¿Dónde está la casa de mi amigo? (Khane-ye doust kodjast?) – Abbas Kiarostami (1987)

¿Dónde está la casa de mi amigo? es por varias razones uno de los films más notables dentro de la filmografía de su director, el iraní Abbas Kiarostami: es el film con el que inaugura la llamada trilogía Koker, en él aparece el paisaje y algunos de los elementos y símbolos que luego se repetirán en sus obras posteriores, con él se dio a conocer en occidente y, además, es la última película en la que Kiarostami hará uso de una narrativa al uso con un desarrollo dramático convencional, a pesar de que, como más adelante veremos, este film tampoco pueda ser calificado de neorrealista. Así, ¿Dónde está la casa? viene a suponer, junto con su siguiente largometraje Close up, el Rubicón cinematográfico en la obra de Kiarostami, pues a partir de él toma otros derroteros en los que se inclina por la experimentación metanarrariva, el cine dentro del cine y la reflexión sobre los mecanismos del propio cine, la ficción y la representación.

La película relata, en apenas ochenta minutos, las idas y venidas de Ahmed, su pequeño protagonista, entre su pueblo, Koker, y el vecino, Poshteh, decidido a encontrar (contra las admoniciones en sentido contrario de su madre, la insensibilidad sádica de su abuelo, así como el desinterés, cuando no directamente el entorpecimiento, del resto de los adultos que se encuentra en su camino) en él a Nematzadeh, su compañero de pupitre, con el fin de devolverle el cuaderno escolar que ha tomado en su cartera por error, de forma que a la mañana siguiente éste no haya de sufrir por ello un castigo, o incluso la expulsión, como amenazó con hacer el severo maestro de la escuela. Con esta anécdota como excusa argumental, realizada con una sorprendente economía de medios expresivos y una gran severidad formal, las veinticuatro horas de odisea de Ahmed, al modo de un Leopold Bloom infantil con ecos de Rossellini o De Sica, suponen un viaje iniciático plagado de esfuerzo, sinsabores y contratiempos y esconde, en realidad, una verdadera y arriesgada empresa moral fundada en el deber, la amistad y la lealtad, por encima de la obediencia, la comodidad y la aceptación de lo dado; un puro acto ético de rebeldía como a veces sólo los niños y los locos son capaces de llevar a cabo.

Todo el film está vertebrado, pues así se muestra casi en cada uno de sus planos, por el irremisible desencuentro, por el choque (in)comunicativo e idiosincrático entre dos mundos paralelos completamente ajenos, el de los niños y el de los adultos; hasta el punto de que en todas las ocasiones en las que Ahmed se encuentra con algún adulto, sea familiar o desconocido, es corregido, rechazado o ignorado por él, hasta quedar reducido a una presencia invisible, o muda, de forma que sus únicos interlocutores válidos y confiables los encuentra sólo entre sus semejantes, los niños. En este mismo sentido se puede entender la contradicción flagrante entre los discursos supuestamente educativos de los mayores, siempre retóricos y desconectados, y sus acciones, siempre egoístas e interesadas, así como la contradicción entre aquellos y la acción simple, la praxis, puesta en marcha por Ahmed, o también la insistencia con la que una y otra vez ha de afrontar su trato frustrado con los mayores. Los niños se encuentran oprimidos, habitan un universo transitivo, sometidos a los designios -si no a la arbitrariedad- de sus mayores, disciplinados a base de miedo y de discursos tangenciales contrapuestos, ciegos e inconciliables: la educación por un lado, la obediencia y el trabajo físico por otro, pero siempre con el sometimiento, el rigorismo y la subordinación como telón de fondo.

Otra constante que recorre la película y que da idea de la singular y heroica, aunque estéril, o más bien trivial, tarea que emprende Ahmed (como vaciar el mar con cubitos), es la confusión y el malentendido que, desde el mismo comienzo reina tanto a propósito del cuaderno escolar como de la posterior búsqueda de su compañero; en ambos casos el error, la apariencia y la intercambiabilidad están siempre presentes (elementos que, por cierto, Kiarostami retoma en su obra posterior). Cuando Ahmed inicia su periplo comprueba que se confunde de cuaderno y ha de dar la vuelta para llevarse el correcto, el de su compañero, este patrón se repite hasta el mismísimo final cuando, en vez de entregar el suyo al maestro, muestra el de su compañero; ocurre lo mismo con los pantalones de Nematzadeh: primero vemos tendidos unos iguales, luego otros exactamente idénticos, pero esta vez puestos en un niño que, para colmo, también es un Nematzadeh, pero no aquel al que Ahmed necesita encontrar. En todas estas ocasiones, en las que vemos el film desde el punto de vista de Ahmed, tenemos como espectadores la esperanza  y la sensación de alivio de haber encontrado lo que buscábamos, sensación que hasta el final se ve una y otra vez postpuesta y frustrada. Con el empleo de semejante suspense, al dilatar el desenlace, Kiarostami juega con el espectador, lo engaña; esta misma operación es la que pone en práctica cuando, urgido por la noche que se cierne, el joven protagonista finalmente recurre a un oportuno anciano sabio que parece conocer a todo el mundo y que se ofrece para guiarle lentamente en un subviaje por el inacabable dédalo de cuestas y escaleras que componen el pueblo, esta vez en la que parece que va a ser la última estación de su particular via crucis. Sin embargo, lo que hace Kiarostami con ello es instalarnos en el corazón del artificio, pues después de este lance se sucederán las elipsis.

Precisamente, es con este episodio, como ocurre en los cuentos, al caer la noche, cuando ¿Dónde está la casa de mi amigo? cancela el aparente naturalismo en el que se había desenvuelto toda la película, dando paso a un lance “misterioso”, o fantástico, completamente artificial, que implícitamente pone en evidencia, desnuda, el mecanismo cinematográfico. Ahmed recorre el pueblo a oscuras acompañado por este anciano que parece su salvador en una particular jornada que, con sus melancólicas menciones al pasado, al campo y a la ciudad, a los cambios que el pueblo está experimentando y a la desaparición del mundo conocido, ejemplificado a través de la sustitución de las tradicionales puertas y ventanas de madera -de las que el anciano es autor-, por puertas y ventanas de hierro (como la de la escuela que vemos al inicio de la película), introduce este inesperado elemento elegiaco y refleja por enésima vez -en esta ocasión de manera efectiva, definitiva e insalvable- la imposibilidad de comunicarse, la insuperable distancia entre dos realidades generacionales y vitales enfrentadas, aquélla de la infancia, de la potencialidad y la inocencia y ésta de la vejez, de la renuncia y el desencanto. En este precario marco de tristeza y antagonismo, pero también de humanidad primigenia, ha de entenderse el cautivador y sobrenatural recorrido entre caprichosos reflejos de luces de todo tipo de formas y colores por el que ambos realizan su paseo (y que ilustran esta entrada): como un itinerario entre los fantasmas del trabajo, de la vida y de la memoria; así también ocurre con el vestigio de este paseo, la flor, único recuerdo -o frágil símbolo- de una noche tan infructuosa como espectral.

5 respuestas a ¿Dónde está la casa de mi amigo? (Khane-ye doust kodjast?) – Abbas Kiarostami (1987)

  1. Fayçal dice:

    Gracias por el hermoso artículo, y ya de paso, por el magnífico blog.
    He aquí el poema que dió título a la película de Kiarostami, en su traducción al inglés (no dispongo de la española):

    In the false-dawn twilight
    a rider enquired of a passer-by:
    Where is the house of my friend?
    The sky paused
    The passer-by held a branch of light
    which brushed the dark sand

    He pointed to an aspen:
    before you reach that tree
    turn off at the garden path
    that leads into a space more green
    than any god could dream
    and go down that path
    as far as the wings of honesty can reach

    Continue beyond the end
    of the first part of your life
    and then turn again
    take two steps
    toward a flower that grows alone
    at the foot of the fountain
    of the story of the earth
    stop and you will be swallowed up
    by fear transparent as water

    In the closeness of the space that flows
    something rustles
    in one of the surrounding pines
    a child has climbed up
    to pluck a young bird
    from a nest made of light
    and you call out to that child

    Where is the house of my friend?

    Sohrâb Sepehri

  2. Misterioso objeto al mediodía dice:

    Hola Fayçal, muchas gracias a ti por tus palabras y por tomarte la molestia de transcribir aquí el poema de Sohrâb Sepehri que inspiró el título de esta película de Kiarostami. De paso, aprovecho esta ocasión para felicitarte por tu blog.
    Un abrazo.

  3. Si me lo permites, puedo asegurar que la película en cuestión atiende a la mejor obra de Kiarostami. Admiro toda su filmografía y debo recalcar que tu análisis es estupendo. Kiarostami se ha caracterizado por implementar el uso de metáforas y simbologías en sus sencillas pero universales argumentos. Un saludo.

    • Misterioso objeto al mediodía dice:

      Hola José, muchas gracias por tu comentario y por tus palabras elogiosas, comparto tu admiración por Kiarostami. Un saludo

  4. Luis dice:

    Pues parece que sí existe una versión española de ese poema, y de otros de Sepehri. Supongo que es un libro descatalogado.

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