De la abyección – Jacques Rivette (1961)

Publicado en Cahiers du Cinéma nº 120, junio de 1961, sobre Kapo (G. Pontecorvo, 1961).

Lo menos que se puede decir es que, cuando se acomete una película sobre un tema como éste (los campos de concentración), es difícil no proponer previamente ciertas cuestiones; pero todo transcurre como si, por incoherencia, necedad o cobardía, Pontecorvo hubiera decidido descuidar planteárselas.

Por ejemplo, la del realismo: por múltiples razones, de fácil comprensión, el realismo absoluto, o el que puede llegar a contener el cine, es aquí imposible; cualquier intento en este sentido será necesariamente incompleto («por lo tanto inmoral»), cualquier tentativa de reconstitución o de enmascaramiento irrisorio o grotesco, cualquier enfoque tradicional del «espectáculo» denota voyeurismo y pornografía. El director se ve obligado a atenuar, para que aquello que se atreve a presentar como la «realidad» sea físicamente soportable para el espectador, el cual no puede sino llegar a la conclusión, quizá inconscientemente, de que, por supuesto, esos alemanes eran unos salvajes, pero que, al fin y al cabo, la situación no era intolerable, y que, si los prisioneros se portaban bien, con un poco de astucia o de paciencia podían salir del paso. Al mismo tiempo, cada uno de nosotros se habitúa hipócritamente al horror, éste forma poco a poco parte de la costumbre y muy pronto integrará el paisaje mental del hombre moderno; ¿quién podrá la próxima vez extrañarse o indignarse ante lo que, en efecto, habrá dejado de ser chocante!

Entonces comprendemos que la fuerza de Nuit et brouillard (Resnais, 1955) procede en menor medida de los documentos que del montaje, de la ciencia con la que se ofrecen a nuestra mirada los crudos hechos, reales, por desgracia, en un movimiento que es justamente el de la conciencia lúcida, y casi impersonal, que no puede aceptar comprender y admitir el fenómeno. Se han podido ver en otras ocasiones documentos más atroces que los recogidos por Resnais; ¿pero a qué no puede acostumbrarse el hombre? Ahora bien, uno no se acostumbra a Nuit et Brouillard; es porque el cineasta juzga lo que muestra, y es juzgado por la manera en que lo muestra.

Otra cosa: se ha citado en gran manera, por todas partes, y la mayoría de las veces de forma absurda, una frase de Moullet: la moral es una cuestión de travellings (o la versión de Godard: los travellings son una cuestión de moral). Se ha querido ver en ello el colmo del formalismo, cuando en realidad más bien podría criticarse su exceso «terrorista», por recurrir a la terminología paulhaniana. Obsérvese sin embargo en Kapo el plano en el que Riva se suicida abalanzándose sobre la alambrada eléctrica. Aquel que decide, en ese momento, hacer un travelling de aproximación para reencuadrar el cadáver en contrapicado, poniendo cuidado de inscribir exactamente la mano alzada en un ángulo de su encuadre final, ese individuo sólo merece el más profundo desprecio. Desde hace algunos meses nos están calentando la cabeza con los falsos problemas de la forma y del fondo, del realismo y de la magia, del guión y de la «puesta en escena», del actor libre o dominado y otras pamplinas. Digamos que podría ser que todos los temas nacen libres y en igualdad de derechos. Lo que cuenta es el tono, o el acento, el matiz, no importa cómo lo llamemos: es decir, el punto de vista de un individuo, el autor, un mal necesario, y la actitud que toma dicho individuo con respecto a lo que rueda, y en consecuencia con el mundo y con todas las cosas. Lo cual puede expresarse con la elección de las situaciones, la construcción de la intriga, los diálogos, la interpretación de los actores, o la pura y simple técnica, «indistintamente pero en la misma medida». Hay cosas que no deben abordarse si no es con cierto temor y estremecimiento; la muerte es sin duda una de ellas, ¿y cómo no sentirse, en el momento de rodar algo tan misterioso, un impostor? Más valdría en cualquier caso plantearse la pregunta, e incluir de alguna manera este interrogante en lo que se filma. Pero está claro que la duda es algo de lo que más carecen Pontecorvo y sus semejantes.

Hacer una película es, pues, mostrar ciertas cosas, es al mismo tiempo, y mediante la misma operación, mostrarlas desde un cierto ángulo, siendo esas dos acciones rigurosamente indisociables. Del mismo modo que no puede haber nada absoluto en la puesta en escena, ya que en lo absoluto no hay puesta en escena, el cine tampoco será nunca un «lenguaje»: las relaciones entre el signo y el significado no tienen ningún valor aquí, y no desembocan más que en herejías tan tristes como la pequeña Zazie. Toda aproximación al hecho cinematográfico que trate de sustituir la síntesis por la suma, la unidad por el análisis, nos remite inmediatamente a una retórica de imágenes que no tiene ya nada que ver con el hecho cinematográfico, no más que el diseño industrial con el hecho pictórico. ¿Por qué esta retórica sigue siendo tan querida por aquellos que se autodenominan «críticos de izquierdas»? Quizá es porque, al fin y al cabo, éstos son antes que nada unos irreductibles profesores, pero si desde siempre hemos detestado, por ejemplo, a Pudovkin, a De Sica, a Wyler, a Lizzani, y a los antiguos combatientes del IDHEC, es porque la materialización lógica de ese formalismo se llama Pontecorvo. Piensen lo que piensen los periodistas express, la historia del cine no vive una revolución cada ocho días. Ni la mecánica de un Losey, ni la experimentación neoyorquina le afectan en mayor medida que las olas de la playa a la paz de las profundidades. ¿Por qué? Porque unos no se plantean más que problemas formales, y otros los resuelven todos con antelación al no plantear ninguno. ¿Pero qué dicen más bien aquellos que realmente construyen la historia, los que también llamamos «hombres de arte»? Resnais confesará que, así como tal película de la semana le interesa en su calidad de espectador, sin embargo es ante Antonioni ante quien tiene el sentimiento de no ser más que un amateur. Sin duda Truffaut hablaría del mismo modo de Renoir, Godard de Rossellini, Demy de Visconti; y así como Cézanne, contra la opinión de todos los periodistas y cronistas, fue impuesto paulatinamente por los pintores, también los cineastas impondrán a la historia a Murnau o Mizoguchi

16 respuestas a De la abyección – Jacques Rivette (1961)

  1. Misterioso objeto al mediodía dice:

    Como una forma de completar este artículo, recomiendo leer el texto póstumo de Serge Daney, publicado en Trafic, El travelling de Kapo (aquí en español).

  2. pentente dice:

    Muy gran cruce de críticas/ensayos/filosofías/mundos. Te agradezco el enlace, Misterioso. Un abrazo.

    • Misterioso objeto al mediodía dice:

      Desde luego, todo un feliz encadenado de casualidades blogueras que vuelven a hacer coincidir ambos textos.

  3. Shangrila dice:

    Para completar algo más se puede leer un texto que recogió Shangri-la en su número 2: La ética del cineasta ante la inevidencia de los tiempos, de Ángel Quintana (página 55).

    Un saludo.

    • Misterioso objeto al mediodía dice:

      Gracias por la sugerencia, Shangri-La. Comparto las palabras que cierran el artículo de Ángel Quintana: Quizás, la verdadera ética del cine consiste en el respeto hacia aquellas áreas de visibilidad que no están disponibles, en no querer verlo todo y no forzar la imagen de aquello que no quiere -o no necesita- dejarse ver.

      Aunque debemos reconocer que tanto el affaire sobre el travelling de Kapo como, por extensión, otros semejantes, en los que resuena el adagio godardiano de que un travelling es una cuestión moral, (Shoah, La lista de Schindler,..) no ha cesado de reverberar de forma que continúa inacabado, provocando un fértil y polémico debate que se prolonga hasta la actualidad con la aportación de filósofos como Didi-Huberman.

  4. […] película de Pontecorvo, y de basar los argumentos de su tesis exclusivamente en el famoso texto  De la abyección de Jacques Rivette, las ideas de Sergei Daney han ido trasmitiéndose a lo largo del tiempo hasta […]

  5. […] de la película Kapo (1959)de Gillo Pontecorvo (la escena y el artículo se pueden ver  y leer en https://misteriosoobjetoalmediodia.wordpress.com/2010/05/18/de-la-abyeccion-jacques-rivette-1961/) da un ejemplo de una polémica sobre la distancia justa y el modo de mostrar lo que resulta […]

  6. Flavio dice:

    Qué tontería. Agradezco tu reproducción de la crítica de Rivette, pero es que no coincido en nada con él. Quienes se aferran a su postura es porque no han visto el film (como lo reconoce Daney). Es un film hermoso y no carece de profundidad ni de toma de posición frente al conflicto de los campos.
    Justamente el error es “horrorizarse” ante este tipo de hechos, uno en ese estado no piensa, no ve, sólo siente. Los campos de concentración del nazismo no son los únicos en la historia (quizás los más crueles), lo mismo con el antiemitismo y con los gobiernos dictatoriales e imperialistas. Me parece que el mejor modo de entender esas cuestiones es no desde el acontecimiento del horror sino desde un conocimiento de proceso hitórico. Es el error que cometen quienes demonizan a Hitler, ignorando que hubo otros pero que él en la historia.
    “Hay cosas que no deben abordarse si no es con cierto temor y estremecimiento; la muerte es sin duda una de ellas”. Yo digo: no hay nada más natural en la vida que la muerte….
    Flavio.

  7. […] Mon Amour (1959) y Kapo (1960), ya que esta última película inspiró el no menos mítico artículo de Jacques Rivette sobre la abyección que aún hoy se […]

  8. […] la revista Cahiers du Cinema allá por el año 1961, Jacques Rivette escribe una crítica titulada De la abyección en relación a la película Kapo de Gillo Pontecorvo estrenada ese mismo año en Francia. El […]

  9. […] la revista Cahiers du Cinema allá por el año 1961, Jacques Rivette escribe una crítica titulada De la abyección en relación a la película Kapo de Gillo Pontecorvo estrenada ese mismo año en Francia. El […]

  10. […] imaginando a lo que me refiero. Sí, efectivamente, hablo del famoso escrito de Jacques Rivette «De la abyección, publicado en Cahiers du Cinéma en 1961, y en el cual el crítico y cineasta francés propinaba un […]

  11. […] hay un texto del Rivette-crítico que sea fundamental, sin duda es “De l’Abjection” (Cahiers, 1961), donde discute el filme Kapo de Gillo Pontecorvo, ambientado en campo de […]

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