Nekam achat mishtey eynay (Avenge but one of my two eyes) – Avi Mograbi (2005)

Presentada en la retrospectiva que se le dedicó al director israelí Avi Mograbi en la 8ª edición del Festival Internacional de cine de Las Palmas de G.C. y rescatada dentro del ciclo Memorias del mal en la edición de este año, Nekam achat mishtey eynay es un documental que, a través de la alternancia de varias líneas argumentales y haciendo uso de la mecánica del montaje paralelo, expone de forma cruda y sencilla la humillación cotidiana, las vejaciones diarias y, en definitiva, la intolerable opresión a la que son sometidos indiscriminadamente los ciudadanos palestinos en Israel. Dado que el denominado eufemísticamente conflicto árabe-israelí y sus funestas consecuencias constituyen un escenario harto conocido (si bien no por ello hay que dejar de denunciarlo las veces que sea menester), lo verdaderamente sobresaliente de esta obra reside en el hecho de que el propio documental presenta o se convierte en sí mismo en un proceso de toma de partido o de conciencia frente a tamañas injusticias (con el significativo detalle de que aquí el director es él mismo israelí).

El cúmulo de injusticias y ultrajes a las que asistimos (o más propiamente la reiteración y alcance de dichas arbitrariedades) es tal que la cámara-ojo del documentalista (y con él el espectador) sufre una metamorfosis desde la inicial “objetividad” (o la supuesta distancia aséptica) del documental hasta devenir en lo que podíamos denominar una suerte de “cámara furibunda”. Pues ante la zozobra, y presa de una más que justificada exasperación moral, la cámara finalmente abandona la tibieza propia de este formato y rompe la barrera del testimonio silencioso para participar activamente, en primera persona, basculando hacia una ira saturada de santa indignación. Lo que Mograbi deja claro aquí es que, ante una situación en la que se vulneran de manera diaria y sistemática la dignidad del ser humano y los derechos humanos más elementales en pos de culminar una estrategia consciente de dominación y quebranto psicológico, no caben las medias tintas: la única alternativa éticamente viable es la denuncia y la oposición activa. Cualquier otra opción, como pretender ofrecer un testimonio aséptico de dicha injusticia, resulta inmoral, se torna en abominación y en pura y simple complicidad criminal.

La transformación que sufre la cámara, el deslizamiento progresivo hacia la intervención, resulta un proceso lógico y evidente a la vista de las imágenes que Mograbi decide escoger/exponer en el documental pues insiste en recalcar varias contradicciones, entre las que una se eleva por encima de las demás, la que contrapone los grandes relatos en los que se funda el estado judío de Israel con una praxis completamente antitética en lo que toca a los territorios ocupados. Para ello yuxtapone sucesivos argumentos visuales, desde el conocido plano mograbesco: él mismo hablando frente a la cámara, en esta ocasión con su amigo palestino Shredi Jabarin (que sufre una de las tristemente frecuentes razzias indiscriminadas a cargo del ejército israelí), a la muestra de la orgullosa pedagogía nacionalista institucional que tiene lugar en Masada (donde los zelotes decidieron poner fin a su vida antes que entregarse al invasor romano), así como las diferentes interpretaciones heroicas, también en clave ultranacionalista, de la figura bíblica de Sansón. Todo ello contrapunteado, como anticipábamos, con las imágenes captadas por una cámara-ojo que muestra diferentes -mas escogidos y penosos- episodios de la vida de los palestinos sometidos a toda clase de engendros mecánico-militares: los obstáculos para arar unas tierras, las astucias necesarias para poder salir de un pueblo, pasando por la kafkiana burocracia necesaria para transitar con un camión, las interminables colas y dilaciones que sufren para ir a trabajar o acceder a un hospital en los controles “fronterizos” o la caprichosa espera a la que se somete a unos indefensos escolares en otro de estos controles.

Precisamente es este episodio, que cierra la obra, el que, tras un sinnúmero de atropellos, por fin colma la paciencia de la cámara anónima (israelí, pues estos son los únicos que parecen poseer derechos) y logra la trasmutación definitiva del observador más o menos distante en activista airado. Es indudable que Mograbi puede ser acusado de haber incurrido en cierto grado de manipulación pues la selección y el solapamiento de las diversas capas mostradas nunca puede ser absolutamente inocente; también podríamos criticar que las apelaciones al violento imaginario fundacional israelí, preñado de personajes y episodios que optaron por el martirio y el suicidio, sea comparable con la situación desesperada en la que viven los ciudadanos palestinos bajo la ocupación israelí. Acaso también lo sea con razón la síntesis que se deduce de lo anterior (y del montaje paralelo) respecto a la legitimidad histórica a posteriori del uso de la violencia terrorista como instrumento en la lucha de liberación. Pero lo que desde luego no puede ser cuestionado, pues no puede ser reducido a puro objeto de especulación u opinión, lo que no puede quedar sin inmediata respuesta es la humillación cotidiana a la que se somete a un ser humano por un semejante. Y este gesto necesario e ineludible cargado de razón, este tomar partido y alzar la voz activamente frente a la injusticia es lo que ilustra a la perfección esta obra: el momento decisivo en que la cámara deviene un instrumento cargado de furia legítima y de razón; el momento de la ruptura del documental y de las convenciones del género: la cámara-arma.

2 respuestas a Nekam achat mishtey eynay (Avenge but one of my two eyes) – Avi Mograbi (2005)

  1. Atlante7 dice:

    Tu elaborada descripción nos anima a interesarnos por ver esa metamorfosis desde la “cámara-ojo” hacia la “cámara-arma”;…aunque personalmente creo que la observación selectiva de la realidad no es tan aséptica; quien escoge unas imágenes para reflejarlas o contraponerlas, ya de por sí transmite un elocuente mensaje –crítica o denuncia- sobre la realidad.

    Saludos.

  2. Misterioso objeto al mediodía dice:

    Gracias por tu comentario, Atlante. Me alegro de haber despertado tu curiosidad sobre la película. A lo mejor, más que “cámara-arma”, hubiera sido más apropiado denominarla “cámara-militante”. En cuanto a la asepsia, tienes toda la razón, no deberíamos olvidar nunca que la (s)elección de imágenes no puede ser inocente.

    Saludos.

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