Somewhere – Sofia Coppola (2010)

Por esos misteriosos azares que informan la distribución patria, podemos ver ahora en el cine, con más de un año de retraso, Somewhere, el último film de la heredera de la dinastía Coppola: la crónica del vacío vital de un actor de cine hollywoodiense, interpretado por Stephen Dorff, entregado a una existencia cómoda y vacua, esclava de su éxito, hasta que repentinamente ha de convivir unos días con su hija preadolescente.

Habituados a sus ejercicios mínimo-melancólicos, a sus ambientes lángidos y morosos y a los personajes ingrávidos e infantiles que pueblan la filmografía de Sofia Coppola, podemos decir que Somewhere es un nuevo y sobrio hito en la misma senda continuista que, además, funciona a modo de una suerte de catálogo de los temas e intereses de su directora, a saber: la soledad y el aislamiento, el aburrimiento y el tedio, la construcción de mundos particulares a espaldas de la realidad y el establecimiento de relaciones singulares, bien sean de pareja o familiares. También está presente su fascinación, probablemente inducida por una vocación autobiográfica, por retratar y diseccionar tanto una clase privilegiada que vive como quiere, encerrada en una burbuja de comodidad, lujo y abundancia, como el desasosiego y el malestar vital que el consiguiente hartazgo les pueda provocar. Sin embargo, es esta combinación contradictoria entre un voluntarioso minimalismo ataráxico y la riqueza ostentosa en la que se desenvuelven casi todos sus personajes (Bob Harris, María Antonieta y Johnny Marco) donde reside la clave de la ambigüedad/obscenidad esencial de sus películas, que, para más inri, en el fondo no son otra cosa que conjuros expiatorios en clave autobiográfica.

Sofia Coppola propone, como si de un epígono de Antonioni se tratara, sucesivas disecciones (o, más bien, delicados bocetos al pastel de contornos borrosos) sobre la náusea existencial de nuestro tiempo, pero donde Antonioni retrataba la descomposición de una clase (y de una sociedad) neurótica, abotargada y alienada armado de un estilo frío y antinaturalista, Coppola en cambio insiste en mostrar la náusea de las élites más privilegiadas del planeta (blancos, occidentales y ricos) pertrechada con el sucedáneo estilístico de Antonioni, hoy convertido en ‘grado cero’ del cine ‘indie’. De manera que con minuciosidad y distanciamiento, empleando una forma neutra y cierto extrañamiento visual, así como huyendo de psicologismos e intercalando supuestos destellos cotidianos de plenitud, Coppola ha logrado construir una serie de relatos que buscan y obtienen la empatía y la identificación del público para con unos protagonistas perpetuamente hastiados y desorientados. De esta forma, mientras se limita a mostrar estetizadamente el “sufrimiento” de unos millonarios ‘desgraciados’, en realidad está contribuyendo a mantener y legitimar indiscriminadamente el engañoso y narcotizante adagio popular que sostiene que ‘los ricos también lloran’.

No obstante, en Somewhere, a pesar de este lastre y de la rudimentaria parábola con la que abre y cierra el film, por el camino es posible disfrutar de algún fogonazo verdaderamente inspirado, como el que transcurre en la escena en que a Stephen Dorff/Johnny Marco le sacan un molde de la cabeza y aguarda dócil, respirando sonora y pausadamente, mientras la cámara se le acerca lentamente, en un imperceptible travelling. En ella podemos apreciar tanto una metáfora del personaje, apenas una triste y solitaria máscara con una mueca grotesca, circunscrito a las funciones imprescindibles, como -por extensión- un símbolo visual del tipo de trabajo y de la particular herramienta laboral del actor: su rostro. El actor como un simple rostro vacío, un lienzo siempre en blanco, una materia siempre manipulada, en constante transformación por los directores que los dibujan y moldean a su capricho y según sus necesidades.

Otro de los aciertos de Sofia Coppola, como hiciera Soderbergh en The girlfriend experience (2009), reside en la decisión de abordar los innumerables lances sexuales que vive, o más bien parece sobrellevar, el protagonista desde la perpectiva de lo que Vargas Llosa llamó ‘el sexo frío, con el letargo y la displicencia de quien encarase una nueva partida a un videojuego un millón de veces repetido. Esta operación alcanza su cénit durante las vigorosas coreografías de las strippers gemelas en el dormitorio del protagonista. En ellas el encuadre parcial y la posición estática de la cámara se mimetizan con la mirada de Johnny Marco que observa, pasivo e inmóvil, sus evoluciones, haciendo patente, por un lado, su pereza y distanciamiento, pues las contempla casi como si de un aburrido show televisivo se tratara, y, por otro, el sinsentido absurdo-gimástico de este tipo de composiciones, por cuanto normalmente son mostradas artificialmente embellecidas por decenas de cortes de montaje, iluminación y música ad hoc.

Somewhere constituye un magnífico ejemplo de lo que podríamos denominar cine débil, ese que, a veces desde la perfección técnica, otras desde la rugosidad de la cámara en mano, aborda temas pretendidamente universales y serios (al menos desde la óptica de esta parte del mundo), que abusa de los más obvios recursos formales del cine de la modernidad, convirtiéndolos en tropos huecos, pero que finalmente carece de auténtica radicalidad o de poder desasosegante alguno. A pesar de sus pretensiones nunca conduce al abismo, ni siquiera se aproxima, pues dado que aboga por la reconciliación nunca es coherente, sólo surte sus efectos y despliega sus atractivos durante la proyección, ya que se las arregla para juntar una sucesión de sordos momentos bellos (que terminan por colonizarlo todo), dejándonos con un leve y conveniente sabor agridulce fácilmente digerible, como sus bonitas imágenes.

16 respuestas a Somewhere – Sofia Coppola (2010)

  1. Fayçal dice:

    El último párrafo merece mi entero y más sincero respeto. Además, desgraciadamente, son tantas las películas de las que cabe decir lo mismo…

    Sé perfectamente que no hay ley en cuanto a gustos, gracias a dios, pero aquí la cuestión no es tanto de gustos, sino de técnica. Un bricolaje insustancial de recursos formales pre-establecidos, pre-digeridos, no deja de ser lo que es: un bricolaje insustancial impersonal de recursos formales pre-establecidos, pre-digeridos. No hay voz, no hay mirada, sólo una mera y compleja ecuación que, a mi humilde ver, no engrandece en nada el cine. Algo que es capaz de hacer cualquier cineasta, sea cual sea su aproximación, su estilo, su producción, género, público, sea cual sea su sensibilidad, su mirada, su ser.

    Gracias, misterioso objeto del mediodía, necesitaba leer algo así…

    • Misterioso objeto al mediodía dice:

      Muchas gracias, Fayçal, por tus palabras, me alegro de que te haya gustado el comentario.

      Desgraciadamente es totalmente cierto que la abrumadora mayoría del cine que se realiza hoy en día, sobre todo el que se distribuye masiva y mundialmente, no es más que un bricolage impersonal con alguna marca de estilo que permita la diferencia. Cuesta encontrar cineastas contemporáneos que, como señala Rancière, se dediquen a otra cosa distinta que al “deslizamiento” de las “provocaciones dialécticas de ayer” en sus cuatro modalidades: el juego, el inventario, el encuentro y el misterio.

      Un saludo.

  2. Deborah P dice:

    Fayçal se me ha adelantado, pero desde luego, vaya por delante que no he visto la película en cuestión, me parece de lo mejor que ha escrito “misteriosoobejtoalmediodía” y la referencia casi de soslayo al “sexo frío” de Vargas Llosa me parece muy acertada para esta “clase de cine”; crítica que aclara y que es necesaria.

    • Misterioso objeto al mediodía dice:

      Gracias por lo que le toca a Misterioso. Es que hay un cierto tipo de cine más o menos serio (anteriormente se le pudo llamar ‘indie’), que usa y abusa de ciertos giros y lugares comunes supuestamente ‘radicales’, pero que finalmente resultan estár al servicio del, como dice Fayçal más arriba, bricolaje insustancial. Terminando por transmitir una visión y un estado más o menos cómodo de la conciencia.

      Si bien la representación del sexo no es lo más importante de la película (que sería la relación padre-hija, o la situación de alienación del protagonista), lo cierto es que llama mucho la atención, hasta el punto de que tal vez lo más interesante. El film dibuja un panorama de disponibilidad sexual general (aunque por supuesto abrumadoramente femenino) a medio camino entre la pornotopía y la prostitución que, sin embargo, como le ocurre a los personajes houllebequianos, parece terminar por aburrir o saturar o desenvolverse siempre en el ámbito de lo frío o lo mecánico.

      Espero contrastar opiniones si finalmente decide ir a ver el film.

  3. Fayçal dice:

    Gracias a ti, MOAM, un placer leerte, siempre.

    En efecto, cuesta encontrar cineastas contemporáneos capaces de tejer una mirada propia, de tener una voz propia, de trazar un caminar propio (habrá que recordarles los versos de Machado?), y siempre me acuerdo de las lúcidas palabras de Olmi, que Kiarostami (como no podía faltar) tiene la generosidad de citar en Ten on ten: “Los directores de la primera generación se basaron en la realidad. Los de la segunda generación se basaron en el cine de los de la primera y en la realidad. Los de la tercera generación se basaron en el cine de las dos primeras generaciones y se olvidaron de la realidad. Y ahora, los de la cuarta generación ya no piensan ni en el cine ni en la realidad y acuden a los catálogos de herramientas técnicas para hacer sus películas…”

    Cabe decirlo más sencilla y llanamente?

  4. aythami dice:

    Sin ánimo de polemizar, no creo que el término más adecuado sea el de “cine débil”, considero más apropiado el de “impostura”. Tal vez con la excepción de Las vírgenes suicidas que aún tenía cierto interés -lo de María Antonieta era ya para quemar el cine-, el resto de su filmografía parece obra de una niña pija con cierto gusto estético pero poco o ningún discurso, y cualquier forma de pensamiento, por muy débil que sea, sigue siendo pensamiento. Dudo que aquí haya algo más que una pose.

  5. Misterioso objeto al mediodía dice:

    Hola Aythami, ante todo, bienvenidas las polémicas y los ánimos de polemizar.

    En cuanto al acierto de la nomenclatura empleada o la oposición cine débil vs. impostura, pienso -arrimando el ascua a mi sardina- que precisamente el cine débil incluiría la posibilidad o la realidad de la impostura, abarcaría la pluralidad de los discursos -o la ausencia de él-, que se apropian o surten de formas cinematográficas como clichés o a prioris, como en un supermercado. Puro bricolage, como bien decía Fayçal. En todo caso, es cierto que en la filmografía de Sofia Coppola se puede encontrar una reiteración temática que atraviesa todas sus obras: el discurso de la niña pija encerrada en un mundo opulencia.

    Un saludo.

    • aythami dice:

      Estimado MOAM, tal vez debería explicar un poco mejor mi razonamiento, condicionado sin duda por un texto fundamental en la teoría de la arquitectura contemporánea: “Arquitectura débil” de Ignasi Solà-Morales, asociado a su vez con el “Pensamiento débil” de Gianni Vattimo. Cierto que arquitectura y cine no son estrictamente lo mismo, pero la lectura de Solà-Morales sobre la creación artística en general a partir de la posmodernidad resulta, a mi juicio, perfectamente válida para el arte cinematográfico.

      Adjunto algunos fragmentos pero recomiendo su lectura completa por si algunas ideas (descontextulizadas por mí) puedan llegar a confundir:

      “En el campo estético las experiencias literarias, pictóricas, arquitectónicas ya no podrán producirse a partir de un sistema. No sólo desde un sistema cerrado y económico como era el sistema de la edad clásica, sino ni siquiera desde la ilusión de un nuevo sistema que los “Pioneros del diseño moderno” pretendieron establecer. Por el contrario, la arquitectura contemporánea, igual que las demás artes, se encuentra con la necesidad de construir sobre el aire, de construir en el vacío. Las propuestas del arte contemporáneo se deberán construir no a partir de una referencia inamovible, sino con la necesidad de proponer para cada paso, simultáneamente el objeto y su fundamento.”

      “En la experiencia contemporánea, lo estético tiene sobre todo el valor de paradigma. A través de lo estético se reconoce el modelo de nuestras experiencias más ricas, más vivas, más verdaderas en relación con una realidad de perfiles borrosos. (…) Lo más pleno, lo más vivo, aquello que es sentido como la “experiencia misma”, en la cual se funden el sujeto perceptor de la realidad y esa misma realidad, de un modo fuerte, intenso, está en la obra de arte”. (…) Las experiencias estéticas son, de alguna manera, el modelo más sólido, más fuerte de, valga la paradoja, una construcción débil de la verdad de lo real.”

      “El tiempo contemporáneo se presenta como yuxtaposición. Una discontinuidad; algo completamente distinto de sistema único, cerrado y acabado. (…) La temporalidad no se presenta como un sistema sino como un azaroso instante que, guiado sobre todo por la casualidad, se produce en un lugar y en un momento imprevisible. (…) Lo temporal conecta con la aceptación de la debilidad de la experiencia artística, no reforzando sus posiciones dominantes, sino aceptando la verdad de su frágil presencia.”

      Bueno, creo que es suficiente. Sólo añadir que no veo nada de ésto en la obra de la señorita Coppola. No veo rastro del “cine débil”, sino una simulación, una impostura.

      • aythami dice:

        Olvidé añadir en el anterior post algunos ejemplos de lo que, en mi opinión, sí deberíamos considerar cine débil, aunque un análisis más pausado (que obviamente no estoy capacitado para asumir) pudiera demostrar lo contrario: Kiarostami, Erice, Herzog, Weerashetakul… Creo que incluso en Rossellini podríamos rastrear las raíces de algunas de estas ideas (especialmente esa idea de la verdad revelada a partir de lo azaroso, del momento imprevisible…).

  6. Fayçal dice:

    (Me iba a callar ya, pero por puro gusto, que quede claro) Lo que me he podido reír con aythami y su frase “…era ya para quemar el cine”… Sí, de verdad, a veces dan ganas… (menos mal que todo queda en pura imaginación, en puro cine).

    Y pensar, leyendo tu última frase, misterioso (“el discurso de la niña pija encerrada en un mundo de opulencia”), que su padre ya lo expuso (banalmente, dicho sea de paso) en un corto llamado Vida sin Zoe, incluído en Historias de NY. Vamos, que parece la primera película de la hija, más que del propio Francis Ford…

    • Misterioso objeto al mediodía dice:

      A mi también me ha hecho gracia lo “quemar el cine”. Es cierto que Vida sin Zoe podría ser considerada más como un verdadero precedente del cine de Sofia Coppola que como una obra de su padre.

  7. Luna dice:

    A mí, en plan radical total y sin más rodeos intelectuales, sólo decir que tanto el cine de la niña pija como los últimos experimentos de su papi, me parecen unas cosas insoportables, absolutamente impostadas y, desafortunadamente, con derecho a existir.

    • Misterioso objeto al mediodía dice:

      Hola Luna, gracias por tu comentario que, con ese “derecho a existir”, verdaderamente sí que es ‘radical total’.

      Aunque ya no es el que era y yo he de confesar que aún no he visto Youth without youth, me cuesta condenar a alguien que ha hecho varias películas necesarias.

      Un saludo.

  8. Misterioso objeto al mediodía dice:

    No lo digo a modo de defensa, está bien eso de que duela, pero a veces las obras postreras de grandes directores sólo son apreciadas a posteriori.

    ¿Sabes que en Misteriosoobjeto se publicó el año pasado una entrada positiva sobre Tetro que resultó de lo más discutida?

    Saludos

  9. Misterioso objeto al mediodía dice:

    Perdona, Aythami, que dejara sin contestar tu último comentario, pero me enredé con otras cosas y se me pasó.

    Como bien apuntabas, la idea de definir Somewhere como ‘cine débil’, viene tomada directamente del concepto de ‘pensamiento débil’ vattimiano; por ello, entendiendo que la impostura (como el collage, el pastiche y otras ‘técnicas’ semejantes), pueden comprenderse dentro de él, no creo que pertenezcan a campos diferentes, más bien sería una modalidad más de ‘lo débil’.

    Saludos

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