La imagen: Palimpsesto sinestésico (Sobibor…, Lanzmann, 2001)

En este film, la última incursión (tras Shoah, 1985, y Un vivant qui passe, 1997) de Claude Lanzmann hasta la fecha en el universo de la Shoah, éste contraviene, siquiera sea ligeramente, varios de los puntos que conforman su estricto programa cinematográfico, teórico y visual. Así, y en contradicción con su tesis al respecto de la imagen y el testimonio, no sólo emplea excepcionalmente, por primera y única vez, una imagen de archivo (la que abre la película), sino que además, como en Un vivant qui passe, prescinde de la coralidad testimonial y, por la focalización en un itinerario personal único y la consiguiente progresión dramática de la historia -mostrada en crescendo hasta su desenlace y cénit-, construye  la obra con una narrativa mucho más convencional; si bien es cierto que podemos encontrar este modo de narrar en el relato sobre las familias de Theresienstadt en la segunda parte de Shoah.

No obstante, entre los numerosos atractivos que posee el film, nosotros escogemos uno en especial que por su combinación de la imagen, la palabra, el sonido y su poder evocativo y provocador resulta sobrecogedor y proporciona el ejemplo perfecto -por lo prosaico y maquiavélico- de la fatídica conjunción entre simpleza y maldad que anidaba en la decisión y en los mecanismos puestos en marcha por el régimen nazi para alcanzar el exterminio de los judíos de Europa (y que Arendt designó con el -hoy trillado- concepto de la “banalidad del mal”). Nos referimos al instante en el que Yehuda Lerner recuerda cómo en uno de los campos se mantenía una bandada de ocas con el fin de que, al llegar un nuevo grupo de judíos deportados, fueran convenientemente azuzadas y con su cacareo estridente mitigaran el sonido de los lamentos, gritos y sollozos que se generaban entre aquellos que eran conducidos a las cámaras de gas, de tal forma que no alarmasen a los que, ignorantes, aún aguardaban impacientes en el andén. Con un simple montaje simultáneo que progresivamente solapa las palabras de Lerner con los sonidos de la bandada de ocas Lanzmann construye/crea una insospechada brecha visual y auditiva, mental en definitiva, con la que hace posible entrever, o mejor, encontrarse, ante un ápice del abismo de horror padecido y que ya, en adelante, resulta imposible de suturar.

3 respuestas a La imagen: Palimpsesto sinestésico (Sobibor…, Lanzmann, 2001)

  1. Á.David dice:

    ¿Qué puedo decir? me encanta el post.

  2. […] que fuera; por esta razón Lanzmann sólo filma y muestra imágenes en presente. Sin embargo, como ya apuntamos, la operación testimonial y memorialística presentada por Lanzmann en Shoah como insobornable y […]

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