dos asesinatos, no se trata de un policíaco o un thriller, como tampoco de un drama o una simple película de terror; más bien reúne elementos de todos estos géneros para configurar un inquietante y escalofriante retrato de la enfermedad mental, la soledad y el aislamiento; la terrorífica espiral sin retorno a la que aquélla conduce. La joven protagonista femenina, una estupenda y desconcertada Catherine Deneuve, parece un ser frágil y sensible que sufre una extraña fobia hacia los hombres (se muestra en el trato hacia el amante de su hermana, con quien convive, y con Colin, su pretendiente), pero lo que podría ser una simple neurosis, un ligero trastorno, pronto se va apoderando de ella, devorando progresivamente su psique y colonizando su percepción de la realidad circundante, como ocurre con la grieta que contempla absorta en la calle (un anticipo real y reflejo proyectado de las grietas y abismos interiores de la protagonista). Este proceso se desata cuando su hermana se va de viaje, entonces pierde todo asidero con la realidad y comienza a despeñarse en un pozo de delirios sin fondo, poblado de miedos, temores y pesadillas que primero le afecta en su trabajo (donde ya solía permanecer ausente), pues llega a lastimar a una clienta, y luego la conduce a enclaustrarse en casa, donde, aislada, finalmente se abandona a la demencia, terminando por perder todo vestigio de cordura.

Repulsión es el primer film de la llamada trilogía de los apartamentos y en él Polanski apunta las líneas maestras que reproducirá en los siguientes: la presencia de una vivienda que se va tornando físicamente amenazante, la permanente sensación de inquietud y claustrofobia, la perturbadora relevancia de los objetos cotidianos (el teléfono, las patatas, el conejo, las paredes), la configuración del otro como motivo de desasosiego e incluso, en ocasiones, encarnación de lo maligno (los vecinos) y el imprescindible elemento de extrañeza (o de lo inexplicable) en un marco naturalista, envuelto en una atmósfera enrarecida, tóxica y progresivamente desquiciada. A ello contribuye el hecho de que todas sus películas comiencen con una mirada objetiva (literal y metáforica) que paulatinamente se va contaminando de la insania (con ella también la del espectador) y va alcanzando todo lo que la rodea, de tal forma que llega a extenderse sobre la propia ciudad, aquí Londres (con similitudes a la visión que  Antonioni ofrecerá de ella poco después en Blowup, 1966). Así, asistimos a todo un catálogo de singularidades: el extraño asilo con el que linda el piso de Carol y su hermana, con que por la calle circulan unos peculiares músicos callejeros, vemos un accidente silencioso, la grieta en el suelo, las bizarras clientas de su trabajo, los incómodos vecinos (que guardan un asombroso parecido con los de El quimérico inquilino).

En toda la potencialidad del asombro y del horror de lo cotidiano, pero también en el energético y soterrado poder transformador de la pulsión sexual (aquí bajo la forma de un rechazo total -físico y visceral- del personaje hacia el sexo masculino) podemos percibir la alargada sombra de Buñuel (que al año siguiente trabajaría con Deneuve en Belle de jour) o la versión desatada del Hitchcock más desquiciado de Psicosis (1960). La repulsión y la enajenación que sufre Carol se materializa hacia el exterior en forma de asesinato, primero el de su pretendiente, que simplemente va a buscarla, preocupado por su ausencia (aunque también desee acostarse con ella), y luego del casero, que se abalanza sobre ella intentando forzarla. Ambos encuentran la muerte cuando irrumpen inopinadamente en el apartamento de Carol que, no olvidemos, representa sus dominios, su micromundo mental; por tanto, ambos son asesinados cuando intentan penetrar violentamente (como antes ocurrió con el beso en el coche) en la extensión física de su espacio mental que supone el apartamento.

De nuevo nos encontramos ante otra de las constantes polanskianas, la del débil, el desplazado, el inadaptado a la jungla de nuestra sociedad tiburonesca (aquí con el añadido de ser mujer), que sufre por ello y, ni aún recluyéndose, logra permanecer a  salvo y al margen de sus embates crueles. Irónicamente, será otro hombre, la pareja de su hermana, el que finalmente, a la vuelta de las vacaciones, la saca en brazos, catatónica, de su reducto, para entonces limitado al espacio debajo de la cama. Sin embargo, la cámara no abandona la casa, permanece y rebusca entre el caos en que se ha convertido la vivienda hasta que se detiene en la foto familiar que Carol había contemplado anteriomente; en ella, entre la oscuridad de las sombras, de forma reveladora la atisbamos únicamente a ella y a sus padres (sobre todo al padre) mientras el objetivo se hunde (y nosotros) en la mirada perdida de la niña que fue, como si de esta manera fuera posible desentrañar el origen de la enfermedad o el principio del mal.

4 respuestas a Repulsión (Repulsion) – Roman Polanski (1965)

  1. Sang Sattawat dice:

    Hola, me gusta muchísimo lo que estás haciendo en “La imagen”, y sobre todo me parecen extraordinarias las que eliges. Un saludo.

    • Misterioso objeto al mediodía dice:

      Hola Sang. Muchas gracias por tus palabras, me alegra mucho que te guste.

      Es curioso, porque justo hoy decidí retirar del título de esta entrada la categoría “La imagen” (aunque no de las etiquetas), me pareció que por la sobreabundancia de palabras de la entrada se excedía de la idea original que alimenta “La imagen”, la de resaltar lo visual, un detalle, a veces, incluso, algo anecdótico o simplemente llamativo.

      Abrazo

  2. Sang Sattawat dice:

    Sí, puedes tener razón en lo que argumentas, pero eso no quita que me guste mucho.

  3. […] algún elemento extraño que altera el frágil y aparente equilibrio (p.e. El cuchillo en el agua, Repulsión, Cul de sac, etc). Sin restarle importancia a los retos mencionados, aunque anteriormente otros […]

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