Sobre la insignificancia de la vida (Death watch, B. Tavernier, 1980)

16 abril 2014

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El tablero de pruebas

16 marzo 2014

True detective garaje

Algunas películas, con mayor frecuencia entre las realizadas dentro de los llamados ‘géneros cinematográficos’, en muchas ocasiones se complacen en armar una sucesión de momentos, situaciones, figuras o tropos identificables que se repiten una y otra vez. Con esta operación se construye un ecosistema seguro y reconocible para el espectador que favorece la identificación primaria, pero que, sobre todo, con su advenimiento, su identificación o su dilación provocan, cual efecto pavloviano, una multiplicación del disfrute y el regocijo.

Breaking bad Evidence board

Precisamente, por suponer verdaderos hitos en el desarrollo argumental estas piezas arquetípicas se nos presentan como instantes significativos, dispuestos para el lucimiento del director y los actores de turno. Nos referimos a un catálogo abierto que va desde la muerte -o sacrificio- del amigo fiel del protagonista, al desvelamiento final del acertijo, a la contenida reconciliación amistosa de los competidores, a la súbita explosión de rabia/frustración contra el volante del coche o al beso de la pareja…

Homeland tablón

Sin embargo, aquí nos vamos a centrar más que en una de estas set pieces en un exitoso objeto o motivo visual puramente ficticio: el últimamente tan imprescindible como sobreexplotado en toda clase de thrillers y policiacos ‘tablero de las pruebas’.

The wire temporada I

El origen de esta presencia, al menos en lo cinematográfico, quizás podríamos encontrarlo en los westerns, en los tablones llenos de carteles de ‘se busca’ que vestían las paredes de las oficinas del Sheriff. En estas narraciones tenían una funcionalidad directa: desencadenar la acción, desenmascarar una amenaza, estimular la memoria, convertirse en imagen fetiche, pero con el tiempo y el desarrollo de lo audiovisual (¿el sistema operativo Windows?), los tablones han terminado por independizarse y adquirir entidad propia hasta el exceso.

Sospechosos habituales tablón

Seguramente haya otros anteriores, pero el primero con sustancia que nos viene a la memoria es el que provoca la iluminación que golpea súbitamente a Chazz Palminteri al final de Sospechosos habituales (Bryan Singer, 1995), cuando toma conciencia de que el relato urdido por Kevin Spacey proviene del tablero que éste tenía situado delante de sus ojos. Desde entonces la presencia y el abuso del ‘tablón de las evidencias’ se ha extendido en el cine, por un lado, como un instrumento que pretende ejemplificar la tarea policial de ordenación del caos y, por otro, por oposición estética a los tablones patológicamente abigarrados que suelen emplear los serial killers cinematográficos.

El lobo de Wall Street FBIEl hombre que noZero dark city tablón

A modo de breve ejemplo, últimamente los hemos podido ver en The girl with the dragon tattoo (D. Fincher, 2011), Zero dark thirty (K. Bigelow, 2012), e incluso The wolf of Wall Street (M. Scorsese, 2013). Pero donde este motivo ficcional se ha consagrado, encontrando un espacio privilegiado, ha sido en la televisión (suponemos que en sintonía con la creciente complejidad de sus tramas y la progresiva dilatación de sus tempos) donde toda serie del ramo que se precie no deja pasar la oportunidad de componer el suyo propio.

Bron.Broen IIBron-Broen cristal

Lo cierto es que estos tablones poseen un enorme atractivo, resultan de lo más pedagógicos y pueden funcionar en diferentes niveles. Desde decorar el lugar de trabajo, ofrecer contexto, ambiente y verosimilitud policial, a visualizar los avances y retrocesos del esfuerzo policial, ilustrando con su progresiva completitud el desarrollo del trabajo de los protagonistas, o compendiar sintéticamente -y de un vistazo para el espectador- toda la trama.

HomelandTrue detective casa Rust

Por supuesto, su uso y significado se ha ido complicando progresivamente, transformándose de un objeto funcional a lugar de reflexión u obsesión del protagonista, en ocasiones resultando un verdadero tótem, o altar con propiedades taumatúrgicas, en otras un trasunto de la mente trastornada del personaje; a veces llegando a confundirse peligrosamente con la del propio criminal. Pero, sobre todo, su labor esencial es la de favorecer la asociación libre de ideas, la visión de conjunto, holística, y, consecuentemente, con toda esta latencia atmosférica y acumulación de imágenes y de datos, servir como detonante para que brote naturalmente el momento de la necesaria y esperada revelación ex machina en el que todas las piezas encajen.

Top of the lake - policíaTop of the lake casa 4

Este novelesco artefacto puede presentarse con las más variadas formas: un corcho, una pizarra, un cristal, una pantalla, el suelo, una pared, pero nunca falta. Ha proliferado como un elemento indispensable y los ejemplos van desde The wire (2002-2008) o Breaking bad (2008-2013) a Homeland (2011-), Bron/Broen (2011-), Top of the lake (2013) o la reciente True detective (2014-), hasta el punto de trascender la condición de simple cliché y devenir en verdadera plaga. El perfecto emblema, estéril y manoseado, de la gravedad y relevancia atribuida actualmente a la ficción televisiva.

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Todos mienten (Matías Piñeiro, 2009)

1 febrero 2014

por Beatriz González

Las damas trabajan: cavan, graban, calcan y cantan.
La dama blanca calca la farsa al trazar falsas marcas.
La dama callada trabaja la casa, arma llamada, cava, halla la trama.
La dama macabra graba plan, arma parranda, gana.
La dama apagada al cantar saca al alba las trampas.
La palabra clara para la marcha, mañana nada habrá, acá.

Después de unos 70 minutos de desconcierto ante una trama muy elaborada e imposible de desentrañar (al menos en un primer visionado), una luminosa canción desvela las claves de la obra y pone de manifiesto su carácter artificioso y lúdico.

Los personajes se comportan como si toda la urdimbre que están tejiendo fuera descifrable, pero no lo es en absoluto, o solo lo es para cada uno de ellos. Lo desconcertante es que sus conversaciones son comprensibles a pequeña escala, sin embargo, el espectador no entiende nada del gran esquema, pues está contemplando un juego cuyas reglas desconoce. Luego llega la canción, con la radical aliteración de la “a” que la hace parecer un trabalenguas gracioso y ligero, sin mayor sentido, pero se trata en realidad de un estricto y diáfano corset formal, que enuncia, finalmente, las reglas del juego. Una curiosa anticatarsis para el espectador, que comprende (o se le escapa), bañado de significantes blancos, que todos mienten.


Blue Jasmine / Cristina de Borbón y Grecia

15 enero 2014

El cine tiene a veces la virtud de ofrecernos inesperados comentarios y explicaciones retrospectivas (o prospectivas) sobre la actualidad. Un flamante ejemplo de este fenómeno lo encontramos en las concomitancias argumentales existentes entre la última película de Woody Allen, Blue Jasmine, y la reciente noticia de la imputación penal, ahora sí, de la hija del Rey de España, Cristina de Borbón.

Ambas historias, la real y la ficticia, comparten el mismo presupuesto de partida: el de la confiada esposa que se ha visto salpicada por los manejos y tropelías financieras de carácter delictivo cometidas por su poderoso e influyente marido en los gloriosos tiempos de la especulación, la información privilegiada y el dinero fácil de antes de ‘la crisis’.

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Como obra conclusa que es, Blue Jasmine desarrolla la premisa inicial con un fin dramático, alternando la difícil adaptación de la protagonista a su caída en desgracia con flashbacks de sus despreocupados días de vino y rosas, cuando su matrimonio se hallaba el cénit del éxito económico y social. Sin embargo, Allen no solo ofrece al espectador los suficientes apuntes para que éste se haga una idea del alcance de los conocimientos que poseía Jasmine sobre la actividad fraudulenta de su marido, sino que, desde el principio, por boca de Augie, ex-marido de la hermana de Jasmine y perjudicado directo (¿portavoz del pueblo?), se establece la conclusión más lógica y verosímil sobre su saber real. Tal es así que será el mismo Augie quien en un oportuno encuentro casual (Deus ex machina o justicia poética) desbarate el nuevo y conveniente romance exprés de Jasmine.

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Mientras tanto, de este baqueteado lado del espejo, el relato exculpatorio para Cristina de Borbón ya está siendo confeccionado y difundido por sus abogados que, como guionistas que son, lógicamente están manos a la obra para construir una explicación que sirva para satisfacer a los convencidos y apaciguar a los crédulos ciudadanos. Nos encontramos en el instante en que se pretende mezclar la realidad con la fantasía. Así, hace unos días el abogado de la imputada, Jesús Mª Silva, se descolgó con unas declaraciones a los medios en los que brindó al público un razonamiento de ficción tan viejo como el mundo, digno del mejor melodrama, o de la peor telenovela, al afirmar: “Cuando una persona está enamorada de otra, confía, ha confiado y seguirá confiando contra viento y marea en esa persona”. Silva, como verdadero legitimador de la minusvalía del cónyuge del comerciante, fue más allá en la reducción al absurdo: “el legislador no puede pretender que se diga: mujeres, cuando vuestros maridos os den algo a firmar, primero llamad a un notario y tres abogados antes de firmar, o viceversa, maridos: cuando vuestras mujeres os presenten algo, desconfiad y esperad a firmar”.

La paradoja estriba en que, a pesar de los argumentos de (ciencia)ficción que los defensores reales están armando y haciendo circular, tal vez vaya a ser la ficción cinematográfica la única fuente, la que mejor y más acertadamente muestre y explique unos hechos, o una conducta, sobre la que los tribunales de este país quizás no lleguen nunca a conocer.


Lou Reed’s Berlin (Julian Schnabel, 2007)

16 noviembre 2013

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Lou Reed's Berlin I

Lou Reed's Berlin II

Lou Reed's Berlin III

Lou Reed's Berlin IV

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La imagen: Un borghese piccolo piccolo (Mario Monicelli, 1977)

9 noviembre 2013

Un borghese piccolo piccolo I

Un borghese piccolo piccolo se compone, como si fueran dos películas en una, de dos bloques antagónicos ensamblados por una atronadora imagen sintomática. Mario Monicelli, uno de los más importantes realizadores de la commedia all’italiana, arma junto al inefable Alberto Sordi (otro imprescindible del medio) una comedia de costumbres en la mejor tradición del género que, brusca e inesperadamente, se parte por la mitad mutando en un oscuro drama nihilista y despiadado. Entre ambos bloques, y tras una larga escena de paseo más o menos banal, surge un fotograma bisagra que, en el contexto de la grave crisis política y económica en la que estaba sumido el país, liquida de un plumazo la comedia italiana hija del neorrealismo rosa.

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Inmediatamente antes de este hiato seguimos despreocupados a Giovanni y Marco Vivaldi (Alberto Sordi y Vincenzo Crocitti), padre e hijo, que se dirigen de buena mañana al examen de la oposición para el ingreso del segundo en la función pública. Hasta ese momento hemos asistido a una sucesión de peripecias bufas en las que Sordi ha hecho lo imposible para asegurar a su querido vástago un puesto en el mismo Ministerio en el que él ha consumido su monótona vida. En este trayecto alguien a quien apenas atisbamos pasa por detrás de ambos como una exhalación. Entonces el plano corta al punto de vista del protagonista, suenan unos tiros, una chica se vuelve asustada, y cuando volvemos sobre la pareja, Marco Vivaldi ha desaparecido del cuadro. La chica grita, pero Giovanni, solo en la imagen, parece seguir ajeno a la tragedia. Tras unos instantes de desconcierto nos percatamos de que Giovanni/Sordi tiene la cara y la camisa salpicada con unas gotas de sangre apenas perceptibles, de que estamos en medio de un atraco y algo grave ha pasado con Marco. Al momento éste se nos aparece tendido exánime en la calzada.

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El súbito asesinato del silencioso y algo obtuso Marco Vivaldi no solo ilustra de maravilla la sinrazón de cualquier muerte violenta repentina, sino que hace saltar por los aires -y desde dentro- todo el acomodado sistema de un estilo nacional, como era la comedia italiana, discutiendo y poniendo en cuestión la acrítica y autoreferencial continuidad de un género ligero, romo y ya marchito, que salvo contadas excepciones (también desbordamientos de la comedia hacia el drama, p.e. I vitelloni, Il sorpasso, Un detenuto in attesa di giudizio), se contentaba con agotar la táctica del espejo deformado frente a la mezquina y depredadora Italia del desarrollismo de la postguerra.

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El salto sin red dentro del seno de Un borghese piccolo piccolo -de la comedia al drama- simboliza la imposibilidad del género -en plenos años del plomo- perpetrada a manos de dos de sus más importantes exponentes. El film explora el presente económico-social a través de una implacable radiografía del italiano y la Italia media, que siempre había personificado Sordi, dibujando un panorama desolador, autista, que se retroalimenta a través de un egoísta y asfixiante sistema de enchufes y castas cuasihereditario. Al mismo tiempo desvela que, bajo la anémica y anodina vida de Giovanni Vivaldi, la barbarie anida en el cuerpo social, presto a explotar cuando se dan las circunstancias propicias. Asimismo, desnuda lo engañoso que resulta pretender vivir (o crear) en un mundo cerrado y solipsista, sea el Ministerio, la logia masónica que se le superpone, o el mismo cine cómico, todos círculos -hasta entonces- ilusa e irresponsablemente ajenos al mundo y a la sociedad que los circunda.

Un borghese piccolo piccolo V


IBértigo 2013

17 octubre 2013

Cartel Ibértigo 2013

Hoy jueves día 17, a las 18:30 en los Multicines Monopol, dará comienzo la XI Muestra de cine iberoamericano – IBértigo 2013. Las proyecciones de hoy están dedicadas al director salmantino Basilio Martín Patino, que viene a Las Palmas de G.C. a presentar un programa doble compuesto por su última obra, el documental Libre te quiero (2012), y Madrid (1987).

BMP en la Presentación IBértigo 2013

Aunque la Muestra comience hoy, lo cierto es que el lunes de la semana pasada pudimos disfrutar de un pequeño adelanto: tuvimos la oportunidad de contemplar lo que, a juicio de la revista Caimán, supone una muestra de lo más granado de la producción cortometrajista española más reciente: una selección de cinco cortometrajes entre los que destacaron A conserveira (David Batlle) y 006. un principio (David Testal). Precisamente la velada contó con la presencia del director de este último corto, el polifacético David Testal.

IBértigo vuelve en una undécima edición, fiel a su compromiso de mantener un espacio abierto al cine iberoamericano, con la intención de acercar al público canario el cine latinoamericano más reciente y de improbable estreno comercial. Un año más la Muestra se fracciona en dos sedes, aunque en esta edición por fin parece que las proyecciones encuentran un acomodo más estable, pues tendrán lugar principalmente en la Casa de Colón (del 18 al 26), con dos únicas excepciones (hoy 17 y el domingo 21) en los Multicines Monopol. Las sesiones se reducen a dos pases por día en horario de 18:30 y 20:30, y se mantiene el precio de las entradas en 3€, con los bonos para 5 y 10 películas, que premian la fidelidad con una sensible reducción del precio. Por su cada vez más menguado presupuesto el formato digital se erige en el único formato de exhibición.

Papirosen

La programación de este año se compone de 12 largos y 14 cortos, donde de nuevo destacan las cinematografías española y argentina como las más nutridas y sugerentes de las propuestas en danza. También en esta edición la Muestra vuelve mirar hacia Argentina para proveerse de invitados. Si el año pasado deslumbró con la presencia de Lisandro Alonso, que presentó en Las Palmas sus películas, éste será Santiago Loza, un director no tan conocido, pero que con siete largometrajes a sus espaldas ha construido paso a paso una sólida filmografía, con un rosario de premios en festivales internacionales, quien nos presentará su última película, La paz.

Antes de entresacar lo más interesante de la panorámica que nos ofrece IBértigo 2013 para los próximos días, desde aquí destacaríamos dos aciertos notables. Por un lado, la relevante presencia de varias obras encuadrables dentro del campo de la no ficción, casi la mitad de la muestra (Libre te quiero, El jurado, El árbol de las fresas, Papirosen y El lugar más pequeño). Y, por otro, que la representación hispana se corresponde con obras realizadas dentro de lo que se ha dado en llamar el otro cine español, o el cine de los márgenes: La casa de Emak Bakia (Oskar Alegría) y El jurado (Virginia García del Pino), con la feliz conexión, que cierra el círculo generacional, de que se ha publicado recientemente que precisamente Virginia García realizará un documental sobre Basilio Martín Patino.

Poster La paz - Santiago Loza

Como se puede intuir de lo dicho hasta ahora, lógicamente las piezas a seguir en esta edición de IBértigo 2013 serían las españolas La casa de Emak Baia y El jurado, así como la sesión doble dedicada a Martín Patino, sobre todo por la oportunidad de rendir homenaje a una figura histórica del cine español tan esencial como poco reconocida, y las películas argentinas, todas ellas ganadoras de algunos de los premios más importantes tanto del Bafici del año pasado 2012 Papirosen (Gastón Solnicki) y Germania (Maximiliano Schonfeld), como del 2013, La paz. La última recomendación es Workers la opera prima del mexicano José Luis Valle.