La mirada de Julio Madiaga

30 abril 2013

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En la escena final de Manila en la gran ciudad (Maynila sa mga kuko ng liwanag, Lino Brocka, 1975), cuando el protagonista, Julio Madiaga/Rafael Roco jr., se encuentra acorralado, atrapado en un callejón sin salida por la turba perseguidora, dirige su mirada hasta en tres ocasiones al espectador.

Este gesto intencionado de Lino Brocka sitúa el film en un lugar ambiguo y plantea cuestiones varias. Si bien este brevísimo intercambio artificial de miradas condensa y transmite todo el temor, la fragilidad e indefensión que sufre el personaje en estos momentos finales, lo cierto es que la ruptura de la cuarta pared no deja de ser, aún entonces, un vago guiño de modernidad cinematográfica (p.e. Un verano con Mónica, Al final de la escapada…). Con él se está interpelando al espectador y conviertiéndolo en copartícipe del linchamiento, al menos en su condición de culpable testigo pasivo. Brocka lanza así una incómoda pulla al espectador por su voyeurismo indiferente.


Manila en la gran ciudad (Maynila sa mga kuko ng liwanag) – Lino Brocka (1975)

26 abril 2013

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Maynila: Sa mga kuko ng liwanag es una de las películas más importantes de la ‘segunda época dorada’ del cine filipino y quizás la más reconocida en la filmografía de su director, Lino Brocka. El film, deudor del serial original, escrito por Edgardo M. Reyes en 1966, se estructura como un episódico viaje al fondo de las fauces de la gran metrópolis, salteado por las desgracias que asaltan a su protagonista.

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Como ocurre con todo relato sobre el éxodo del campo a la urbe y el choque entre formas de vida tradicionales y mercantiles, aquí la ciudad se configura como un faro atractivo, pero también disolvente y tóxico, para la infinidad de ciudadanos del medio rural que confluyen en ella al calor de las más variopintas promesas de prosperidad y progreso. Lo mismo le pasa al protagonista, Julio Madiaga/Rafael Roco jr., sobre el que se posa la cámara entre el hormigueo matutino de la ciudad, llegado de un pueblo de pescadores en busca de su enamorada, quien hace meses dejó de dar señales.

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Con su caos humano y su desaforado crecimiento urbanístico, Manila se dibuja como un perverso agujero succionador de vidas y cuerpos en perpetuo movimiento, un lugar ambivalente, eventualmente de promisión, pero casi siempre de dolor, injusticia y perdición. En realidad pronto queda claro que la metrópolis es la verdadera jungla por oposición al pueblo de donde provienen los protagonistas: una idílica y soleada arcadia perdida, o soñada, como se nos muestra a través de los frecuentes recuerdos que asaltan al protagonista a modo de breves flash-backs. En este medio hostil no hay espacio para la protesta individual, que es inmediatamente aplastada, y apenas queda un levísimo resquicio para el ascenso social por medio de la educación, pero al precio de la desmemoria y la traición a la fraternidad operaria, como le ocurre al compañero de trabajo de Julio.

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En esta búsqueda o trasiego en pos de Lygaya Paraiso/Hilda Koronel, Julio Madiaga no solo ve finalmente comprometido su cuerpo, sino también su alma. Ambos son primero mancillados por el espíritu cínico y caníbal que gobierna la jungla urbana, para luego ser materialmente deglutidos como el necesario combustible que alimenta las entrañas de la ciudad, favoreciendo así la continuación de su ciega e implacable maquinaria.

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El ingenuo pescador -y también su amada- son sucesivamente engañados, robados, explotados laboralmente y explotados sexualmente. A través de este apisonador proceso Brocka nos muestra (después del neorrealismo italiano y antes de Jia Zhangke) un frenético retrato del desarrollismo en su versión asiática y una descarnada metáfora del espacio marginal y el trágico destino que la economía capitalista reserva a los proletarios, los desclasados y sus jóvenes y cándidos cuerpos. Estos contribuyen con su sangre, como barata mano de obra no cualificada, a la construcción y ampliación de la gran capital, y después son reconvertidos en mercancía sexual para la satisfacción y el disfrute de los económicamente más aventajados. Dado que el protagonista, y todos los que como él, acuden al llamado del progreso, solo cuentan con su cuerpo y su fuerza productiva ambos resultan expropiados o sobreexplotados hasta la extenuación, primero en su condición de fuerza laboral y a continuación como cuerpo sexual. Una vez envilecida el alma y exprimidas del cuerpo todas sus potencialidades, desechados y físicamente o mentalmente inservibles, el protagonista y otros como él se convierten en un residuo inútil. Atrapado por la ciudad, literalmente en un callejón sin salida, Julio vuelca todo el exceso de frustración acumulado en ella consumando un estéril, desorganizado e individual, acto de violencia vengativa.

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En definitiva, el fin inexorable que les espera a los incautos y los ingenuos, a las víctimas propiciatorias, que sin conciencia se dejan llevar imprudentes por los cantos de sirena, no es otro que ser devoradas sin dejar rastro.


El fotograma improbable: Kansas city confidential (Phil Karlson, 1952)

23 marzo 2013

Kansas city confidential - Phil Karlson (1952)La irrupción del cuerpo, o de lo real peludo, en el noir.


La imagen: el 11S según Chris Marker (Chats perchés, 2004)

11 marzo 2013

Chats perchés I

Chats perchés II

Chats perchés III

Chats perchés IV

Chats perchés V

Chats perchés VI

Chats perchés VII

Chats perchés VIII

Chats perchés IX

Chats perchés X


La cita: Estados unidos no es un país, es un negocio (Killing them softly, Andrew Dominik, 2012)

26 febrero 2013

Killing them softly - Andrew Dominik 2012Reclamar el Sueño Americano y reafirmar esa verdad fundamental: de muchos, somos uno“.

- ¿Escuchas esa frase? Es para ti.

- No me hagas reír. “Somos un pueblo” es un mito creado por Thomas Jefferson.

- Oh, ¿ahora vas a intentarlo con Jefferson?

- Mi amigo, Jefferson es un santo norteamericano porque escribió las palabras: “Todos los hombres son creados iguales”. Palabras en las que claramente no creía, dado que permitía que sus propios hijos vivieran en esclavitud.

Él era un snob rico y blaco que estaba harto de pagar impuestos a los británicos. Así que, sí, escribió algunas palabras hermosas e incitó a las masas, que salieron y murieron por esas palabras mientras él se sentaba, bebía su vino y se follaba a su esclava.

Este tipo quiere decirme que vivimos en una comunidad. No me hagas reír. Vivo en Estados Unidos, y en Estados Unidos, estás por tu cuenta. Estados Unidos no es un país. Es sólo un negocio.

Ahora, págame!


Pasado y futuro de los emús

19 febrero 2013

Sans soleil - Émeus en Île-de-France

Vous ai-je écrit qu’il y avait des émeus en Île-de-France? / Les he escrito que había emús en Île-de-France? (Sans soleil, 1983)

Sans soleil - Émeus dans la zone

À ce moment-là la poésie sera faite par tous, et il y aura des émeus dans la Zone / En ese momento la poesía será hecha por todos y habrá emús en la zona. (Sans soleil, 1983)

Théorie des ensembles - EmúsThéorie des ensembles (1990)


Iconofobia en La noche más oscura (Zero dark thirty, Kathryn Bigelow, 2012)

12 febrero 2013

Zero dark thirty Osama Bin Laden Jalalabab

Uno de los aspectos que más sorprenden al contemplar el largo metraje de La noche más oscura (Zero dark thirty, Kathryn Bigelow, 2012) y que, aparte de un suelto en la revista Caimán CdC, no ha obtenido mayor repercusión, es que apenas llegamos a atisbar, sino brevísimamente y de soslayo, el rostro del que durante diez años encarnó el MAL personificado para los EEUU y buena parte de la sociedad occidental: Osama Bin Laden o UBL, tal y como a él se refieren a lo largo de la película, y también reflejan los títulos de crédito (en esos acrónimos a los que tan dados son los norteamericanos).

Zero dark thirty UBL

La ‘crónica de una venganza’, como se ha descrito el film, asumida como propia por una analista de la CIA, Maya/Chastain, culmina con la ‘reconstrucción minuciosa’ de la operación militar dirigida a asesinar a Osama Bin Laden, poniendo en imágenes la supuesta representación del qué y cómo ocurrió uno de los ‘hitos’ del primer mandato del presidente norteamericano (y Premio Nobel de la Paz) Barack Obama: los hechos que le tuvieron a él y a los miembros de su Equipo de Seguridad Nacional tan atentos y sobrecogidos el 1 de mayo de 2011.

The situation room - Pete Souza 1 mayo 2011

Sin embargo, Bigelow y su guionista, Mark Boal, esquivan voluntaria e intencionadamente la tarea de ponerle -o imaginar- un rostro de ficción para el antonomásico enemigo contemporáneo. Esta sorpresiva iconofobia suscita una serie de dudas y cuestiones al respecto, pues el ‘adversario total’ no tendrá en la película más cara que la suya, que aparece de refilón en el tablón con el organigrama de Al-Qaeda que cuelga en la oficina de Pakistán, o acaso la proyección más o menos real, o distorsionada, que se le atribuye en el imaginario colectivo.

Zero dark thirty I

Por supuesto tal estrategia no es en modo alguno inocente. Por un lado, está en perfecta sintonía con la visión unilateral y sin fisuras (más allá del resquicio dejado a ‘la tortura’ como objeto de debate) que propugna y el lugar desde el que se produce la película: el norteamericano. Y, por otro, promueve, consolida y legitima el discurso oficial hegemónico sobre la ‘guerra contra el terrorismo’, que concentra la responsabilidad directa de forma exclusiva, al menos intelectual, en la persona de Osama bin Laden. Todo ello sin mayores revisiones, cuestionamientos, ni tampoco reflexiones sobre sus orígenes y causas; y mucho menos sin un proceso, ni una resolución judicial que así lo establezca y determine. En definitiva, muy en la línea política de perfil bajo y continuista que, alejada de los estropicios grandilocuentes y megalómanos de los Bush (y de sus propuestas iniciales), mantiene silenciosamente la administración Obama en esta materia.

Zero dark thirty Osama Bin Laden

La premisa de no dotar al enemigo de un rostro y de referise a él por sus iniciales ratifica su separación de la comunidad humana y lo remite a la condición de ‘objetivo’, y a una categoría espectral, fantasmagóricamente semidivina; curiosamente en sintonía con la iconofobia islámica. La voluntad de no mostrar al paradigma del mal hasta el momento de su asesinato también evita cualquier rasgo, espacio o concesión que naturalice a dicho individuo y ose interferir en la absoluta ‘limpieza’ y ‘justificación’ de la ‘misión’. Además, el asesinato de una sombra borrosa sin cara convierte el crimen en la desaparición de un fantasma, de una proyección. Por ello, a pesar de la identificación final por parte de Maya, la muerte de Bin Laden no deja de plantear dudas y de poseer ribetes cuasi-míticos. Destruir algo que apenas existe, algo que no se puede ver resulta una tarea extremadamente compleja; como también lo es destruir un mito.

Zero dark thirty Osama cámara

La operación de elidir la figura ficticia de Bin Laden del film contribuye sutilmente a ahondar en la vertiente documental del film, con un añadido perverso, pues la persecución obsesiva de Maya (tan enfermiza como la del personaje de Carrie en Homeland, pero sin sus derivas narrativas biográficas) y la culminación de la operación Neptune spear compone no una forma de reconstruir, sino de actualizar y hacer por fin visible el asesinato de Bin Laden. Bigelow ofrece al espectador, como si de puro cinema-verité se tratara, la posibilidad de culminar un anhelo voyeurista largamente deseado: mostrar el abatimiento del enemigo, y no de su equivalente ficticio. Con esta propuesta cinematográfica La noche más oscura se inserta dentro del incansable flujo mundial de las imágenes a modo de ilustración de un suceso no visto, que carece de imágenes, transformándose en la verdad ‘canónica’ de la operación, despejando las incógnitas que pudo suscitar y al mismo tiempo actuando de vector para exorcizar la fisura social abierta por el trauma nacional que supuso el 11-S.

Zero dark thirty - Osama Bin Laden sombraDado el ilusionismo ontológico del medio cinematográfico, o más bien del género, asesinar en la ficción a un actor representando a Osama Bin Laden no resultaba una opción suficientemente poderosa y atractiva. Esta solución no habría colmado las actuales exigencias de ‘credibilidad’ con la potencia ni la capacidad suficiente para suturar, o al menos intentarlo a niveles simbólicos, la fractura del inconsciente (inter)nacional, pues seguiría anclado en el orden de lo fantástico. Por ello la maniobra puesta aquí en marcha resulta mucho más ambiciosa y arriesgada. Suprimiendo la figura ficcional de Bin Laden (y aislando el personaje de Maya, depurando la narración de subtramas, acercando la ficción al documental) Zero dark thirty pretende ‘documentar’ la muerte del recipiente de las neurosis privadas y públicas, individuales y sociales, que ha obsesionado a un país durante una década; hacerla real, ocupar el espacio de la realidad y obtener así una verdadera catarsis.