La cita: contra la imagen tópica (Gilles Deleuze)

Como dice Bergson, no percibimos la cosa o la imagen entera, percibimos siempre menos que eso, sólo percibimos lo que estamos interesados en percibir, o, mejor dicho, lo que tenemos interés en percibir a causa de nuestros intereses económicos, de nuestras creencias ideológicas, de nuestras exigencias psicológícas. Así pues, de ordinario no percibimos más que tópicos. Pero si nuestros esquemas sensoriomotores se descomponen o se rompen, entonces puede aparecer otro tipo de imagen: una imagen óptica-sonora pura, la imagen entera y sin metáfora que hace surgir la cosa en sí misma, literalmente, en su exceso de horror o de belleza, en su carácter radical o injustificable, pues ya no tiene que ser «justificada», bien o mal… (…). Este era el problema con el que concluía nuestro estudio precedente: arrancar a los tópicos una verdadera imagen.

Por un lado la imagen no cesa de caer en el estado de tópico: porque se inserta en encadenamientos sensoriomotores, porque ella misma organiza o induce estos encadenamientos, porque nunca percibimos todo lo que hay en la imagen, porque ella está hecha para eso (para que no percibamos todo, para que el tópico nos oculte la imagen… ). ¿Civilización de la imagen? De hecho se trata de una civilización del tópico, donde todos los poderes tienen interés en ocultamos las imágenes, no forzosamente en ocultarnos la misma cosa sino en ocultarnos algo en la imagen. Por otro lado, al mismo tiempo la imagen intenta permanentemente horadar el tópico, salir del tópico. No se sabe hasta dónde puede llevar una verdadera imagen: la importancia de volverse visionario o vidente. No basta con una toma de conciencia o con un cambio de corazones (…). A veces se necesita restaurar las partes perdidas, reencontrar todo lo que no se ve en la imagen, todo lo que se sustrajo de ella para hacerla «ínteresante». Pero a veces, por el contrario, hay que hacer agujeros, introducir vacíos y espacios blancos, rarificar la imagen. suprimirle muchas cosas que se le habían añadido para hacernos creer que se veía todo. Hay que dividir o hacer el vacío para reencontrar lo entero.

Lo difícil es saber en qué cosa una imagen óptica y sonora no es ella misma un tópico, en el mejor de los casos una foto. No pensamos únicamente en la manera en que estas imágenes vuelven a dar tópicos no bien son retomadas por autores que las utilizan como fórmulas. ¿Pero los propios creadores no piensan a veces que la nueva imagen debe rivalizar con el tópico en su propio terreno, llegar más lejos que la tarjeta postal, cargar las tintas, parodiarla para librarse mejor de ella (Robbe-Grillet, Daniel Schmid) ? Los creadores inventan encuadres obsesivos, espacios vacíos o desconectados, hasta naturalezas muertas: en cierto modo detienen el movimiento, redescubren el poder del plano fijo, ¿pero no resucitan con ello el tópico que quieren combatir? Para vencer no basta ciertamente con parodiar el tópico, ni tampoco con hacerle agujeros y vaciarlo. No basta con perturbar los nexos sensoriomotores. Hay que «unir» a la imagen óptica-sonora fuerzas inmensas que no son las de una conciencia simplemente intelectual, ni siquiera social, sino las de una profunda intuición vital.

Gilles Deleuze, La imagen-tiempo, pp. 35 a 37, Ed. Paidós, 1987. Trad. Irene Agoff

5 respuestas a La cita: contra la imagen tópica (Gilles Deleuze)

  1. Luis dice:

    La cita es estupenda.

    Ahora bien, puesto el texto fuera de contexto, me parece sentir un enorme parecido entre lo que Deleuze atribuye, desde Bergson, a la imagen-tiempo, y el ideal que subyace a la noción misma de Arte tal como se gesta entre el Renacimiento y el Romanticismo: el Arte como práctica de representación “que progresa” hacia la práctica trascendental.

    En los textos de Vasari (s. XVI) aún se valoraba el poder de la semejanza como cualidad de la obra de arte, pero aquí ya según el toque del artista singular. No sólo aparece el artista como figura trascendental, sino también el destino del arte en el éxtasis. El éxtasis ante una semejanza que desborda a la naturaleza, que la dota de algo que la naturaleza no tiene: idea, pensamiento (pero pensamiento como “percepto”, como figura, no como “concepto”).

    Lo que me llama la atención, en cualquier caso, es que Deleuze evita hablar de Historia para hablar en cambio de algo más abierto: un “devenir”. Sin embargo, cuando habla de cine, ese devenir aparece de pronto con la predisposición de lo necesario. El cine traza su propio camino desde la imagen-movimiento hasta la imagen-tiempo. Ese “devenir” se parece demasiado, sintoniza demasiado bien con la división establecida por los historiadores tradicionales entre cine clásico (= imagen-movimiento) y cine moderno (= imagen-tiempo).

    Al decidir que la imagen-tiempo, hecha de imágenes ópticas y sonoras puras, manifiesta algo “que ya estaba latente” en las imágenes-movimiento (no lo dice aquí sino en otras páginas de su libro), Deleuze se nos pone teleológico: el cine seguiría una historia de progreso, de cumplimiento de posibilidades latentes.

    Más aún (y más allá de Deleuze): en la breve Historia del Cine proyectamos toda una Historia del Arte. Como si el cine viniera a repetir en un siglo todos los movimientos y crisis que ha sufrido el Arte (como idea) en quinientos, seiscientos años. Tal vez sea inevitable proceder de este modo para hallar algo inteligible en nuestra forma de poner en relación imágenes de épocas, rasgos y fines muy diferentes. Y tal vez haya también, seguro que las hay, otras posibilidades. Le estoy dando vueltas a alguna que otra, pensando en un par de cursos próximos. Ya te comentaré. (Cuanto más lo pienso, más convencido estoy de que el ciclo de Vértigo sobre los S&H hubiera sido perfecto para un curso. Ya te comentaré también…)

    Una pista (y recomendación) sobre todo este asunto: la noción de “anacronismo” según Georges Didi-Huberman en ANTE EL TIEMPO, como posición necesaria al ejercicio de una Historia del Arte. Más que recomendable, imprescindible…

    (Y perdón por la longitud del post).

  2. Misterioso objeto al mediodía dice:

    Es cierto que a la hora de abordar la Historia del cine, en Deleuze se podría rastrear cierta “necesidad” histórica que, aunque desdibujada en ese vago “devenir”, puede tener algunas reminiscencias demasiado cercanas al pecado original del historicismo, que “a posteriori” ordena “la catástrofe única que se acumula derrota tras derrota” que llamamos “Historia”. Sin embargo, también es cierto que ese hilo deleuziano no incurre en la trampa del “progreso” o la entronización de la “novedad” o del sentido prediseñado del arte, sino que se abre (con el movimiento aberrante) a una alteridad inasible o evasiva (¿el equivalente al “anacronismo” didihubermanesco?). De hecho, Didi-Huberman no sólo lo incluye, menciona a Deleuze en el equipo teórico, junto a Warbug, Benjamin y Bernstein, sino que reconoce que Ante el tiempo es -al menos en su organización- un homenaje a la imagen tiempo.

    Por otra parte, tienes mucha razón en que hay que revisar el hecho de que, en los poco más de cien años de vida, a la Historia del Cine se le apliquen -reiterada y entusiásticamente- los mismos criterios que sirven para catalogar, ordenar y categorizar los ciclos de la Historia del Arte. Mucho más cuando, por lo general, esta Historia del cine se plantea desde el reduccionismo o la maximalización, al limitarse a un determinado tipo de cine que obvia o excluye las marginalidades, las singularidades y las dislocaciones: los anacronismos.

    • Luis dice:

      A mí esta idea de Didi-Huberman del “anacronismo” me fascina. Pero no tanto en lo que supone de búsqueda de los “despojos”, de lo marginado por la Historia, de lo que ni siquiera parece objeto apropiado para la Historia. Sino el “anacronismo” como móvil de fondo del historiador.

      Él mismo lo introduce cuando imagina a Pollock en una pintura de Fra Angelico que sólo parece representar manchas, o en todo caso “estrellas” sobre un cielo rojo. Uno ve lo que le es dado ver desde su presente. Es como aquello que decía Borges cuando mencionaba la “influencia” de las obras de Kafka en las obras de Poe (un contrasentido cronológico lleno de sentido desde nuestra posición frente a la literatura).

      Yo últimamente me he vuelto menos aficionado a los despojos y más aficionado al canon. El canon me obsesiona más ahora (hace cinco años, hubiera dicho lo contrario). Creo que parte del problema está en que la cultura contemporánea se ha apropiado a su forma de la idea del despojo de la cultura. Si algún reproche pudiera uno hacerle al admirable Didi-Huberman, sería que su propuesta llega un poco tarde. En tiempos de Warburg o Benjamin, esa posición era revolucionaria. Hoy, se presta a la confusión: la post-modernidad ama los despojos. Los “cultural studies” también. Supongo que Didi-Huberman podría defenderse diciendo: “es que yo sí creo en la Historia; los post-modernos no, y los culturalistas la reducen demasiado”. Pero es sólo un suponer.

      En cuanto a Deleuze, cierto que no habla de progreso ni de novedad, pero sí de una posibilidad latente en el cine, que luego se cumple necesariamente porque ya estaba ahí, desde el principio. Eso es teleológico, es decir: supone una finalidad, un destino predispuesto ya desde el principio, lo cual se contradice con la idea de devenir, creo. Pero uno, que procura siempre decir una cosa y su contraria, se pregunta a veces si no hemos convertido en dogma el habitual rechazo a la idea de progreso, o de evolución necesaria. Porque a lo mejor, a veces, tal vez sí procede considerarla. La ciencia se permite considerarla, al menos dentro de ciertas condiciones: uno puede saber que, dado tal hallazgo, otro aún imposible terminará por darse… Vale, las humanidades son otra cosa y tal. Pero en fin. Esto mejor con una caña en el Madrid…

  3. Fayçal dice:

    Sí señor, la cita es genial ! Me quedo con esas últimas tres palabras : “profunda intuición vital”, con ellas todo queda dicho…

    Un abrazo y gracias (otra vez) por la calidad del blog (y la de los comentarios que a uno le es dado leer por estos lares), qué placer pasarse por aquí !

  4. Luis dice:

    Tantos años dándole vueltas a los libros sobre cine de Deleuze, y ahora me vengo a dar cuenta del juego de palabros: imagén tópica / imagen óptica. Estos franceses…

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