La cita: Alain Bergala

La vida (en clase y fuera de clase) es demasiado corta para perder el tiempo mirando y analizando malas películas. Sobre todo, porque una mala película, incluso analizada en tanto que tal, necesariamente deja huella, contamina el gusto desde el momento en que es objeto de repeticiones y de pausas sobre la imagen: la memoria inconsciente, que se ríe de los juicios de valor, retiene tanto lo bueno como lo malo.

La hipótesis del cine, Ed. Laertes, 2007

17 respuestas a La cita: Alain Bergala

  1. pentente dice:

    Ya, pero ¿qué es una mala película? Yo no conozco ninguna. Hay películas que odio con lo más profundo de mi corazón, pero no sabría hacer un juicio de valor tan grande. Por ejemplo, el otro día vi una de las que considero películas más asquerosas de mi vida: Primavera, verano, otoño, invierno y… primavera. Me parece baja, innoble, como hecha para alimentar toda la hipocresía de la sociedad de hoy, con esa huida hacia la naturaleza, con ese egoísmo brutal de Ki Duk al proponerse como el hombre reformado, con ese esteticismo insulso. Y sin embargo no puedo decir que nadie deje de perder su tiempo en verla.

  2. Misterioso objeto al mediodía dice:

    Por lo que a mi se refiere, salvo contadas excepciones, no soy de muchos odios, pero, sin entrar a debatir sobre lo que constituiría o no una buena o una mala película (pues nos llevaría bien a la sociología o la estética, bien a las lindes del gusto subjetivo) creo que no sólo es posible comprobar su existencia, la de las malas películas, sino también su abundancia, no hay más que contemplar la cartelera de cualquier multicine al lado de casa (o en la tele).

    En cualquier caso, sobre todo estoy de acuerdo con otra frase de Bergala (que ya ha salido a colación por aquí en otro momento) que afirma que el verdadero peligro viene de las películas mediocres.

  3. Daniel dice:

    Buena parte de las malas películas son ideología en estado puro, y por eso es importante verlas. Son un campo muy valioso para comprender qué pasa en la sociedad.

  4. Beatriz dice:

    ¿Importante verlas? ¿Cuántas y con qué tiempo?
    Dado que nuestras horas están contadas, considero una pérdida de tiempo ver películas malas/mediocres (a menudo pura devastación para el espíritu) pudiendo ver obras logradas, que no sólo me revelan cosas sobre la sociedad y la época que las engendra, sino que me hacen sentir verdadero goce artístico.
    Creo que conviene separar el arte de la sociología. Desde luego que muchas películas malas son muy reveladoras de ideología, especialmente por su completa falta de dificultad y sutileza.
    Con todas las cosas que hay que ver, leer y pensar, yo personalmente prefiero leer a Proust que a Arturo Pérez Reverte.

  5. Atlante7 dice:

    ¿Y quién decide qué películas son buenas o malas y los criterios para tal determinación? La mayoría de las películas contienen una carga ideológica o filosófica. Como espectador valoro múltiples detalles y la coherencia del conjunto, todos esos elementos que confluyen para conjugar la solidez con la belleza; para muchos cinéfilos, la experiencia y el conocimiento de técnicas y evolución, paralelas o no con sus gustos personales, van conformando sus preferencias.

    La creatividad y la crítica son libres, dentro de los límites de la libertad de expresión. Y en esos confines… la forma de opinar, los adjetivos, imágenes y expresiones usados, revelan el talante y diversos aspectos de la persona que las profiere o interpreta: no sólo su perspectiva del mundo, sino también su grado de conciencia.

    Procuro no albergar odios oscuros ni antipatías arraigadas, pero sí que me causan una profunda repulsa las películas que incluyen escenas de violencia gratuita, esas imágenes morbosas que parecen también pretender su permanencia en las retinas.

    Saludos.

  6. Clío dice:

    Hola,
    Interesante debate, ya me he apuntado el título para lectura veraniega…
    Creo que la cosa es más sencilla, al menos como yo la veo…Todo reside en la educación. Actualmente nadie educa alrededor de las dudas sino en verdades absolutas, y no me refiero en la escuela sólo.
    La mayoría no duda si una película es mala o buena, directamente van a donde va el resto, no se miran ideologías, ni mensajes, ni filosofías ¿cuántas veces hemos escuchado eso de esa película no, que hay que pensar y yo no vengo al cine para eso?. Muchos no han sido educados alrededor de la diversidad, y por lo tanto no saben y/o no quieren elegir. La industria, lo sabe y alrededor de ellos se crean productos que ellos puedan consumir. La mayoría gana…Ley de la oferta y la demanda, globalización…llamadlo como queraís, creo que no existen muchas diferencias…
    Es fácil, si siempre te dan a elegir el rojo y no te muestran que hay una infinidad de colores cada uno con un matiz diferente, ¿cómo sabes que te gusta el rojo?.
    Afortunadamente hay gente que duda y opta por intentar descubrir cuántos colores existen y van seleccionando los que más les completan sin menospreciar el resto.

    Un saludo

  7. Misterioso objeto al mediodía dice:

    Me alegra que la cita de Bergala haya levantado tanta polvareda.

    Me da la impresión de que, en resumen, se plantean dos tipos de cuestiones diferentes: por un lado, lo relativo a la misma existencia de buenas y malas películas y lo relativo a los criterios para determinar/seleccionar/discriminar unas y otras; y, por otro, la necesidad o no de las malas películas.

    Quizás la primera cuestión sea la más compleja y difícil de acotar, pues siempre se pueden poner en duda no sólo la elección del criterio, o criterios, elegidos para justificar la discriminación (originalidad, coherencia, belleza, emoción, riesgo, éxito, innovación técnica, consenso social o crítico…), sino el propio fundamento sobre el que se asienta dicho criterio (¿Qué es la belleza? ¿Cuándo y por qué es original? ¿Quiénes son los especialistas y por qué escogen una película y no otra?). Finalmente, dado que este problema está íntimamente relacionado con/contaminado por el gusto personal (y, a su vez, con lo que -conscientemente o no- determina este gusto) todo ello normalmente tiende a complicarse/confundirse definitivamente en una simple e inacabable avalancha de opiniones, todas en el mismo plano. No obstante, sí creo que es posible encontrar criterios más o menos válidos, útiles y generales (¿objetivos?) para juzgar una película como buena o mala.

    En cuanto a la necesidad o no de las malas películas, como ya dije más arriba, en cierta manera estoy con Bergala, creo que, aunque insoslayables por su hiperabundancia, la realidad es que tienden a enturbiar la memoria, el conocimiento y el buen gusto. En la medida de lo posible, deberían ser evitadas.

    Al hilo, con respecto a la cuestión de si las malas películas deben o no ser vistas o si son el vehículo perfecto para conocer lo que pasa en la sociedad, creo que con el cine ocurre algo que no pasa en otros campos/artes (quizás porque se considera que es un arte menor o porque ni siquiera se considera como un arte, sino espectáculo). Así como no se debe, o no se suele, confundir entre literatura y libro, pues nadie duda que el best seller de turno sea un libro, pero no literatura seria (otra cuestión es definir qué es un best-seller y qué “literatura seria”), tampoco habría que confundir cine con película. Y así como mucha gente no se plantea perder el tiempo con un best-seller (otros ni siquiera con una novela, o con la mera ficción), por mucho que pueda ser la radiografía perfecta del aparato ideológico del estado, como, en un momento dado, la televisión, en principio, habiendo tanto buen cine descubierto y por descubrir, sería imperdonable perderlo con una mala película. Eso sí, como buen (o mal) pecador confieso que, a veces por expectativas o ignorancia y otras con voluntad, he pecado y veo películas malas.

  8. Daniel dice:

    Muy interesante el debate. Pregunto primero a Beatriz y en general a quienes defiendan el castillo del “goce estético” que piden sea salvaguardado de la sociología o la política: ¿estamos seguros de que la separación entre la esfera de lo estético y lo bello, del arte como ámbito autónomo, no tiene un componente ideológico constitutivo? La separación de la estética como ámbito aparentemente independiente viene de la Ilustración y como esfera separada guarda una relación oculta pero definitoria de aquello de lo que se presuntamente aleja: la sociedad de intercambio donde manda la forma mercancía. La autonomia del cine como objeto de goce estético no sale de la nada. La pregunta es entonces: ¿de qué se separa el placer visiual y por qué? Quienes defienden el cine como arte o el buen cine necesitan una cierta relación con lo que queda excluido de la selección (sea la sociología, la política, las malas películas, etc.). Creo que ese movimiento de separación es tanto un asunto socio-histórico como formal: está en la densidad misma de las imágenes, del “buen” cine y del “malo”. En el cine se pone en juego mucho más que el goce estético…

    • Beatriz dice:

      Daniel, ya veo que concibes el arte como arma y como compromiso. El artista en su torre de marfil que cierra los ojos a los problemas y las injusticias te parece un traidor, ¿no? Me temo que nuestras visiones son irreconciliables. Para mí eso de lo que tú hablas no es arte: es lucha, y la respeto. Yo no me voy a sentir culpable por ver el arte en sí mismo como una forma de trascendencia individual. Someter el arte a la esclavitud de la crítica social y la lucha me parece algo peligroso que cercena una dimensión importante del individuo.

      Ya sé que en el cine, y en el arte en general, hay mucho más en juego que el simple goce estético… De hecho, las buenas obras, las buenas películas nos causan un impacto porque no son simplemente cosas bonitas. Cuando defiendo el “goce estético” no me refiero a que todo el arte sea sólo un “la princesa esta triste, ¿qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa…” mientras todo a nuestro alrededor se desmorona… Más bien me refería a que no hace falta ver Air Force One o cualquier americanada para darse cuenta del imperialismo norteamericano y tener espíritu crítico.

      Igualmente pienso que el placer visual solo tampoco llega muy lejos, creo que una buena película es bastante más que simple placer visual y que muchas de ellas (que yo también celebro) son pura dinamita. No defiendo un arte vacío y preciosista, pero tampoco un arte esclavo del compromiso social y la lucha. ¿Todo artista que cree una obra autónoma es reprochable moralmente, cómplice del sistema, colaborador con todo lo que está mal, en tanto que no usan su posición de artistas para denunciar y luchar? Considero que esa posición es la muerte del arte.

      Pienso que hay muchas formas de luchar y que el ser humano tiene muchas dimensiones. Para mí la vida sin un arte independiente que no rinda cuentas más que a sí mismo sería demasiado gris y triste. Ya sé que esto es profundamente burgués, pero, ¿cómo vivir sin contradicciones?

  9. Hans Lucas dice:

    Si ya lo dije en su momento durante el Festival de Cine de este año, ¿Qué hace que a mi me haya encantado Irène de Alain Cavalier y que a muchos otros cinéfilos de la sala les haya parecido una muy mala película, inaguantable?

    Otro ejemplo lo tengo presente en mi propia casa. Mi hermana antes veía muy buenas películas. Desde que se lo traga TODO ya no tiene criterio, ahora cualquier película es buenísima, y ya no me fío de sus recomendaciones : )

    Por cierto, Misterioso, has visto Canino de Yiorgos Lanthimos? A mi me sorprendió gratamente, a otros les podía parecer una chorrada incomprensible. Y a ti?

    Hans Lucas

    • Misterioso objeto al mediodía dice:

      Hola Hans. Afortunadamente, no todos tenemos los mismos gustos ni compartimos los mismos criterios estéticos de otra forma el mundo sería un aburrido erial de consenso, homogéneo y predecible.

      Como por estos lares no han estrenado Canino (y ya no creo que ocurra) no he podido verla, pero por lo que he podido leer sobre ella, me interesa mucho.

  10. I Think They're for 1 am dice:

    “[…] De todo en el mundo lo verdaderamente trágico es el Olvido, y de éste, lo más desesperante es que no se lo advierte: el gradual insidioso advenimiento de la conformidad. Y los protagonistas no saben que son muertos”.

    Macedonio Fernández, de su “Nota a la novela mala” para Adriana Buenos Aires (última novela mala).

  11. I Think They're for 1 am dice:

    Curioso. Yo, sin embargo, lo que desconocía era esa atribución que tan amablemente usted desvela. One hard boiled egg for the road.
    Therein lies the paradox…

  12. Luis dice:

    Hola.

    Creo que siempre llego tarde a los debates de este foro. Tan sólo quería precisar que la cita de Bergala procede de un libro que se titula El cine en la escuela. Lo que hay en esta cita, creo yo, es una provocadora invitación a recuperar la idea del “canon” como materia prima de un conocimiento básico sobre el cine. Lo que Bergala no hace, según creo recordar (¡o tal vez sí pero lo he olvidado!), es atenerse a un canon concreto. Ignoro si es porque prefiere dar por sentado el canon que él tiene en su cabeza (recordemos que su origen es cahierista), o si intencionalmente deja abierta la posibilidad de imaginar muchos cánones diferentes. Intuyo que es lo primero, pero si bien esa postura me hubiera parecido inaceptable hace unos años, ahora me parece comprensible e incluso me conmueve.

    Lo que uno lee entre las líneas de Bergala es la ansiedad de un enseñante por entregar una herencia, por hacer perdurables unas cuantas obras que no deberían desaparecer en medio de una memoria tan vasta que corre el riesgo de desintegrar o disolver lo que contiene. Y es comprensible. Se suele poner mucho énfasis en la necesidad de reescribir la historia del cine, de ensanchar el campo, pero nada garantiza que lo que hoy consideramos relevante tenga garantizada su perdurabilidad.

    Yo confieso que en los últimos años me ha empezado a obsesionar esa idea del “canon”, y no creo que sea por indigestión de lecturas de Harold Bloom sino por mi propia experiencia cuando me he visto impartiendo algún curso sobre Historia del Cine (y no en la escuela sino en el ámbito de la Universidad). Aunque uno intenta abrir las ventanas para que entre aire fresco y trabajar sobre la duda, al final acabas tirando de una serie de títulos más o menos canónicos: cuando se trata de definir de qué rayos hablan los historiadores cuando dicen “cine moderno”, La regla del juego de Renoir, Te querré siempre de Rossellini o Noche y niebla de Resnais siempre me sirven. Y, de acuerdo a la misma experiencia, mostrar imágenes de películas de Hou Hsiao-hsien y decir algo coherente sobre ellas a los alumnos resulta más sencillo y enriquecedor si antes han visto algo de Ozu y Mizoguchi, por ejemplo. De lo contrario, se corre el riesgo de ver cosas flotando, sin un mapa que las ordene y las haga aún más elocuentes, mientras uno cree estar descubriendo mediterráneos cada semana.

    La cuestión sigue siendo cuándo, cómo y qué agentes producen un determinado canon de películas o de cineastas. Si eso no se tiene en cuenta, se está a un paso de los parnasos y los olimpos etc. Pero incluso en este caso, un canon convencional al menos te ofrecerá un punto de referencia para la discusión, es decir, un foco de conocimiento al que regresar. Hablo de didáctica, no de la libertad del espectador individual: lo que uno enseña es, a fin de cuentas y en primer lugar, lo que uno desea hacer perdurable. Y un conocimiento no perdura si una cierta comunidad no se apropia de él considerándolo como una herencia.

    En segundo lugar, no hay conocimiento que no funcione por comparación, lo cual no significa que la comparación haya de hacerse en términos de “mejor” o “peor”, sino en términos de diferencia. Un buen día empecé un curso proyectando a los alumnos The kiss de Edison junto a The kiss de Andy Warhol: dos tomas fijas de dos situaciones similares, pero con tantas diferencias entre ellas como los 70 años de cine –y de otras muchas cosas- que las separaban. De pronto comprobé que tenía que explicar a una parte nada despreciable del alumnado (universitario) quién fue Andy Warhol. El resto del curso fue como seguir la lista de los reyes godos.

    Evidentemente, Bergala es un veterano y debe estar harto de tropezarse con críticos o cinéfilos que “descubren” demasiadas joyas ocultas bajo el peso de los viejos cánones, y se rebela contra ello, aprovechando que lo que su libro propone es una didáctica del cine. Y se entiende. La duda también se enseña y aprende, y supongo que es mejor medirla con un objeto digno de ofrecer resistencias y que, además, sea ampliamente conocido y reconocido. Además, ya dicen que a partir de cierta edad uno está más por la labor de releer que de descubrir textos nuevos. Pero ésta es otra historia…

    Por otra parte, siempre que se menciona el tema de la subjetividad, la libertad del gusto, etc., recuerdo el consejo de cierto profesor de música que recomendaba someter el juicio estético a tres pruebas que debían ser anteriores al gusto: la del conocimiento de la obra, la de su comprensión y la del discernimiento. “El gusto sólo debe actuar después”, nos decía. A mí me ha servido, pero intuyo que no es un método demasiado popular. Bergala, no obstante, va más lejos y afirma que las grandes obras son imprescindibles para afinar el gusto individual. Me parece una idea problemática pero útil.

    Pido disculpas por escribir tanto y de forma tan poco sistemática, pero el libro de Bergala es uno de esos con los que uno mantiene el diálogo, aun después de transcurrido un largo tiempo tras su lectura.

    • Misterioso objeto al mediodía dice:

      Hola Luis.

      Lo bueno que tiene este medio es que los debates permanecen siempre abiertos, sujetos únicamente a la actualidad, o más bien disponibilidad, que tengan los lectores que son los que, con su interés o comentarios, vuelven a recuperar el hilo.

      Muchas gracias por tu comentario, en sí mismo un verdadero artículo sobre el canon y la transmisión del cine. Como bien dices, las tesis del libro favorecen el diálogo aún mucho después de haberlo leído. Por mi parte, entre otras, entresaqué esta cita pues -aunque pueda quizás parecer pretencioso, radical o esnob- me interesaba traer a colación el hecho o la posibilidad que plantea Bergala: que “las malas películas” pueden contribuir a intoxicar el conocimiento, enturbiar el intelecto y confundir el espíritu, en definitiva, el buen gusto (sea lo que sea éste, que sería otra problema conexo, como también lo sería el determinar lo que podamos entender por “malas películas”).

      No obstante, aunque fue escrito con una clara y sana intención didáctica, encuentro una falla inexplicable en que, si bien Bergala hace constantes alusiones al “buen gusto”, nunca se detiene a explicitar en qué consiste éste, a explicar las razones que lo justifican o lo sostienen, lo da por hecho como si de una especie de gusto natural, platónico o inmanente se tratara.

      Aprovecho la ocasión para incluir un par de ellas que vienen al pelo con lo que estamos comentando: Hoy en día, la formación de este gusto, que es lo único que permite tomar distancia respecto a las películas malas, es el primer problema que hay que intentar resolver. La mejor respuesta hoy a la potencia de carga del cine de palomitas es el encuentro y la frecuentación permanente de otras películas. En cuanto a la relación del cine y la escuela, un error frecuente: La escuela sigue siendo masivamente bienpensante: muestra películas con agrado, incluso si son artísticamente nulas o inexistentes, a poco que traten con una cierta generosidad alguno de los grandes temas en torno a los cuales se podrá debatir después con los alumnos. (…) El problema es que en muy raras ocasiones las buenas películas son bienpensantes, es decir, inmediatamente digeribles y reciclables en ideas simples e ideológicamente correctas.

      Por cierto, la cita, tal y como se lee al pie, está tomada literalmente de La hipótesis del cine (L’hypothèse cinéma: Petit traité de transmission du cinéma à l’école et ailleurs), página 49.

  13. Luis dice:

    Amigo Misterioso Objeto,

    Empecé a escribir una respuesta a tu respuesta, y el texto se fue bifurcando hasta quedar demasiado extenso para un post. Así que te envío una versión que sigue siendo larguísima, pero menos.
    En primer lugar, creo que la expresión “buen gusto” es un arcaísmo útil, o incluso una mentira necesaria. Presupone algunas cosas que es preciso recuperar aun con todas las prevenciones necesarias:
    • La idea de fondo común, de memoria compartida sobre lo radicalmente singular: el placer (estético). El “buen gusto” podrá ser raro pero nunca exclusivo. Si lo fuera, no sería “buen gusto” sino excentricidad. Lo cual es muy honroso, pero difícilmente transmisible.
    • La idea de una disciplina que se educa y refina, y que busca una sintonía entre el conocimiento, la inteligencia y el placer sensible.
    • La idea de que, como tal disciplina, el placer estético se puede transmitir.
    • La idea de que para forjar esa disciplina es preciso reconocer una herencia, por más que luego decidamos repudiarla. La llamaremos canon.
    • La idea de que, pese a todo, algunas cosas valen más la pena que otras. La percepción de ese valor añadido puede ser imaginaria o errónea, pero imprescindible.
    • La idea de que en el juicio estético es preciso poner la inteligencia, es decir, una comprensión imaginativa, y no lo meramente “subjetivo”.
    • La idea de que las únicas objetividades admisibles en el juicio estético son en cualquier caso: un conocimiento meditado del pasado, una cierta elegancia del discernimiento, y el propio trabajo activo de contemplación (o de lectura, o de lo que sea que nos pida la obra de turno).
    • La idea de que no hay norma estética, pero sí obras normativas, en la medida en que sean los mojones que marquen la ruta en una cierta historia de la mirada.
    • La idea de que, paradójicamente, las obras normativas son precisamente las excepciones, y no la norma.
    • La idea de que, si los cánones y la apelación al buen o mal objeto mantienen su pertinencia, no es sino porque todo conocimiento necesita ser selectivo para durar.
    • La idea de que Bergala, como abuelo Cebolleta del cahierismo, escribió su libro como si necesitara bocanadas de aire entre tanto ahogo relativista. El suyo es un manifiesto apenas disimulado por recuperar un Buen Relato de la Historia del Cine, ahora que el cine, como tal, apenas cuenta para nada.
    • La idea de que la categoría “buen gusto” mantiene un lado aristocrático si mira hacia su origen, pero también un lado contestatario que se opone a la cultura de consumo.
    • La idea de que lo nuevo, frente a la novedad, nos entusiasma porque nos invita a ver más, no a ver mejor (cultura de consumo).
    • La idea de que lo nuevo, frente a la novedad, nos entusiasma también, y precisamente, porque nos obliga a subvertir el canon, a reescribir la historia del medio y a reinventar nuestro propio gusto.
    • La idea de que esta cultura que se opone a la cultura de consumo sea, tal vez, un último estertor de la Era del Arte (ver Regis Debray).
    • Y la idea, con Bergala, de que es siempre preferible ver Noche y niebla que ver La lista de Schindler, pero también, y contra Bergala, de que es mucho mejor ver las dos.

    Un abrazo

    Luis

    PS: Me disculpo por haber puesto un título apócrifo al libro de Bergala. Supongo que la palabra ESCUELA pesó más que la palabra CINE a la hora de instalarse en mi cabeza.

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