Festival de cine de Las Palmas 2011: Balance final

Aunque ya hace más de un mes que se clausuró la XII edición del Festival Internacional de cine de Las Palmas de G.C., entendemos que puesto que todavía es posible encontrarse con los cubos publicitarios, ondean algunas de sus banderolas y anuncios por las calles de la ciudad, aún no es demasiado tarde y no queríamos dejar pasar la oportunidad de hacer un pequeño balance y sacar un puñado de conclusiones al respecto.

Una vez bien digerida la última edición nos atreveríamos a decir, con todas las reservas y prevenciones posibles, puesto que hablamos desde la intuición del simple espectador, que tememos que el Festival haya alcanzado una más o menos cómoda meseta (¿su cúspide?) en cuanto a su perfil, funcionamiento y filosofía. Nos referimos, por decirlo en otros términos, a que nos da la impresión de que el Festival desde hace un par de años, pero más acentuado en esta última edición, parece que ha conseguido optimizar sus energías, organización y recursos de tal forma que se ha instalado en una tan apetecible como complaciente velocidad de crucero cinematográfico-festivalera que ya anticipábamos el año pasado.

Esto puede deberse a varias razones: porque después de doce ediciones el Festival ya tiene garantizada su continuidad, que al principio de la anterior legislatura municipal no estaba nada clara, así como unos mínimos económico-presupuestarios (mucho más con la inyección de la capitalidad) que le permiten cierto margen de maniobra, porque ha prescindido definitivamente tanto por obligación como por filosofía de los condimentos extracinematográficos; y, sobre todo, porque los criterios de legitimación habituales: el público y la crítica, con su anuencia, cobertura y asistencia siguen plebiscitando positivamente el evento. Con este panorama relativamente optimista y tranquilizador es posible que, como decíamos antes, la organización esté al máximo de sus actuales posibilidades, sin embargo, a nosotros esta edición, y más si la comparamos con la pasada y sobre todo con las inmediatamente anteriores, nos da la impresión de que ha evidenciado un ligero retroceso. Tal vez si hubiéramos de justificarlo convenientemente nos resultaría muy difícil razonarlo de manera coherente, quizás sea una mera sensación indefinible, o bien simplemente que en esta edición, salvo contadas ocasiones muy puntuales, no hemos encontrado ninguna obra que nos provocara una con/emoción profunda. Lo cierto es que se mantiene una línea de programación mayoritariamente arriesgada, pero parece que ha perdido punch, sobre todo en las Secciones “oficiales”, pues nada podemos objetar a la retrospectiva dedicada a Kazuo Hara o Memorias del mal, como tampoco a la panorámica dedicada a Jean Pierre Léaud, aunque sí al Neo noir, demasiado previsible. Sin embargo, a pesar de estas apreciaciones, lo cierto es que el Festival de Las Palmas de G.C. no sólo se mantiene entre los festivales de cine más sugestivos del panorama nacional, sino que con cada edición logra mayor repercusión y con ello consolidarse como un pequeño gran referente o hito del panorama festivalero patrio.

Entrando en materia, por lo que se refiere a la valoración de la programación de este año, podríamos decir que se han visto confirmadas las expectativas iniciales, esto significa que, salvo excepciones, sólo resultó interesante lo que a priori resultaba atractivo, con lo que, puesto que no ha habido descubrimientos, ni fulgor, ni temblor, finalmente se han demostrado un poco frustradas. Así, como aventuramos al comienzo, este año la Sección oficial resultó tan desigual como nos parecía, así que apenas despertó nuestro interés y finalmente sólo me decidí a asistir a tres de ellas (Hai shang chuan qi, Jiabiangou y Attenberg) entre las que, desgraciadamente, no acerté a ver la vencedora, Jean Gentil (por cierto, premiada recientemente en Jeonju). Aquí aprovecho para lanzar una sugerencia: sería de agradecer que la película ganadora dispusiera de un pase extra el último día para los curiosos y rezagados. En cuanto a las películas, sólo la de Wang Bing y en parte la de Athina Rachel Tsangari estaban en un nivel aceptable pues I wish I knew resultó demasiado benevolente, dejando translucir su origen promocional. Por el contrario, en la informativa sí que encontramos varias propuestas que resultaron de nuestro agrado, aunque tampoco en demasía, Festival, el minué solipsista de Jean-Claude Rousseau, la descarnada ruptura de un matrimonio en Tuesday after Christmas, de Radu Muntean y el último largometraje del checo Jan Švankmajer, Surviving life, theory and practice.

Entre las restantes secciones, nos quedamos por lo desconocido, polémico e impactante, con la antológica dedicada a los documentales del director japonés Kazuo Hara, que con gran dedicación y entusiasmo presentó todos y cada uno de los pases de sus cuatro films, además de ofrecer una charla, en la que abundó en su visión del cine y del documental, así como grabar una pieza que esperamos ver pronto. Junto a él, como adelantábamos, también destacamos la muy interesante y acertada selección de documentales recogidos bajo el epígrafe Memorias del mal, algunos muy conocidos, pero otros en rigurosa primicia, como Autobiografia Lui Nicolau Ceausescu de Andrei Ujica. Las otras dos que aquí también resaltamos son la retrospectiva dedicada a Jean Pierre Léaud, acertadamente alejada de sus doineles oficiales, y el ciclo escogido por Luis Miñarro. En ambos casos, si bien casi todas nos resultaron conocidas (salvo la delicada y fantasmagórica Aita), dado que no son fácilmente accesibles, siempre resultan un verdadero placer, mucho más con el plus de contemplarlas en una pantalla de cine.

Finalmente, no podemos dejar de dedicarle unas líneas al Foro Canario que, quizás porque la cercanía contribuye a nublar el juicio o a empa(e)ñar la objetividad, tanto la selección como el palmarés han vuelto a levantar polvareda y a no dejar a nadie indiferente ni satisfecho.

En resumen, este año hemos presenciado una edición que persiste en los errores estratégicos relativos al concepto y sedes de la inauguración y clausura, que topa con unas dificultades intrínsecas y congénitas atribuibles a la fragilidad de la organización que lo conduce (y a las que no habría que resignarse); si bien, como apuntábamos antes, no ceja en insistir, decidida e intrépidamente, en su línea editorial. Sin embargo, por las razones que sean (quizás porque asistimos a “un impasse de creatividad”), nos ha trasmitido la impresión final de sufrir un bache o indicios de desgaste y por ello de haber experimentado una edición de transición, que deseamos que enjuague y remonte el año próximo, para el que, por cierto, ya están fijadas las fechas de su celebración: del 16 al 24 de marzo del 2012.

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