La imagen: atributos de ‘el poder’ (Leni Riefenstahl 1933-1934)

Después de dirigir su primera película, un drama alpino llamado La luz azul (Das Blaue Licht, 1932), Leni Riefenstahl recibió el encargo de dirigir a instancias del Partido Nacionalsocialista -o más bien de Adolf Hitler personalmente- y con un año de diferencia sendos documentales sobre los congresos del partido que se celebraban anualmente en la ciudad fetiche de Nuremberg.

Vistas ambas sucesivamente Der Sieg des Glaubens (La victoria de la fe) resulta un esbozo o un bosquejo preparatorio para la realización de la mucho más perfeccionada y pulida Triumph des Willens (El triunfo de la voluntad) pues ésta no sólo se estrena con el estatus del largometraje sino que dispuso para su realización con la imprescindible colaboración de la organización del congreso y del partido, así como con un enorme despliegue y apoyo de medios personales y técnicos. Por estas razones cuenta con una mejor y más precisa planificación y posee una mayor depuración de los recursos visuales, de tal forma que no solo logra un mejor acabado general sino que cada plano consigue una mayor resonancia y una mejor significación con relación al objetivo deseado.

Un hecho de vital importancia que no podemos pasar por alto y que contribuye a la adición de nuevos significados y trascendentes evocaciones a la segunda de ellas es que que entre las dos películas, entre el congreso de 1933, el primero tras el ascenso al poder en marzo de ese mismo año, y el de 1934, Adolf Hitler pasó, tras la muerte de von Hindenburg y el consiguiente plebiscito (ya con un régimen de partido único), de presidente del gobierno (Reichskanzler) a presidente del estado, acumulando con esta operación la totalidad del poder estatal e institucional (Führer und Reichskanzler). Además, en el ínterin, también había depurado el partido de sus miembros más díscolos (la cúpula de las SA, en la que se conoce como La noche de los cuchillos largos).

La traducción cinematográficamente de este proceso histórico que comentamos (en una época en la que no existía la televisión), así como el desatado culto a la personalidad y el consecuente -y ya avanzado- proceso de endiosamiento se manifiestan claramente tanto en el prólogo aéreo de El triunfo de la voluntad como en la duplicación de los recorridos que, con un año de diferencia, sigue el vehículo de Adolf Hitler a lo largo de las calles de la ciudad de Nuremberg desde el aeropuerto al Hotel Deutscher Hof. En su contemplación repetida se distingue uno de los principales rasgos de la deificación en curso. No sólo la grabación se realiza desde una distancia menor y con mayor precisión, pues la segunda está mejor encuadrada, estabilizada y enfocada, sino que, además, en un preciso momento la cámara se detiene regodeándose en el sol que ilumina la mano de Hitler al realizar el saludo nazi, de forma que, como apuntaba Gubern (remitiéndose a la Filmguide to ‘Triumph of the will’, 1975), parece que en ella se esté concentrando y recogiendo el poder del sol y, por ende, pueda ser visto simbólicamente como una especie de mesías pagano, receptor de los atributos y del poder iluminador de los dioses (más tarde veremos como esa misma mano unge banderas y estandartes). Curiosamente, o no tanto, pues todo fenómeno posee dos caras, en ambas películas también se esconde otra imagen que funciona como contrapunto y oscuro presagio visual de los funestos designios que encerraba Adolf Hitler. Este augurio maligno se nos aparece cuando a la salida del túnel emerge de las sombras, como un cuervo o un vampiro, el contorno de su inconfundible figura negra recortada a contraluz, manifestándose como una verdadera y ominosa amenaza que se cierne sobre Alemania y Europa.


Una respuesta a La imagen: atributos de ‘el poder’ (Leni Riefenstahl 1933-1934)

  1. Leni Riefenstahl era, ante todo, una gran fotógrafa; Ví un documental sobre ella dónde impartía una clase magistral. Los materiales que rodaba ya son harina de otro costal, pero esto tristemente ocurrió.

    Los alemanes son grandes técnicos y operadores -anduvieron por toda Europa y América-; Y hasta hace 40 años tenían las mejores lentes para cine del mercado.

    Los documentales también son historia del cine, aunque personalmente prefiero ver distintos los puntos de vista de unos personajes en un guión con diálogos.

    Un saludo.

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