Roles futuros de género

Oblivion III

El ocio vacacional y las altas temperaturas estivales son terreno abonado para la indolencia, si a ello le sumamos las dificultades para conciliar el sueño nocturno, la temporada veraniega se configura como el momento propicio para revisar, más o menos despreocupadamente, alguno de los productos de ‘géneros menores’ con los que la gran industria cinematográfica norteamericana pretende colmar las necesidades de evasión y entretenimiento mundial. El resultado de esas noches insomnes es el visionado culpable de dos recientes películas de ciencia-ficción: Oblivion (Joseph Kosinski, 2013) y World War Z (Marc Forster, 2013).

Antes de entonar la consabida diatriba sobre cualquier tiempo pasado, la abismal falta de imaginación, lo simplista de sus argumentos y personajes o las fallas en su verosimilitud, preferimos destacar dos aspectos colaterales.

Oblivion IV

Siendo la ciencia-ficción, por definición, un género altamente especulativo y abierto a la imaginación, no deja de extrañar y sorprendernos que se escriban y rueden ingentes cantidades de historias fantásticas y que en ellas se insista obstinadamente (salvo contadas excepciones) en mantener y reiterar, una y otra vez, todos los roles de género más tradicionales y casposos. No existiendo, en teoría, en este campo más barreras que la fantasía, la recurrente persistencia de estos tristes tópicos patentiza el ínfimo riesgo de estos filmes y de sus autores, así como su extraordinario conservadurismo moral y social.

WWZ I

La industria cinematográfica norteamericana destapa así su verdadera e implacable faz, pues bajo la capa de un aséptico entretenimiento, en realidad produce y transmite un tipo específico de sentido y un concreto programa ideológico que se expande hasta lo que puede ser pensado y a los dominios de lo imaginario. Mientras que resulta factible la premisa de que los extraterrestres dominen la tierra, o que los zombis arrasen con todo, cual marabunta, parece que en el futuro no procede o no cabe otro espacio para el personaje femenino que seguir ocupando un papel secundario, adjunto y accesorio.

El enésimo ejemplo lo tenemos en las dos películas mencionadas que, para no salirse un ápice del rancio decálogo al uso, están protagonizadas por sendos cincuentones interesantes (Tom Cruise y Brad Pitt, herederos naturales de Harrison Ford), a su vez emparejados con treintañeras de buen ver: Olga Kurylenko y Andrea Riseborough en la primera y Mireille Enos en la segunda.

WWZ Brad Pitt

Ambos films abundan en el mismo planteamiento antedicho. Incluso World War Z puede insertarse, a estos efectos, dentro de un esquema aún más tradicionalista si cabe. Pues mientras que en Oblivion Andrea Riseborough, al menos inicialmente, comparte responsabilidades laborales con Cruise y forma con él un ‘effective team’, en World War Z Brad Pitt, tras poner a salvo a su familia, sale de misiones a salvar la humanidad, o a lo que queda de ella, mientras su mujer e hijos esperan pasivos su regreso en unos cada vez más insignificantes y dispersos planos de relleno. De hecho, una vez salvado el trepidante prólogo, el interés narrativo que aporta su familia es nulo: si permanece o no en el buque insignia que les sirve de refugio o si será trasladada a otro lugar más inseguro. A lo largo de su periplo por los más varipintos sitios del orbe descubrimos que action hero Brad Pitt no sería más que el trasunto de un ultra eficaz, monolítico y atareado ejecutivo internacional en apuros, en este caso antizombi; que se limita a hacer su trabajo.

Oblivion II

En Oblivion la pareja protagonista forma un equipo efectivo, pero a ella se le reserva el deslucido papel de técnico, de trabajadora encerrada en casa -una jaula de cristal high-tech, lujosa y minimalista-, en consonancia, suponemos, con su innata naturaleza tranquila, pasiva y meticulosa. Mientras que Tom Cruise disfruta de un trabajo exterior y de las tareas, suponemos, propias de su sexo: más activas, físicas, arriesgadas y violentas. Pero además, Cruise se construye su particular refugio solitario, una cabañita recoleta, lejos de su pareja, desarrolla una psicología más intrépida y compleja (a pesar de ser un clon tiene un pasado y unos sueños recurrentes !¿?¡) y finalmente contacta con los ‘bárbaros’. Todo este proceso y su predisposición aventurera le conducirán -lógica y finalmente- a emparejarse con Olga Kurylenko, así como a experimentar y desafiar los límites del marco cognitivo en el que lo han situado sus malvados creadores extraterrestres, revelándose contra ellos y destruyéndolos.

Oblivion V

El caso es que ambos films exhiben sin pudor al consabido protagonista masculino siempre inteligente, preparado, eficaz, efectivo y determinante, mientras que a ellas se les reserva el ingrato papel de sufridoras en casa o, en el mejor de los casos, guapas acompañantes, comparsas, detonantes pasivos y externos de los procesos mentales y físicos del pensante protagonista masculino.

La otra cuestión destacable es el poso eminentemente conservador y la ideología harto acomodaticia que destilan ambas propuestas (y los productos similares). Las dos películas sobrevuelan ajenas a las posibles lecturas, más o menos metafóricas, que se puedan formular sobre los zombis o los extraterrestres como una amenaza genérica e indistinta del exterior, más o menos propiciadas por el desconfiado y cínico panorama sociopolítico creado tras el 11S y el colapso financiero. Tras sus tramas de acción late una tenue desobediencia a la autoridad instituida, provocada por la desconfiaza en los aparatos de poder; pero aquí en su modalidad del individualismo norteamericano tradicional, del ‘vigilante’ y del hombre de acción providencial sin fisuras. Y todo ello está teñido de un poso conservador, maniqueo y un sospechoso y artificial optimismo, que se traduce en la forzada recuperación del héroe de una pieza, de unos antagonistas ajenos, entre la deidad y el insecto alimañesco, de unos valores familiares y en la restauración de un difícilmente verosímil ‘final feliz’ que, probablemente, a estas alturas, ya no se crea nadie. Estos planteamientos contrastan, no sabemos si por insuflar un ligero (y de paso infantilizador) chorro de optimismo al inconsciente colectivo, con los más nihilistas -o desesperanzadas- finales que proliferaban hace unos pocos años dentro del mismo género (p.e. Dawn of the dead, Zack Snyder, 2004).

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