The set up – Robert Wise (1949)

Entre el ramillete de films dirigidos por Wise que podrían encuadrarse dentro de los amplios y porosos márgenes del cine negro claramente destacan por varias razones dos títulos: Nadie puede vencerme (The set up) y Apuestas contra el mañana (Odds against tomorrow, 1959). Una de ellas sería que ambas películas comparten el mismo actor protagonista, Robert Ryan. Ryan es uno de los rostros más particulares, inquietantes e inconfundibles del cine negro norteamericano que, marcado por sus duros rasgos faciales, siempre interpretó personajes crispados, atormentados y con una pizca de amargura, generalmente con una inclinación hacia la violencia o el sadismo (p.e. Crossfire, 1947, On dangerous ground, 1952 y House of bamboo, 1955).

Sin embargo, en esta ocasión Ryan encarna a un boxeador maduro en horas bajas que en el ocaso de su carrera profesional aún cree posible alcanzar la gloria. La pelicula introduce de forma inmediata la premisa bajo la que se desarrolla su trama: en las primeras escenas nos muestra el amaño al que se somete el combate de nuestro (anti)héroe, con la singularidad de que tal apaño se realiza -y así se mantendrá- a espaldas de su principal ejecutante, el propio boxeador. Por lo tanto, el film juega con el choque entre la información que maneja el espectador y la ignorancia (e ilusiones) que manifiesta el protagonista, y con ello abunda en el patetismo extremo del personaje principal, Stoker/Ryan, que ignora tanto el chanchullo de su manager y entrenador como, lo que es peor, el absoluto desprecio por su persona y posibilidades, pues consideran de todo punto innecesario participarle del mismo.

Precisamente, la sensación de desesperada urgencia vital en la que está inmerso Ryan, el hecho de experimentar la que posiblemente resulte la última oportunidad de lograr el éxito deportivo tiene su perfecto correlato en otro de los atractivos de The set up: la acción dramática se desarrolla en el tiempo real que dura la película. Esta circunstancia está subrayada tanto al principio como al final del film por sendos relojes que muestran que toda ella ha trascurrido en la apenas hora y pico que dura su metraje. Además de su estupenda fotografía (a cargo de Milton Krasner) y del acertado elenco de secundarios, encontramos otro aspecto sobresaliente: la posibilidad de revisarlo, como ocurre con muchos de los films sobre deportes, como un antecedente de lo que se viene designando como “cine del cuerpo” (p.e. Cassavetes, Cronenberg, Denis, Dumont, Ming-Liang).

Así, con la excusa de reflejar un deporte tan físico, material y agresivo como el boxeo, Wise retrata el cuerpo como una máquina, como un objeto y permite a la cámara acercarse impúdicamente a los torsos desnudos y atléticos (o no tanto), a la carne golpeada, doliente y temblorosa de los boxeadores que desfilan por el ring y por los vestuarios del Paradise city. Y, en concreto, al cuerpo maduro y baqueteado del protagonista, al boxeador iluso en su decadencia profesional que aún cree en el golpe que le permita al menos levantar cabeza y ahorrar los dólares suficientes para poner un negocio propio. Pero precisamente este cuerpo-objeto, el medio de producción con el que Stoker/Ryan y su mujer se ganan el sustento, termina doblemente masacrado, abandonado y definitivamente averiado e inservible. Tal es así que tanto la pelea en sí como la escena final en realidad ocultan, como suele ser habitual en estos casos, temas propios de la iconografía cristiana: un verdadero martirio y una pietà, respectivamente. Desgraciadamente, siguiendo las tesis moralizantes y redentoristas predominantes en esos años, The set up rehuye la tesis más realista -a la par que nihilista- que muestra el puro aniquilamiento físico y la inmolación absurda del boxeador/proletario, marioneta en manos del capital y de los poderes fácticos que en realidad mueven los hilos y gobiernan su vida. Y se inclina finalmente por un epílogo tranquilizador que reincide en el sucedáneo y la tibieza del sentido, que su vía crucis no ha resultado en vano pues le ha servido al protagonista para abandonar un mundo envilecido y corrupto, así como para recuperar la relación en crisis con una esposa hasta entonces más bien escéptica y desencantada.

Finalmente, no podemos obviar las varias lecturas metafóricas que se desprenden del film, pues no se agota en mostrar la tremenda dictadura del vigor del cuerpo joven, inapelable en el caso del boxeo pero también, por extensión, del deporte en general (no hay lugar para “viejos” como apunta un cartel que aparece durante la pelea), ni en el relato de ignorancia, calvario y redención del protagonista. Sino que aquí el boxeo proyecta una sombra ominosa sobre todo un país, una sociedad, sustentada en la exigencia del éxito a toda costa. El inconsciente colectivo norteamericano concibe el boxeo como el epítome del ascensor social, la vía rápida hacia el éxito, en resumidas cuentas, el paradigma de la lucha por la vida, la cristalización darwinista y brutal del sueño americano (desde Body and soul, R. Rossen, 1947, hasta Toro salvaje, M. Scorsese, 1980). Así, en The set up el mundo del boxeo se convierte en microcosmos de una sociedad norteamericana, egoísta y asilvestrada, con el añadido de que, simultáneamente, no olvida su condición dual, de deporte y de puro espectáculo: los boxeadores van y vienen mientras que los espectadores, retratados grotescamente, desatan sus pasiones más primitivas y, veleidosos, apoyan sin mayor criterio que el de parecer vencedor, ora a uno ora al otro. No importa a quien, pues sólo están interesados en el “que”: el consabido pan y circo. La maquinaria del espectáculo ha de estar siempre en marcha, nunca puede detenerse, el show siempre debe continuar.

Pero cuando las luces del ring se apagan, el que ha contribuido al derroche efímero de adrelina y entretenimiento del público queda desamparado, en la más absoluta de las soledades, y termina implacablamente devorado por la oscuridad, sin que a nadie le importe lo más mínimo pues ha de pagar peaje por la fútil afrenta de su ciega existencia. El callejon sin salida donde Stoker/Ryan es machacado se convierte en un agujero negro, el lugar donde acaban los sueños de los don nadies y en símbolo de una vida estéril. El film termina haciendo un guiño irónico que subraya la insignificancia del personaje, la iniquidad urbana que lo rodea y lo absurdo de sus sueños cuando la cámara se aleja y volvemos a ver el nombre del local, Paradise city, y junto a él otro luminoso que reza: Dreamland.

2 respuestas a The set up – Robert Wise (1949)

  1. K. W. dice:

    ¡Gran post!, amigo. Soy, desde pequeño, un incondicional de las pelis de Boxeo (noir), y esta está entre mis favoritas. Y Stoker es uno de mis personajes más queridos. Me entran por el estómago -casi por el hígado, como un “golpe bajo”- y me hacen daño, las sufro; así que espero revisar pronto esta con el cerebro. Ya hablaremos. Me alegro de que compartamos el gusto por este (sub)género y poder compartir tus interesantes lecturas, y hay tantas… Un buen ciclo para la Filmoteca (o para quien sea). Un abrazo y hasta pronto.

    PD
    También me “gusta” el boxeo. incluso una vez fuimos a una velada… En el combate principal uno de los púgiles (bonita palabra) era un cobarde y en el primer minuto se arrugó (literalmente) y se tiró a la lona (?) con las manos cubriéndose la cabeza, toalla, y ahí acabó todo… Mi gozo en un pozo. Algunas madrugadas con amigos en casa viendo a Tyson o al guapo Oscar de la Hoya y, cómo no, el mítico Potro de Vallecas. Y dada mi edad, Urtain forma parte de mi memoria histórica del franquismo y el blanco y negro.

    PD (y 2)
    ¿”Toro Salvaje”?, vale que no es “noir”, sino como más biopic “de deporte”, pero es una peli de la que nos acordamos poco. Y ¿Bruce Willis en “Pulp Fiction”? te parece que da el tipo… Lo dicho, hablaremos…

  2. Misterioso objeto al mediodía dice:

    Hola K.W! Muchas gracias por tu comentario. Me alegra mucho haber descubierto por azar esa filia boxística y esta simpatía desconocida por esa especie de héroe trágico, de luchador contra su propio destino, que es Stoker.

    Es cierto que el cine norteamericano ha retratado en numerosas ocasiones y como ninguno el mundo del boxeo. Tanto que efectivamente da para un ciclo, o para varios, pues abarca desde el noir (Cuerpo y alma, The set up, Champion o A harder they fall) al drama (Somebody up there likes me, Fat city), pasando por biopics (Toro salvaje, Alí) o documentales (When we were kings) o como simple telón de fondo (Million dollar baby)… Esta reiteración y esta querencia por el mundo del boxeo demuestran a las claras cuan anudado está este deporte al imaginario colectivo del país y a los mitos que lo conforman.

    Yo también, aprovechando las retransmisiones que por entonces hacía el canal plus, seguí de madrugada algunos campeonatos de boxeo, sobre todo de los pesos pesados y la de Poli Díaz contra Whitaker por el título.

    Abrazo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: