Festival de cine de Las Palmas 2010 – Epílogo

Tras la finalización de la XI edición del Festival Internacional de cine de Las Palmas de G.C., atemperadas por el ya largo transcurso del tiempo las posibles filias y fobias que haya podido provocar (el XI Festival ha muerto, viva el XII) y aunque puede que se haya escrito -y olvidado- demasiado (tanto aquí como en otros blogs -así como en los medios tradicionales-), todavía es posible apuntar alguna reflexión, sacar conclusiones y realizar una última valoración general.

Parece que, una vez saneadas sus cuentas, ajustado su presupuesto a la realidad de sus expectativas (o más bien lo contrario, las expectativas a la realidad del presupuesto) y con un nuevo coordinador, cabal y austero, que conoce sus limitaciones pero también cómo suplirlas así como también sus potencialidades, el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de G.C. ha podido sortear el bache económico que el año pasado lo puso al borde de su desaparición y, de momento, tiene asegurada su continuidad, al menos por un año más; de hecho, antes de la clausura, la organización puso su maquinaria en marcha con la vista puesta en el año próximo. Como adelantamos al final de la pasada edición y aunque a algunos, confundiendo el tocino con la velocidad, les haya parecido nefasto (sobre todo por su insistencia en la ausencia de estrellas), desde aquí damos la bienvenida a las estrecheces económicas si ello no obsta, como así parece, sino todo lo contrario, sirve de acicate, para continuar ofreciendo una programación exigente y arriesgada, de forma que el de Las Palmas de G.C. se mantenga entre los festivales de cine más sugestivos del panorama nacional.

Si entramos en materia, en cuanto a la valoración sobre la programación cabe sostener sin género de duda, a tenor de lo visto, que las expectativas iniciales han resultado confirmadas y que la presente edición ha finalizado con muy buena nota. Tal es así que  la sección oficial, a nuestro juicio tradicionalmente -y a pesar de que debería ser precisamente lo contrario- la más opaca, deslucida y desigual de las secciones, este año por fin logró reunir un significativo ramillete de films notables que han elevado su nota media y la consideración que le ofrece la misma a quien esto escribe. Por fin podemos decir que hay una digna película ganadora, la filipina Lola, de Brillante Mendoza, si bien es cierto que dicha elección refleja una decisión de lo más conformista  y viene a resultar la alternativa menos comprometida para el jurado (entre quienes estaban, no olvidemos, la crítica Nicole Brenez y el director Ph. Grandrieux) entre las opciones en disputa (en contradicción con la propia línea editorial del Festival). Por lo que a nosostros respecta, su propuesta exótico-neorrealista-lacrimógena no deja de irritarnos y su valor cinematográfico, más allá de algunos hallazgos formales y/o simbólicos, nos resulta muy discutible; mucho más si tenemos en cuenta que Lola competía con dos obras sobresalientes fuera de toda cuestión como son Irène (A. Cavalier) y Ne change rien (Pedro Costa) -las dos mejores películas de la sección competitiva, la segunda, para colmo, injustamente olvidada (¿expulsada?) del palmarés oficial incluso en la categoría de mejor fotografía (¡!)- y con algún otro film al menos igualmente interesante, como Todos mienten (M. Piñeiro).


En cuanto a las restantes secciones, por un lado, debemos resaltar la completa e interesante panorámica dedicada al cine portugués contemporáneo, dónde pudimos contemplar tanto algunas de las obras menos conocidas de los maestros indiscutibles del cine luso (Oliveira, MonteiroCosta), así como algunas de las propuestas de los directores actuales más interesantes (Gomes), además de otras joyas, como La religiosa portuguesa (E. Green). Por otro, no podemos dejar pasar la oportunidad de llamar la atención sobre otras cuatro secciones, dos confirmaciones y dos sorpresas. Las primeras vienen constituidas por las exhaustivas retrospectivas dedicadas tanto a la obra del cineasta checo Jan Svankmajer, como a la del videocreador brasileño Cao Guimaraes, precisamente en esta última tuvimos la ocasión de contemplar algunas de las obras más emocionantes, estimulantes e interesantes, visual y plásticamente, de todo el festival (Rua de mao dupla, A alma do osso y la selección de cortos). Las sorpresas vinieron de manos de la a priori más convencional retrospectiva dedicada al director canadiense Atom Egoyan, pues dado su carácter integral en ella pudimos disfrutar de sus películas menos conocidas, las primeras, antes de convertirse  a partir de El liquidador o Exótica en cabeza visible del denominado “cine independiente”, como también sus obras posteriores, paralelas a su producción más mainstream, en las que abunda en lo autobiográfico y en sus obsesiones más personales: Calendar, Citadel o el corto Krapp’s last tape; así como de la mano de la retrospectiva, organizada como programas dobles, en torno a los tres brutales y tremendos largos dirigidos hasta el momento por el controvertido director francés, y también miembro del jurado, Philippe Grandrieux.

En definitiva, este año se ha cerrado una edición en la que, a pesar de la necesidad imperiosa de reformular el concepto -y la sede- de la inauguración y clausura y con los inconvenientes -ya congénitos- atribuibles a la precariedad de la organización que lo sustenta (que dedica sus mayores esfuerzos y atenciones al Carnaval que lo precede), no obstante, ha ofrecido algunas sorpresas (como la restauración del tan esperado bono) y dada la continuidad y persistencia en su línea editorial (a pesar de los recortes y la crisis), da la impresión de que el Festival ha encontrado lo que podríamos llamar una aceptable velocidad de crucero (por supuesto siempre susceptible de ser muy mejorada) que permite albergar -si se mantienen así las cosas- un moderado optimismo para el futuro.

3 respuestas a Festival de cine de Las Palmas 2010 – Epílogo

  1. David D. dice:

    Hola Misterioso objeto, imagino que serás al que conozco. Me gusta tu valoración, aunque no opino que Lola sea tan lacrimógena, algo sí, pero con algo de disimulo. No puedo hablar de la de Pedro Costa porque lamentablemente no la vi, pero sí de Irène (que ha levantado esas filias y fobias inevitables) y de Todos Mienten. Creo que la mitad de ese jurado jamás daría un premio principal a Irène y tampoco harían un esfuerzo, el que yo hice, por desentrañar a Todos mienten. Por supuesto, creo que Pedro Costa queda muy lejos de sus coordenadas. Imagino que el señor Grandrieux no era suficiente para decidir el premio principal, cosa que por otro lado, los premios, nos debería dar un poco igual como espectadores, aunque al festival no le debería dar igual, porque eso marca o inclina cara al mundo cinematográfico el tipo de festival y de premios que en él se dan. Puestas así las cosas entonces lo importante sería que la sección oficial se radicalizara más aún (y los enemigos ya tendrían la cena servida). Y por decir algo de Grandrieux, La vie nouvelle me disgusta, por causas varias, aparte de causarme un desasosiego fuera de toda explicación racional, me resultó una de las obras más infernales, en todos los sentidos, que he visto y sentido (valga la redundancia) nunca. De Svankmajer solo tengo palabras admirativas, creo que es un genio sin paliativos, por lo que su retrospectiva y edición del libro me parecen muy acertadas.

    Sobre el festival ya saben mi humilde opinión, pero también he de decir, a modo de auto-defensa, que quiero que quede claro que soy un fiel amante y publicitador entre mi pequeño círculo humano vital, del festival en todas sus partes, a pesar de que también quiero ver, y es un deber, las cosas que tienen manifiesta posibilidad de mejora. Se te olvidó decir que hay otra sección que en sus premios parece navegar muy lejos de la ideología central del Festival, el Foro Canario, que cada día parece más lejos de este evento. Es cierto que este año habían varios cortos que tenían “otra dimensión” otras formas y fondos, y eso, aunque parezca un logro, finalmente puede que no signifique nada. Al menos, como ha apuntado alguien, existe ese foro para mostrar trabajos. Por supuesto es de nuevo mi humilde opinión, y como ya le he dicho a un amigo del Festival, mis palabras no sientan ninguna verdad. Y como deseo final, estoy contigo en lo de la sede y concepto de las galas, por lo que no estaría nada mal que se recuperara ese espacio perdido en el mar de los sueños, llamado Guiniguada (antes Avellaneda). Creo que sería el comienzo de una gran amistad entre el Festival y la ciudad.

    Saludos

    Nota: gracias por las repetidas ocasiones en las que has enlazado a mi blog desde este otro, más completo, juicioso y experto que el mío.

  2. Misterioso objeto al mediodía dice:

    Hola David, sí, soy al que conoces. Gracias por tu amplio comentario.

    Como bien dices, los premios deberían darnos igual y, de alguna manera, creo que así es. A mi me basta con tener la oportunidad de ver una amplia selección de películas a las que, de otro modo, no podríamos acceder o -en el mejor de los casos- sólo a través de la pantalla del ordenador; y también con llevarme alguna que otra agradable sorpresa y la posibilidad de encontrarme con algo que me conmueva; a la par que coincidir en una especie de arcadia cinéfila con un montón de personas que por unos días comparten su interés por el cine.

    En cuanto a Gradrieux y La vie nouvelle, estamos de acuerdo en el tremendo desasosiego que causa y su infernalidad; pero de alguna oscura manera a mi me atrae. También tienes razón en cuanto al Foro Canario y la injustificable (y persistente) amnesia que me ocasiona; por eso trato de redimirme enlazándote, pues tu sí que le dedicas el espacio que se merece.

    Un abrazo

  3. […] Una vez bien digerida la última edición nos atreveríamos a decir, con todas las reservas y prevenciones posibles, puesto que hablamos desde la intuición del simple espectador, que tememos que el Festival haya alcanzado una más o menos cómoda meseta (¿su cúspide?) en cuanto a su perfil, funcionamiento y filosofía. Nos referimos, por decirlo en otros términos, a que nos da la impresión de que el Festival desde hace un par de años, pero más acentuado en esta última edición, parece que ha conseguido optimizar sus energías, organización y recursos de tal forma que se ha instalado en una tan apetecible como complaciente velocidad de crucero cinematográfico-festivalera que ya anticipábamos el año pasado. […]

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