Díptico Dassin (Noche en la ciudad/Rififi)

Es posible que las dos obras más interesantes de la filmografía del director norteamericano Jules Dassin sean los dos policíacos que inauguran su “etapa europea” (en realidad un verdadero y forzado exilio): Noche en la ciudad (Night and the city, 1950) y Rififi (Du rififi chez les hommes, 1955). La oportunidad de rodar en Europa el primero de ellos surge providencialmente cuando, a instancias de Darryl F. Zanuck, Dassin acepta dirigir en Londres un proyecto para la Fox en el preciso momento en el que el ostracismo amenazaba su situación profesional (tras ser delatado como comunista por los directores F. Tuttle y E. Dmytrik). Este proyecto, a la par que le permitirá firmar una de sus mejores obras, le proporciona la excusa perfecta para salir momentáneamente de la escena norteamericana en el cénit de la caza de brujas, la persecución iniciada por el Comité de Actividades Antinorteamericanas, e instigada por el infausto senador McCarthy.

Sin embargo, lo que inicialmente no fue más que una decisión estratégica, se tornó una necesidad definitiva en el momento en que, a pesar del relativo éxito de Noche en la ciudad, Dassin resulta incluido en la lista negra y por tanto proscrito para dirigir otro film para la industria cinematográfica de su país; de manera que no volverá a dirigir en los EEUU hasta Uptight (1969), casi veinte años después. Así, tras rodar un episodio de la serie televisiva Meet the masters y dirigir una obra teatral con Bette Davis, no le queda otra alternativa (como a tantos otros: Losey, Chaplin, Berry o Welles) que exiliarse en Europa si desea seguir trabajando, pero también aquí le resulta difícil abrirse camino y durante cinco largos años, principalmente como consecuencia de las injerencias y coacciones de su Gobierno, sufre el sucesivo desmantelamiento de cada uno de los proyectos en los que se embarca (Don Camilo, El enemigo público nº1, Tiempo de matar, El maestro Gesualdo). Esta inactividad forzada finalmente se interrumpe gracias a Henri Berard, el productor francés que le ofrece llevar al cine Rififi, la adaptación de la novela policíaca de Auguste Le Breton del mismo título.

La incursión de Dassin en el noir no era ni mucho menos una novedad en su carrera pues sus tres películas inmediatamente anteriores (una vez finalizado su contrato con la MGM, en vigor desde sus comienzos en 1941) se encuadran sin dificultad dentro del mismo género (y son también las que comienzan a granjearle cierta fama): Brute force, 1947, The naked city, 1948 (las dos para la Universal) y Thieves’ highway, 1949 (para la Fox). Todas ellas retratan con un tono naturalista -influido por el neorrealismo italiano pero también teñido de cierta ingenuidad o maniqueismo (imputable en ocasiones a la intromisión de los productores)- diferentes formas de violencia humana e institucional (prisión, estado, mercado) que ponen de manifiesto -o denuncian- las injusticias sociales que oprimen al individuo en la sociedad norteamericana.

A pesar de la diferencia de orígenes y del lapso de tiempo que transcurre entre ambas películas, tanto Noche en la ciudad como Rififi poseen numerosos puntos en común y grandes semejanzas, tanto argumentales como temáticas y estilísticas, si bien esta última resulta un destilado nihilista y desesperanzado del pesimismo vital que ya se enseñoreaba por las calles londinenses en la primera (a la par que se convierte en referente indiscutible para todo el cine de atracos posterior). Así, las dos comparten un decorado urbano de raigambre documental, recorren a ras de calle el fatídico itinerario dramático de dos ambiguos antihéroes marginales (un buscavidas y un ex-presidiario, respectivamente) y en ambas se percibe el hálito trágico que irradian y el destino fatal que aguarda a sus dos excelentes protagonistas (tanto el crispado y convulso Richard Widmark, como el elegiaco y crepuscular Jean Servais). En ellas la ciudad revela su naturaleza pesadillesca y amenazadora, como una jungla asfixiante o una gigantesca prisión, en donde late en paralelo un mundo nocturno de una crueldad implacable, en el que no hay perdón ni redención posible y en el que la ambición es moneda de cambio y los errores se pagan con la muerte.

Pero la guinda de los paralelismos y la razón que nos lleva a convocarlas aquí como díptico es que en ambas se repite el mismo y sugerente motivo visual: por un segundo se muestran ante el espectador sendas fotografías de los protagonistas con sus respectivas parejas que se revelan como un espejismo, como una brecha no cicatrizada que invoca su pasado. En Noche en la ciudad se la muestra expresamente a Richard Widmark su mujer (y junto a él a nosotros), mientras que en Rififi es el liviano movimiento de una cámara omnisciente -en el preciso momento en que Jean Servais golpea salvajemente a su ex- la que, para ocultar esta violencia, se desvía revelándonos esquinadamente dicha fotografía. Ambos momentos se constituyen por tanto como el destello de una verdadera aparición del pasado, la fatasmagoría de una arcadia distante y feliz: unas imágenes que aparecen súbitamente cargadas de memoria, el pasado inasible, un paraiso perdido que materializa la desazón y visualiza la fractura íntima que desgarra el presente de los personajes. En definitiva, una imagen espectral que insufla vida y dolor a los protagonistas, que compendia todo lo no dicho, haciendo innecesarias las explicaciones, y que ofrece al espectador una ventana por la que asomarse o atisbar por un momento el abismo de quiénes podrían haber sido (y también quiénes son) estos perdedores abocados al fracaso, a la desesperación y a la muerte.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: