Los pasillos de Pickpocket (Bresson, 1959)

Aunque ya abordamos Pickpocket en los comienzos del blog, éste es uno de esos no tan abundantes films a los que uno regresa siempre que se presenta la ocasión, y cuando esto sucede no sólo renueva completamente su atractivo, sino que cada nuevo visionado permite la posibilidad de descubrir nuevos hallazgos: imágenes, secuencias, reverberaciones y significados, que antes se nos pudieron haber pasado por alto. En esta ocasión me gustaría detenerme y resaltar especialmente la importancia de los aparentemente intrascendentes planos vacíos que muestra Bresson de los pasillos que aparecen en la película.

Al contrario de lo que sucedía en su película anterior, Un condenado a muerte se ha escapado (Un condamné à mort s’est échappé, 1956), que se centra en torno a la determinación del protagonista en su objetivo de fugarse de la prisión en la que se encuentra encerrado, en Pickpocket -que cierra la denominada trilogía de la prisión-, parece suceder todo lo contrario, Michel, el protagonista, decide transitar una senda fatal que sabemos terminará -antes o después- con él en prisión. Por razones de índole filosófica Michel ha escogido vivir una existencia semi-enclaustrada, ascética y solitaria, alimentada únicamente por su obsesión con el hurto y el carterismo como única forma válida de realización y (anti)interactuación social y así se mantiene, ajeno a los otros -sean estos próximos o lejanos-, hasta que esta situación se vuelve insostenible; precisamente cuando los otros dejan de serle extraños. Un visionado atento nos permite observar como tanto su aislamiento vital, su soledad, como el mencionado desenlace final son anticipados visualmente por Bresson de manera harto significativa a través de las secuencias que reiteradamente muestran el desolador pasillo que conduce a la pequeña habitación, casi una celda monacal, que le sirve  a Michel de morada; el espacio físico como paralelo de su psique. Este hecho queda de manifiesto cuando finalmente es atrapado y encarcelado, pues entonces nos es dado comprobar por un instante como el pasillo de la prisión apenas difiere del suyo propio, no sólo tiene prácticamente el mismo aspecto y forma, sino que además es mostrado desde el mismo punto de vista y ángulo. De esta manera tan sencilla Bresson desvela la naturaleza carcelaria de la vivencia interior y exterior del protagonista que, en realidad hasta entonces ha venido habitando -tanto fuera como dentro de la prisión- una verdadera cárcel (pues siempre ha estado encerrado mentalmente en sí mismo); y no será sino en el momento de la epifanía cuando, por fin, se le revela un afuera; precisamente cuando una barrera real, externa, obstaculiza, interrumpe, el acceso al ser amado, al otro.

3 respuestas a Los pasillos de Pickpocket (Bresson, 1959)

  1. crowley dice:

    Interesantísimo enfoque hacia este aspecto del cine de Bresson. Esto, para que luego me digan que no influyó a Haneke para su Séptimo continente.
    Hay que ver cómo tan poco puede decir tantísimo.
    Un saludo

  2. Á.David dice:

    Brillante enfoque de una de mis películas de cabecera. Me gusta que lo hayas analizado a través de los pasillos.

    Un saludo

  3. Misterioso objeto al mediodía dice:

    Muchas gracias por tu comentario, coincidimos en lo de “película de cabecera”, aunque en mi caso en dura pugna con El dinero, que me parece fantástica.

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