Festival de cine de Las Palmas (LPAFilmfestival) 2015: epílogo

La creazione di significato PosterEl Festival Internacional de cine de Las Palmas de Gran Canaria echó el cierre de su primera edición post-Claudio Utrera, director desde su fundación, y la principal noticia fue que aumentó significativamente el número de espectadores, adquiriendo con ello un extra de legitimidad a ojos de la ciudadanía y, sobre todo, de los responsables políticos municipales que, por falta de ambición y del menor atisbo de planificación y política cultural, recelan de su viabilidad e interés. Aunque ni la pasada edición fue un fracaso ni tampoco ésta se puede considerar un éxito, lo cierto es que su reconciliación con el público capitalino (y con la sorpresa de haber incorporado, aplicando el principio de Dilbert, al más furibundo y obtuso crítico de la pasada edición) parece haber conseguido el suficiente sosiego para que, si nada se tuerce, se apueste por su continuidad.

Como todo acto cultural el Festival disfruta a priori de la condición de acontecimiento imprescindible y este año se propuso ganar la calle con un mayor despliegue publicitario, proyectando en nuevos espacios y programando actividades en ella pero, ya sea por el perfil del propio Festival o por una incorrecta transmisión o comunicación, sigue sin obtener la gracia ciudadana plena necesaria para enfrentarse sin temores con la congénita y general falta de curiosidad y atrevimiento cinematográfico del espectador medio, el desinterés de los políticos locales, dudosos de su rentabilidad político-electoral, y con el desencuentro absoluto de los medios de comunicación autóctonos.

Entrega placa distintiva FHPA al Festival de LPGC 2015

Esta edición, con un presupuesto mayor y la promoción del coordinador de programación a la dirección (garantizando así el curso editorial que, a la sombra de Gijón y Sevilla, permite distinguir al modesto LPAFilmfest dentro del panorama festivalero nacional), ha intentado transitar combinando la continuidad de su línea con la engorrosa y titánica tarea de involucrar a un mayor público en sus actividades para multiplicar su alcance y repercusión y, por ende, la rentabilidad, si no económica, sí al menos social, en un año electoral. Con este propósito en mente se ha conservado el formato reducido con un día menos de festival, de salas disponibles y de películas exhibidas, pero duplicando sus pases, se ha prescindido de retrospectivas, secciones paralelas y de la publicación de libros, pero se ha ampliado el número de sedes hasta alcanzar el otro extremo de la ciudad, se han impartido varios talleres y realizado proyecciones en espacios públicos. No obstante, como apuntábamos, el resultado es dudoso, se sigue percibiendo una desconexión con la ciudad que quizás se explique por la deserción general de las salas de cine o bien por causas más específicas, como la ausencia de información previa, de comunicación de la programación de forma que suscite el interés, de voluntarios que intermedien con un público potencial pero desinformado; y, cómo no, por la inefable labor de la crítica periodística local.

Mesa de críticos LPAFilmFestival 2015

El paradigma del desencuentro lo encontramos, por un lado, en el desolador acto de entrega de premios, erradamente celebrado lejos del territorio y del público festivalero, por otro, en el (exiguo) público asistente tanto a las cuasi-clandestinas sesiones relegadas al Palacio Quegles, donde se proyectó la parte ‘más dura’ de la programación, como a dos de los coloquios potencialmente más interesantes: la de los cineastas del Panorama España y la mesa de los críticos, que desgraciadamente fueron recibidas por un auditorio inexistente o, en el primer caso, endogámico, escenificando así tal vez la circularidad de los discursos de unos y otros y patentizando la razón de los lamentos de los propios creadores acerca de la falta de distribución y exhibición de sus películas.

Centrándonos en la oferta cinematográfica, este año el Festival presentó una heterogénea propuesta con algunos ganchos para embarcar a un público más mayoritario. Entre los catorce largometrajes a concurso en la Sección oficial destacaron, más allá de las propuestas destinadas al gran público, la paroxísitica acumulación de relatos de Guy Maddin en The Forbidden room y la mirada cercana y minimalista sobre los mitos griegos y cristianos que lleva a cabo Alain Cavalier en Le paradis, junto a ellos sobresalieron Songs from the north, la ópera prima de Soon-Mi Yoo, y la confirmación ofrecida por las últimas obras de Raúl Perrone y Joaquim Pinto. En una línea intermedia, más amable y acorde con la heterogénea composición del populoso jurado de esta edición (entre sus miembros estaba el famoso actor Javier Cámara) y las cuitas internas reveladas por Quintín en el coloquio de críticos, se encuentran las dos películas ganadoras, La creazione di significato, de Simone RapisardaThe postman’s white nights del veterano Andrei Konchalovski.

Maidan poster francés

Ante la ausencia de otras secciones o retrospectivas, más allá de la incompleta dedicada a Alex Ross Perry, el grueso del interés residía en la posibilidad de acceder a la selección de títulos recogidos dentro de la Sección Panorama, sobre todo por la oportunidad de ver la última obra de uno de los capos del panorama festivalero internacional Pedro Costa (Cavalo dinhero), pero también por acercarnos a La sapienza de Eugène Green, A pigeon sat on a branch reflecting on existence, del poco prolífico director sueco Roy Andersson, P’tit Quinquin, la magnífica miniserie dirigida por Bruno Dumont, o Maidan, el documental de Sergei Loznitsa, que refleja con cámara fija la masa protagonista de la revolución del Euromaidan en la famosa plaza de Kiev, y Eden, la película sobre la escena house francesa de la directora Mia Hansen Løve.

Los otros puntos candentes se centraron en la sección Banda aparte, de la que desgraciadamente -por lo ‘alejado’ de su sede y lo particular de sus horarios-, solo pudimos tomar breves apuntes, menos de los que hubiéramos deseado, asisitiendo a las últimas piezas de Mark Rappaport, Mark Cousins y otra vez Raúl Perrone. Lo mismo nos pasó con la sección dedicada al nuevo y marginal cine español, donde nos asomamos al documental sobre un crepuscular Basilio Martín Patino realizado por Virginia del Pino, y a las distopías Sueñan los androides, de Ion de Sosa y Crumbs, de Miguel Llansó, ésta proyectada dentro de la Sección oficial.

Amaury Santana presenta Con cuatro cuerdas

Finalmente, pero no por ello menos importante a pesar de su destierro al Teatro Guiniguada, en el LPAFilmCanarias, la sección donde se agrupan algunas de las obras más sobresalientes del cine hecho en Canarias, donde descollaron los documentales, entre ellos Con cuatro cuerdas, el ganador realizado por el ya vencedor en la edición de 2013 Amaury Santana, Estación Andamana, de Sergio Morales, y Marina de Haliam Pérez, amén del estreno en el largometraje de Rafael Navarro.

El Festival clausura su décimoquinta edición y se acerca a la edad de la emancipación sin resolver los problemas que lo acosan prácticamente desde sus comienzos, fundamentalmente la precariedad y el consecuente grado de improvisación ocasionados por la falta de un compromiso institucional firme. La indeterminación anual de sus partidas económicas agudiza la fragilidad de su existencia y dinamita cualquier posibilidad de armar un plan organizativo y cinematográfico con perspectiva de futuro, de forma que inevitablemente pierde comba con respecto a sus directos y más poderosos ‘rivales’ en el panorama nacional: Sevilla y Gijón. Con lo cual, acosado desde fuera por sus competidores naturales, mejor tratados y provistos, y desde dentro por la desconfianza institucional, cada vez resulta más complicado que se repitan descubrimientos de cineastas como Jia Zhang-ke o Apichatpong Weerasethakul o asistir a retrospectivas como la que en su momento se le dedicó a Chris Marker. No obstante, el LPAFilmfest sigue cumpliendo su cometido esencial de ser la cita cinéfila anual por excelencia en estas islas de otra forma abandonadas al arbitrio de la distribución comercial y en la medida de sus posibilidades de luchar por su espacio e identidad propia dentro del universo cinéfilo-festivalero nacional.

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